Los seres humanos estamos definidos por nuestra capacidad para no dejar de aprender nuevos conceptos y habilidades. Y es que nuestras vidas están llenas de situaciones y experiencias que influyen enormemente en nuestra visión de la realidad. Adaptarnos a lo que está por venir es parte de lo que nos hace pertenecer a nuestra especie.
En este sentido, numerosas voces se proclaman contrarias a este tipo de posturas, incurriendo en la fidelidad a uno mismo con respecto a las modificaciones de pensamiento que sufrimos de manera natural. Esto influye en la opinión que defendemos acerca de diferentes asuntos, percibiéndose como un acto de hipocresía.
Sobre este tema se ha debatido enormemente a lo largo de la historia, siendo motivo de referencia por los pensadores más ilustres de la cultura. Un buen ejemplo es el escritor Juan Ramón Jiménez, el cual escribió unas palabras al respecto que siguen resonando en las cabezas de la sociedad actual. “Un estado permanente de transición es la condición más noble del hombre”, grabó el autor.
Abiertos al cambio
El también poeta y artífice de obras tan relevantes de la literatura española como Platero y yo promulgó esta frase con el objetivo de poner de manifiesto la virtud de las personas que se encuentran en constante cambio, especialmente en relación al ámbito intelectual. Y es que este resultado no es más que la consecuencia de lo aprendido en nuestra trayectoria vital.
No existe mayor acierto que darnos cuenta de cuándo estamos equivocados. A partir de esta situación, somos los responsables de responder ante ella con humildad y aceptar ese cambio de paradigma que viene consigo para nuestra mentalidad, o tratar de autoconvencernos de que lo que pensábamos hasta ese momento era correcto.
Ser valiente y atrevido implica, en numerosas ocasiones, la crítica de quienes nos rodean. Sin embargo, abrazar la nueva causa que nos mueve resultará en una ventaja para manejarnos en la vida con una nueva perspectiva, siendo en muchas ocasiones más realista. Perseguir lo contrario puede suponer un pase directo a nuestra perdición.
Fuente: El Confidencial







