El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mantuvo este martes una conversación telefónica con el presidente de transición de Siria, Ahmed al Sharaa, en la que ambos mandatarios destacaron el buen estado de la relación bilateral y la necesidad de coordinar esfuerzos internacionales para evitar el resurgimiento de organizaciones terroristas en la región, con especial foco en el Estado Islámico (EI).
Según informó la Presidencia siria en un comunicado oficial, Al Sharaa transmitió a Trump el “pleno compromiso” de Siria con la defensa de su integridad territorial y su soberanía nacional, así como la “dedicación del Estado a la preservación de sus instituciones y al fortalecimiento de la paz civil”, en una etapa clave de transición política tras más de una década de conflicto armado.
“La nueva Siria adopta un enfoque de apertura y ofrece su apoyo a todas las partes internacionales, basándose en intereses compartidos y respeto mutuo”, afirmó el mandatario sirio. En ese sentido, ambos líderes coincidieron en que el diálogo debe ser la herramienta central para la resolución de los conflictos regionales y “la única vía para superar las crisis crónicas que afectan a Medio Oriente”.
Desde Washington, Trump se mostró especialmente elogioso con su interlocutor. “Tuvimos una gran conversación con el respetadísimo presidente de Siria. Todo lo relacionado con Siria y esa zona va muy bien, así que estamos muy contentos”, declaró el mandatario republicano ante la prensa, poco antes de partir rumbo a Iowa.
La conversación se produjo en un contexto regional delicado. En paralelo, Estados Unidos, Francia, Alemania y el Reino Unido emitieron un llamado conjunto a las autoridades sirias y a las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) para que eviten “cualquier vacío de seguridad” que pueda ser aprovechado por el EI. La advertencia se da en medio de tensiones por la excarcelación de personas vinculadas al grupo yihadista y por la reconfiguración de los dispositivos de seguridad en el norte del país.
Desde su regreso a la Casa Blanca, Trump profundizó el acercamiento con Al Sharaa, el exlíder islamista que encabezó en 2024 la ofensiva que derrocó al régimen de Bashar al Assad, cuya familia gobernó Siria durante más de medio siglo. Ambos mandatarios ya se habían reunido en Arabia Saudita en mayo del año pasado, un encuentro que marcó un punto de inflexión en la relación bilateral y que derivó en la decisión de Estados Unidos de aliviar parte de las sanciones impuestas a Damasco.
Meses después, Trump recibió a Al Sharaa en la Casa Blanca, consolidando un giro diplomático significativo. En julio, su administración retiró además de la lista de organizaciones terroristas a la coalición islamista HTS, un grupo insurgente con raíces en Al Qaeda que había sido liderado por el actual presidente sirio.
El acercamiento se profundizó en diciembre, cuando el Congreso estadounidense derogó la llamada Ley César de 2019, que imponía severas sanciones económicas a Siria en respuesta a los crímenes de guerra del régimen de Al Assad. La medida, largamente solicitada por el gobierno de transición sirio y por varios países árabes, busca facilitar la reconstrucción del país tras 14 años de guerra civil.
Durante gran parte del conflicto, Estados Unidos mantuvo una alianza estratégica con las Fuerzas Democráticas Sirias, dominadas por milicias kurdas, para combatir al EI, que llegó a controlar amplias zonas de Siria e Irak. Sin embargo, recientemente el enviado especial de Trump, Tom Barrack, sostuvo que esa asociación había dejado de ser funcional y expresó el respaldo de Washington a los esfuerzos del nuevo gobierno sirio por consolidar el control del territorio.
En ese marco, Estados Unidos colaboró en el traslado de prisioneros del Estado Islámico que permanecían bajo custodia de las FDS hacia Irak, como parte de una estrategia orientada a reducir focos de inestabilidad y fortalecer al Ejecutivo de transición en Damasco.
El diálogo entre Trump y Al Sharaa confirma el reposicionamiento de Siria en el escenario internacional y anticipa una etapa de mayor coordinación diplomática y de seguridad, con el combate al terrorismo como eje central y la reconstrucción del país como desafío de fondo.







