La lucha por Kiev se perfila como un conflicto prolongado y sangriento

La capital de Ucrania es el mayor premio para los militares rusos. Si Rusia intenta tomar el control, podría generarse uno de los mayores conflictos urbanos desde la Segunda Guerra Mundial.

Andrew E. Kramer
Lynsey Addario

Por Andrew E. Kramer

Photographs by Lynsey Addario

Andrew y Lynsey han estado reportando en el terreno en Ucrania desde el inicio de la crisis.

KIEV, Ucrania — La ciudad de Kiev tiene una extensión de 839 kilómetros cuadrados y está dividida por un río muy ancho. En ella existen cerca de 500.000 construcciones —fábricas, hermosas iglesias y edificios de apartamentos muy altos— muchas de las cuales se encuentran en calles estrechas y sinuosas. Ahí siguen habitando casi dos millones de personas después de que ha habido un importante éxodo de mujeres y niños.

Decenas de miles de soldados rusos avanzan por el este y el noroeste hacia esta ciudad, la capital de Ucrania, acompañados por columnas de tanques, vehículos blindados y artillería. Dentro de Kiev, los soldados y los voluntarios civiles ucranianos refuerzan el centro con barricadas, minas antitanques y artillería.

Kiev sigue siendo el trofeo más codiciado para el ejército ruso; ahí se encuentra la sede del gobierno y la ciudad está arraigada tanto en la identidad rusa como en la ucraniana. Pero, según los analistas militares, para que el ejército ruso pueda tomarla tendría que haber un enfrentamiento feroz y sangriento que podría convertirse en el combate urbano más importante del mundo en 80 años.

El teniente Artyom Bolyukh, a la derecha, y Mykola Kravchenko, soldados ucranianos, patrullando el pasado domingo en Horenka, un suburbio de Kiev. Kravchenko fue asesinado al día siguiente.
El teniente Artyom Bolyukh, a la derecha, y Mykola Kravchenko, soldados ucranianos, patrullando el pasado domingo en Horenka, un suburbio de Kiev. Kravchenko fue asesinado al día siguiente.
Soldados ucranianos cerca de un puesto de control en Horenka, al norte de Kiev.
Soldados ucranianos cerca de un puesto de control en Horenka, al norte de Kiev.

“Lo que estamos viendo en Kiev superaría cualquier cosa que hayamos visto desde la Segunda Guerra Mundial”, comentó David Kilcullen, un teniente coronel jubilado del ejército australiano que ha estudiado ampliamente el combate urbano. “Si de verdad, de verdad quieren arrasar con Kiev, pueden hacerlo”, comentó refiriéndose a la dirigencia rusa. “Pero la magnitud del daño político y económico sería enorme”.

Para hacer una comparación, una de las contiendas urbanas más grandes de este siglo fue el sitio a Mosul, en Irak, para expulsar a los invasores del Estado Islámico, el cual tuvo una duración de nueve meses, de 2016 a 2017. Mosul tiene una extensión de 181 kilómetros cuadrados y, durante la guerra, contaba con una población de cerca de 750.000 habitantes, una cantidad mucho menor de la de Kiev, donde, antes de la guerra, la población en el área metropolitana era de 3,6 millones de personas.

Las negociaciones para un cese al fuego continúan y no es inevitable una larga y violenta lucha por Kiev. Pese a su mayor cantidad de efectivos y capacidad de armamento, Rusia no ha logrado un gran avance. La semana pasada, en una rueda de prensa con reporteros, un funcionario de Occidente mencionó que Rusia había tenido bajas considerables, que no había podido generar ninguna presencia importante en el terreno y —quizás lo más sorprendente— que no había logrado establecer su supremacía aérea.

No obstante, las primeras fases de la contienda ya comenzaron, con bombardeos de misiles crucero, la movilización de soldados para cercar la ciudad y una lucha por la superioridad aérea. En suburbios del noroeste, como Irpín, un importante acceso a la ciudad, han estallado tiroteos en las calles como en las guerras de guerrillas. Podría ser el principio de un asedio extenso y prolongado que utilice el hambre y las peleas callejeras para avanzar hacia el centro de la ciudad.

Humo al sur de Kiev este mes tras una noche de numerosas y fuertes explosiones en los alrededores de la capital.
Humo al sur de Kiev este mes tras una noche de numerosas y fuertes explosiones en los alrededores de la capital.

Después de tres semanas de combate en los suburbios, los soldados y los voluntarios ucranianos que trabajan en pequeñas unidades organizadas de manera muy general y recurren mucho a las emboscadas, están defendiendo la ciudad con una confianza cada vez mayor. Parte de su estrategia es hacer que el ejército ruso sufra tantas bajas al atacar, que sus soldados se fatiguen o se desmoralicen antes de poder llegar al centro de la ciudad.

“No se plantea la capitulación de Kiev”, señaló la teniente Tetiana Chornovol, comandante de una unidad de misiles antitanques que opera en las afueras de la ciudad. “Todo va mucho mejor de lo que pensábamos”.

Chornovol, de 42 años, es una exactivista en el movimiento de protestas en las calles de Ucrania que puso a salvo a sus dos hijos antes de incorporarse al servicio como oficial de reserva. Chornovol comanda dos equipos de más o menos media docena de personas cada uno que se dedican a disparar misiles montados en trípodes hechos en Ucrania que ellos mismos transportan a las posiciones de las emboscadas en sus propios automóviles.

Familias ucranianas corriendo por las vías del ferrocarril en Kiev a principios de marzo para tomar un tren en dirección al oeste.
Familias ucranianas corriendo por las vías del ferrocarril en Kiev a principios de marzo para tomar un tren en dirección al oeste.
Niños en un tren de evacuación que salió de Kiev el 3 de marzo.
Niños en un tren de evacuación que salió de Kiev el 3 de marzo.

Chornovol conduce un Chevrolet Volt eléctrico de cinco puertas al que ella describe como “una máquina asesina limpia para el medioambiente”.

Cuando la entrevistábamos junto a un almacén de comestibles en llamas en el pueblo suburbano de Brovary, la teniente abrió la cajuela del automóvil para mostrarnos un tubo color beige que tenía un misil Stugna-P. Tiene un alcance de cinco kilómetros y alcanza a un objetivo dentro de un diámetro de 30 centímetros.

La ciudad de Horenka, a un kilómetro y medio al norte de Kiev, es un retablo de destrucción por los bombardeos rusos

Sin parecer afectada por estar en combate, Chornovol describió la táctica ucraniana de las emboscadas que ha definido las primeras fases de la contienda para defender la capital. Nos dijo que la semana pasada hizo estallar un tanque ruso a unos cuantos kilómetros al este de Brovary en la carretera M01.

“Buscamos posiciones de tiro donde podamos ver un tramo de la carretera”, comentó Chornovol. Y añadió: “Sabemos que, en algún momento, habrá una columna que transite por la carretera”. Con el auto estacionado y camuflado a una cierta distancia, ella y su equipo estuvieron al acecho tras una fila de árboles durante tres días antes de que una columna rusa llegara por la carretera haciendo mucho ruido.

Cuando el comando empezó a abrir fuego, Chornovol usó un rayo láser para fijar el tanque, oprimió un botón y luego vio cómo el tanque se incendiaba antes de correr hacia su auto para escapar de los disparos en represalia. “Yo le disparo a la coraza”, contestó cuando le preguntamos sobre las pérdidas humanas. “No es mi culpa si ellos trepan en el interior”.

Tanques rusos destruidos en una carretera principal tras los combates cerca de Brovary, al norte de Kiev, la semana pasada.
Tanques rusos destruidos en una carretera principal tras los combates cerca de Brovary, al norte de Kiev, la semana pasada.
Tanques rusos destruidos en una carretera principal tras los combates cerca de Brovary, al norte de Kiev, la semana pasada.Credit…Felipe Dana/Associated Press

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