Irán al límite: el bloqueo petrolero acelera una carrera contra el colapso energético

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Irán despliega medidas de emergencia para evitar el colapso de su industria petrolera: reabre depósitos abandonados, acumula crudo en instalaciones improvisadas y evalúa enviarlo por ferrocarril hasta China. La escena configura una carrera contrarreloj que, junto con el impacto sobre los consumidores globales, empieza a definir quién cede primero en el conflicto en Oriente Medio.

El bloqueo naval impuesto por Estados Unidos el 13 de abril sobre los puertos iraníes provocó una caída abrupta de las exportaciones. De acuerdo con la consultora Kpler, los envíos de crudo y condensado promediaban 2,1 millones de barriles diarios entre el 1 y el 13 de abril. Desde el inicio del bloqueo hasta el 23 de abril, apenas se registraron cinco cargamentos, lo que redujo el promedio a 567.000 barriles diarios, según informó The Wall Street Journal. Antes del conflicto, en febrero, el país exportaba cerca de 2 millones de barriles por día.

Con los buques impedidos de acceder a los mercados internacionales, la petrolera estatal comenzó a recortar la producción. Kpler estima que podría descender a entre 1,2 y 1,3 millones de barriles diarios hacia mediados de mayo si la situación persiste.

Para ganar tiempo, Teherán recurre a soluciones poco convencionales. Según el WSJ, se están reutilizando contenedores y depósitos en desuso en polos petroleros del sur como Ahvaz y Asaluyeh, muchos de ellos abandonados por su deterioro. También se emplean grandes buques cisterna como almacenamiento flotante en el Golfo Pérsico, con capacidad total cercana a los 15 millones de barriles, que permanecen fondeados sin destino.

La alternativa más llamativa es el transporte ferroviario hacia China. La red conecta Teherán con ciudades como Yiwu y Xi’an, aunque el trayecto es costoso y puede demorar semanas. Los principales compradores son las refinerías independientes chinas, conocidas como “tetera”, que históricamente aprovecharon descuentos del crudo iraní para sortear sanciones. “¿Estarán dispuestas a asumir mayores costos logísticos?”, se preguntó Erica Downs, especialista en política energética china de la Universidad de Columbia. “Los tiempos desesperados requieren medidas desesperadas”, añadió.

Mientras tanto, las reservas terrestres siguen creciendo. Desde el inicio del bloqueo, los inventarios aumentaron en 4,6 millones de barriles hasta alcanzar unos 49 millones, según Kpler. Aunque la capacidad total ronda los 86 millones, limitaciones operativas y de seguridad reducen el espacio utilizable. Analistas advierten que el país podría alcanzar pronto el “tank top”, el punto en que ya no hay lugar para almacenar más crudo, posiblemente en menos de dos semanas. El propio Donald Trump sugirió que el sistema podría colapsar en apenas tres días.

Detener la producción de forma abrupta implicaría riesgos significativos. Cerca de la mitad de los yacimientos iraníes operan con baja presión, lo que los hace vulnerables a daños irreversibles si se interrumpe el bombeo, según la consultora Rystad Energy citada por el WSJ. A esto se suma el envejecimiento de la infraestructura y la madurez de los campos.

La crisis, sin embargo, trasciende al petróleo. Un análisis de Associated Press indica que más de cinco semanas de bombardeos estadounidenses e israelíes dañaron alrededor de 20.000 fábricas, cerca del 20% del aparato productivo del país. Empresas clave como Mobarakeh Steel y Khuzestan Steel suspendieron operaciones, mientras que más de 50 complejos petroquímicos permanecen cerrados, profundizando una crisis industrial de gran escala.

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