La economía argentina navega en penumbra: señales débiles y expectativas puestas en abril

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Como una nave atravesando la cara oculta de la Luna, la economía argentina avanza sin detenerse, pero todavía sin señales claras de rumbo. No hay parálisis, aunque tampoco la recuperación que muchos esperaban a esta altura del año. Es un proceso en tránsito, marcado por la incertidumbre y la expectativa de que abril traiga los primeros indicios concretos de mejora.

El presidente Javier Milei intentó reforzar ese optimismo. En un mensaje reciente, sostuvo que, pese a los meses difíciles, “la economía está empezando a levantar vuelo con fuerza”. Sin embargo, puertas adentro, el equipo económico se mueve con pragmatismo para sostener esa narrativa.

Una de las claves es la política monetaria. El Banco Central de la República Argentina interviene comprando dólares para evitar una apreciación excesiva del peso y, al mismo tiempo, impulsa una baja de tasas para reactivar el crédito. En paralelo, se flexibilizan encajes bancarios y se avanza en una remonetización gradual de la economía, permitiendo que circulen más pesos en el sistema.

Aun así, el crédito sigue mostrando fragilidad. La morosidad en préstamos a familias alcanzó niveles que no se veían desde 2004, lo que obliga a los bancos a mantener criterios estrictos al momento de otorgar financiamiento. En ese contexto, el Gobierno también explora alternativas más heterodoxas, como la creación de un mercado secundario para cupones de tarjetas de crédito, con el objetivo de abaratar el financiamiento para comercios.

El freno en la actividad se refleja en sectores clave. La construcción, uno de los motores tradicionales del empleo, continúa rezagada, aunque algunos indicadores recientes —como el repunte en despachos de cemento— abren una ventana de leve optimismo. En paralelo, el Ministerio de Economía acelera planes de concesión de rutas para intentar dinamizar la inversión en infraestructura.

El margen fiscal, sin embargo, es limitado. La recaudación se mantiene estancada y sostener el superávit exige maniobras cada vez más delicadas, que incluyen demoras en pagos y subsidios. En ese equilibrio inestable, el Gobierno incluso adoptó medidas puntuales de corte más intervencionista, como la postergación del aumento en impuestos a los combustibles para amortiguar el impacto de la suba internacional del petróleo.

Las expectativas también están puestas en el ingreso de divisas del agro y en una desaceleración inflacionaria. Según el relevamiento de mercado del BCRA, los precios podrían comenzar a moderarse en los próximos meses, con una tendencia descendente tras los picos recientes.

En el frente externo, el clima financiero mostró una mejora tras señales de distensión internacional impulsadas por Donald Trump en el conflicto con Irán. El riesgo país retrocedió, acercando la posibilidad —aún lejana— de que Argentina recupere acceso al crédito internacional.

Mientras tanto, en la economía real predomina una sensación ambigua. “Es como estar en la mitad del río”, graficó un empresario: el esfuerzo por avanzar continúa, pero el destino aún no es visible. La certeza, dijo, es que no hay intención de retroceder.

En ese escenario, la incógnita sigue abierta: si abril traerá las señales que el Gobierno espera o si la economía continuará atravesando esa zona de penumbra en la que, por ahora, avanzar no alcanza para despejar las dudas.

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