El presidente ucraniano Volodimir Zelensky y el primer ministro británico Keir Starmer se reunieron el martes en Downing Street con un mensaje claro y urgente: la escalada entre Estados Unidos, Israel e Irán no puede desviar la atención internacional ni convertirse en un alivio indirecto para Rusia en la guerra en Ucrania.
“Es fundamental mantener el foco en Ucrania”, subrayó Starmer. “No podemos perder de vista lo que ocurre allí ni la necesidad de sostener nuestro apoyo”, afirmó.
La agenda incluyó una audiencia con el rey Carlos III en el Palacio de Buckingham y una reunión tripartita con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte. Allí analizaron la evolución del frente de combate, la seguridad energética ucraniana y los avances hacia una eventual coalición internacional que respalde un alto el fuego.
La preocupación no es abstracta. El 13 de marzo, la administración de Donald Trump emitió una licencia temporal de 30 días que habilita la compra de petróleo ruso retenido en el mar, con el objetivo de aliviar la crisis energética provocada por el cierre de facto del estrecho de Ormuz tras los ataques sobre Irán. Starmer advirtió que Vladimir Putin no debe beneficiarse de esta coyuntura, ni a través de la suba del precio del crudo ni mediante una flexibilización de sanciones.
Zelensky estimó que esta medida podría aportar a Rusia unos 10.000 millones de dólares adicionales. Según el centro de análisis CREA, los ingresos rusos por hidrocarburos aumentaron un 14% respecto de febrero, alcanzando los 588 millones de dólares diarios.
El vínculo entre ambos conflictos trasciende lo económico. Fuentes de inteligencia occidental señalan que Rusia estaría proporcionando a Irán información sobre posiciones de fuerzas estadounidenses, además de compartir tecnología y tácticas en el uso de drones. Ante el Parlamento británico, Zelensky lo sintetizó con dureza: “Rusia e Irán son regímenes hermanos en el odio, y también en las armas”.
En este contexto, Londres y Kiev firmaron un acuerdo que combina la experiencia ucraniana en guerra con drones con la capacidad industrial británica para desarrollar sistemas no tripulados. El pacto incluye la creación de un Centro de Excelencia en inteligencia artificial dentro del Ministerio de Defensa ucraniano, financiado con 500.000 libras esterlinas.
Sin embargo, Zelensky no logró que Washington acepte su propuesta de cooperación en defensa antidrones para el Golfo Pérsico, a pesar de la demanda creciente de esa tecnología entre aliados regionales de Estados Unidos.
Analistas internacionales advierten sobre las consecuencias estratégicas. Ed Arnold, del Real Instituto de Servicios Unidos, calificó a Ucrania como “el perdedor definitivo” de la crisis con Irán, al señalar que el conflicto consume recursos militares clave —como misiles antiaéreos— y desvía la atención política de Washington. En la misma línea, el presidente finlandés Alexander Stubb señaló que la economía rusa, que mostraba signos de debilidad, ha comenzado a recuperarse.
En el terreno, la guerra continúa con intensidad. El Ministerio de Defensa ruso informó haber interceptado 206 drones ucranianos en una sola noche, mientras que la Fuerza Aérea de Ucrania reportó el lanzamiento de 178 drones rusos de largo alcance, la mayoría neutralizados. En Zaporiyia, un ataque impactó en una terminal logística y dejó varios heridos.
Tras su paso por Londres, Zelensky viajará a Madrid para reunirse con Pedro Sánchez antes del Consejo Europeo en Bruselas. Desde la Unión Europea, la jefa de la diplomacia, Kaja Kallas, fue categórica: Ucrania sigue siendo la principal prioridad de seguridad del continente y la atención internacional no debe diluirse.







