Mientras el presidente estadounidense avaló un swap financiero que el Gobierno argentino no anunció, Mauricio Macri selló su apoyo político a Javier Milei y pidió públicamente el voto por La Libertad Avanza. En paralelo, emisarios de ambos espacios trabajan en un acuerdo que redefine las alianzas y abre un nuevo tablero de poder rumbo a las elecciones de octubre.
El regreso del pragmatismo
El rescate de Javier Milei tomó forma en dos frentes coordinados. Desde Washington, Donald Trump habilitó el swap financiero que el Tesoro norteamericano difundió antes que el propio Gobierno argentino. En Buenos Aires, Mauricio Macri anunció su respaldo electoral al presidente y desdibujó así las fronteras entre el PRO y La Libertad Avanza. Fue el cierre de un mes de negociaciones discretas en las que confluyeron operadores de ambos lados, entre ellos Daniel “el Tano” Angelici.
Antes de viajar a España, Macri pasó por Olivos, mientras el ministro de Economía, Luis Caputo —su hombre de mayor confianza dentro del gabinete—, se reunía en Estados Unidos con funcionarios de la Casa Blanca. Según reconoció el propio Caputo, Washington pidió “diálogo y gobernabilidad” como condición para sostener la asistencia.
El giro de Milei y la fragilidad del poder
Por delegación de su hermana Karina, el Presidente se había concentrado en consolidar su autonomía, enfrentando a los gobernadores y al propio macrismo porteño. Pero las derrotas parlamentarias y las leyes promulgadas sin aplicación efectiva lo obligaron a recalcular. La amenaza de un juicio político y los movimientos de Victoria Villarruel con gobernadores peronistas como Gildo Insfrán encendieron las alarmas internas.
Milei entendió que el aislamiento no era una opción. Y Macri, que sin el aporte del PRO el oficialismo no sobrevivirá a 2027, volvió al tablero movido por su viejo instinto: impedir el retorno del peronismo al poder.
La agenda del entendimiento
El plan de supervivencia libertario se ordena en tres capítulos: el swap estadounidense, la llegada de inversiones extranjeras y la ofensiva legislativa para aprobar reformas laborales e impositivas. Con su lema norteamericano —“Argentina Grande Otra Vez”—, Milei apuesta a capitalizar el respaldo internacional y recomponer su base política interna.
Sin embargo, en el propio Gobierno admiten que el apoyo del PRO no alcanza. Por eso, Guillermo Francos y Lisandro Catalán volvieron a activar los vínculos con los gobernadores, logrando postergar decisiones clave en el Senado, como los DNU pendientes y la coparticipación de impuestos a los combustibles. En paralelo, Santiago Caputo operó con los mandatarios moderados, lo que generó tensiones internas por su creciente poder informal.
El riesgo del plebiscito permanente
Con menos bancas en juego, Milei decidió plebiscitar su gestión en cada distrito. El problema: una derrota, incluso parcial, podría erosionar su autoridad y su relato de victoria. Paradójicamente, podría ganar más escaños que en 2023 pero perder poder político real. Macri lo sabe. Por eso, su apoyo apunta a evitar que el libertario repita el naufragio que él mismo vivió en 2019.
Favores cruzados y una alianza incómoda
El intercambio de apoyos no se limita a lo electoral. El macrismo logró reposicionar a Diego Santilli, relegado en las listas, y disciplinar a los sectores del PRO teñidos de violeta. Las disputas por lugares se resolvieron con demandas judiciales y reclamos de género, pero prevaleció la necesidad de unidad.
El “Colo” Santilli fue invitado a la mesa de campaña y compartió con Milei una visita a Mar del Plata y San Nicolás, buscando votos “anti-K”. En el tablero provincial, los Passaglia ofrecieron respaldo local mientras conservaban autonomía política.
El precio del apoyo
El macrismo no oculta sus pretensiones. Busca la presidencia de la Cámara de Diputados para Cristian Ritondo o Santilli, aunque también suena el nombre de Juan Schiaretti, aliado de Macri y líder de Provincias Unidas. En paralelo, el expresidente promueve figuras de su confianza para cargos estratégicos: Germán Garavano en Justicia, Montenegro en Seguridad, Guillermo Dietrich en Transporte y Jorge Triaca en Trabajo.
A cambio, Milei cedería espacios en la Ciudad de Buenos Aires, donde Pilar Ramírez —jefa de campaña y mano derecha de Karina Milei— tendría un lugar en la línea de sucesión legislativa.
Resistencias y tensiones internas
El acuerdo dista de ser unánime. Patricia Bullrich marcó públicamente su desacuerdo y redujo el rol de Macri al de “simple consejero”. Dirigentes libertarios puros, consultados por este medio, fueron más duros: “Si quiere acompañar, que lo haga, pero sin ponernos condiciones”.
Las diferencias también se expresan en la gestión cotidiana. Desde las oficinas de Santiago Caputo y Tomás Vidal se distribuyen diariamente lineamientos para mantener un discurso homogéneo, centrado en el ataque al peronismo y la recuperación de la confianza ciudadana. Buscan mantener viva la esperanza libertaria mientras se reacomoda el mapa del poder.
Epílogo: la política como supervivencia
El acercamiento entre Milei y Macri revela algo más profundo que una alianza coyuntural. Es la convergencia de dos pragmatismos: uno movido por la necesidad de sostener el poder, otro por la obsesión de no volver al llano. En ese punto de intersección, Trump, desde la distancia, ofreció la señal que ambos necesitaban para intentar un segundo tiempo.
Pero el tablero sigue abierto, y el resultado, como en toda partida de ajedrez, dependerá de quién logre mover primero sin mostrar sus cartas.
Fuente: Pagina 12







