Hasta hace pocos años, Abelardo de la Espriella llevaba una vida alejada de la política partidaria. Instalado parte del tiempo en Italia, escribía libros, cultivaba su pasión por la ópera y desarrollaba emprendimientos vinculados a la producción de vino. Pese a su notoriedad mediática, aseguraba que la actividad política no formaba parte de sus planes.
Sin embargo, el escenario cambió radicalmente. Hoy, el abogado de 47 años se presenta como el dirigente capaz de conducir a Colombia frente a lo que define como una crisis de seguridad, económica e institucional sin precedentes.
Tras imponerse por un estrecho margen al senador oficialista Iván Cepeda en el preconteo de la segunda vuelta presidencial del 21 de junio, De la Espriella quedó a las puertas de convertirse en el próximo presidente colombiano y poner fin al primer gobierno de izquierda de la historia del país.
«Colombia atraviesa sus horas más oscuras», sostuvo recientemente en una entrevista, donde denunció una «pandemia de inseguridad», un incremento del terrorismo y un deterioro generalizado de las condiciones económicas y sociales.
De abogado mediático a figura política
Nacido el 31 de julio de 1978 en Bogotá y criado en Montería, en la costa caribeña, De la Espriella estudió Derecho en la Universidad Sergio Arboleda. En 2002, con apenas 24 años, fundó su estudio jurídico, De La Espriella Lawyers, que con el paso de los años se expandió a Colombia y Estados Unidos.
Su notoriedad pública se consolidó al asumir la defensa de casos altamente controvertidos y de gran exposición mediática.

Uno de los procesos que lo catapultó a la fama fue la representación de David Murcia Guzmán, creador del esquema piramidal DMG, considerado uno de los mayores fraudes financieros registrados en Colombia.
Más tarde asumió la defensa del empresario colombiano Alex Saab, señalado por Estados Unidos como presunto testaferro del presidente venezolano Nicolás Maduro y condenado por lavado de activos. Su vínculo profesional con Saab continúa siendo uno de los principales focos de cuestionamiento hacia su figura.
Organizaciones defensoras de la libertad de prensa también han cuestionado al abogado por la cantidad de acciones judiciales iniciadas contra periodistas y medios de comunicación. Entre 2008 y 2019 figuró como demandante en más de un centenar de causas por injuria y calumnia.
No obstante, también encabezó casos que fortalecieron su imagen pública, como la representación de Natalia Ponce de León, víctima de un brutal ataque con ácido en 2014. La condena obtenida en ese caso impulsó posteriormente la sanción de una legislación específica para este tipo de delitos.
Asimismo, representó al expresidente Álvaro Uribe en la demanda contra el creador de la serie web Matarife, obteniendo fallos favorables.
Un outsider de la nueva derecha latinoamericana
El ascenso político de De la Espriella ha sido comparado por diversos analistas con otros fenómenos recientes de la derecha global, como el presidente argentino Javier Milei o el mandatario salvadoreño Nayib Bukele.
Sin experiencia previa en cargos públicos, el abogado irrumpió en la política nacional con un fuerte discurso antisistema y un estilo confrontativo que lo convirtió rápidamente en una figura de alto impacto mediático.

En 2023 fundó el movimiento Defensores de la Patria y desde entonces consolidó un espacio político propio, capitalizando el desgaste del uribismo tradicional y el descontento de amplios sectores con el gobierno de Gustavo Petro.
Su propuesta política combina elementos del liberalismo económico con una agenda de seguridad basada en la mano dura.
Entre sus principales iniciativas figuran la construcción de megacárceles de máxima seguridad inspiradas en el modelo salvadoreño, la reanudación de las fumigaciones aéreas con glifosato para combatir los cultivos ilícitos, el bombardeo de campamentos de grupos armados y una drástica reducción del tamaño del Estado.
También impulsa políticas de desregulación económica, la promoción del fracking y un fortalecimiento de la relación estratégica con Estados Unidos.
El personaje público y las controversias
Conocido popularmente como «El Tigre», De la Espriella ha construido una imagen pública asociada al lujo y al éxito empresarial.
En redes sociales suele exhibirse viajando en jet privado, conduciendo automóviles de alta gama o mostrando propiedades en Colombia, Estados Unidos e Italia. Además, publicó libros, grabó discos musicales y lanzó diversas marcas comerciales vinculadas a su nombre.
Para sus seguidores, esa imagen representa independencia respecto de la política tradicional. Sus detractores, en cambio, consideran que simboliza una desconexión con la realidad social de un país donde amplios sectores continúan viviendo en condiciones de pobreza.

A ello se suma un discurso de fuerte confrontación ideológica contra la izquierda, que le ha valido numerosas críticas por el tono empleado en algunas declaraciones públicas.
Sus opositores también recuerdan su participación en la Fundación Iniciativas por la Paz (FIPAZ), organización vinculada al proceso de desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), un episodio que continúa generando controversias políticas.
Un fenómeno político en un país polarizado
La irrupción de De la Espriella refleja la profunda polarización que atraviesa actualmente la política colombiana.
Su crecimiento electoral ha sido impulsado, en buena medida, por sectores que buscan una alternativa contundente frente al gobierno de Gustavo Petro y que consideran agotado el liderazgo tradicional del uribismo.
Analistas políticos sostienen que alrededor de su figura convergen sectores conservadores, grupos evangélicos, reservistas militares, libertarios y parte del empresariado.
Más allá del resultado final de la elección, el ascenso de Abelardo de la Espriella confirma la consolidación de una nueva derecha radical en Colombia, alineada con experiencias políticas que hoy tienen expresión en distintos países de América Latina y Europa.







