Presidente Biden: esto es lo que EE. UU. hará y no hará en Ucrania

La invasión que Vladimir Putin pensó que duraría solo unos días se ha prolongado cuatro meses. El pueblo de Ucrania sorprendió a Rusia e inspiró al mundo con su sacrificio, resistencia y éxito en el campo de batalla. El mundo libre y muchas otras naciones, encabezadas por Estados Unidos, se unieron en torno a Ucrania con apoyo bélico, humanitario y financiero sin precedentes.

Como la guerra continúa, quiero aclarar los propósitos de Estados Unidos en estos esfuerzos.

La meta de Estados Unidos es clara: queremos que Ucrania sea democrática, independiente, soberana y próspera, y que tenga los medios para repeler más agresiones y defenderse de ellas.

Como ha dicho el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, en última instancia, esta guerra “solo acabará de manera definitiva mediante la diplomacia”. Cada negociación refleja los hechos sobre el terreno. Hemos actuado con rapidez para enviar una cantidad importante de armamento y municiones a Ucrania para que pueda combatir en el campo de batalla y ser lo más fuerte posible en la mesa de negociación.

Por ello, he decidido que les proporcionaremos a los ucranianos sistemas de cohetes y municiones más avanzados que les permitirán atacar con más precisión objetivos clave en el campo de batalla.

Seguiremos cooperando con nuestros aliados en las sanciones contra Rusia, que son las más fuertes que se han impuesto contra una economía importante. Continuaremos suministrando a Ucrania armamento avanzado, como los misiles antitanques Javelin, los misiles antiaéreos Stinger, así como artillería poderosa y sistemas de cohetes de precisión, radares, vehículos aéreos no tripulados, helicópteros Mi-17 y municiones. También enviaremos miles de millones de dólares más en ayuda financiera, conforme a lo autorizado por el Congreso. Trabajaremos con nuestros aliados y socios para atender la crisis de alimentos mundial que empeora con los ataques de Rusia. Y ayudaremos a nuestros aliados europeos y a otros a reducir su dependencia de los combustibles fósiles rusos, y aceleraremos nuestra transición hacia un futuro de energías limpias.

También continuaremos reforzando el flanco oriental de la OTAN con las fuerzas y capacidades de Estados Unidos y otros aliados. Además, hace poco, celebramos con satisfacción las solicitudes de Finlandia y Suecia para ingresar en este organismo, una medida que reforzará la seguridad estadounidense y transatlántica en general al sumar dos socios militares democráticos y altamente capacitados.

No buscamos que haya guerra entre la OTAN y Rusia. A pesar de mi gran desacuerdo con Putin y de que sus acciones me parecen indignantes, Estados Unidos no intentará provocar su destitución en Moscú. Mientras Estados Unidos o nuestros aliados no sean atacados, no participaremos en este conflicto de manera directa, ni enviando tropas estadounidenses a luchar en Ucrania ni atacando a las fuerzas rusas. No estamos alentando ni permitiendo que Ucrania ataque más allá de sus fronteras. No queremos prolongar la guerra solo para infligir dolor a Rusia.

A lo largo de esta crisis mi principio ha sido: “Nada sobre Ucrania sin Ucrania”. No presionaré al gobierno ucraniano —ni en privado ni en público— para que haga ninguna concesión territorial. Hacerlo sería erróneo y contrario a principios bien establecidos.

Las negociaciones entre Ucrania y Rusia no están estancadas porque Ucrania le haya dado la espalda a la diplomacia. Están estancadas porque Rusia sigue librando una guerra para controlar todo el territorio ucraniano que pueda. Estados Unidos seguirá trabajando para fortalecer a Ucrania y apoyar sus esfuerzos para lograr un final negociado del conflicto.

La agresión no provocada, el bombardeo de hospitales de maternidad y centros de cultura y el desplazamiento forzoso de millones de personas hacen de la guerra en Ucrania una cuestión moral grave. Me reuní con refugiados ucranianos en Polonia: mujeres y niños que no estaban seguros de cómo sería su vida ni de si los seres queridos que se quedaron en Ucrania estarían bien. Ninguna persona con conciencia puede permanecer impasible ante la devastación de estos horrores.

Apoyar a Ucrania en estos momentos de necesidad no solo es lo correcto. Es nuestro interés nacional vital garantizar una Europa pacífica y estable, y dejar claro que no por tener la fuerza se tiene la razón. Si Rusia no paga un precio alto por sus acciones, enviará un mensaje a otros agresores en potencia de que ellos también pueden apoderarse de territorio y subyugar a otros países. Pondrá en peligro la supervivencia de otras democracias pacíficas. Y podría marcar el fin del orden internacional basado en normas y dar paso a la agresión en otros lugares, con consecuencias catastróficas en todo el mundo.

Sé que a muchas personas de todo el mundo les preocupa el uso de armas nucleares. Por ahora no vemos ningún indicio de que Rusia tenga intención de utilizar armas nucleares en Ucrania, aunque Rusia recurra en ocasiones al discurso de su poderío nuclear, lo cual es peligroso y extremadamente irresponsable. Permítanme ser claro: cualquier uso de armas nucleares en este conflicto a cualquier escala sería completamente inaceptable para nosotros, así como para el resto del mundo, y tendría graves consecuencias.

Los estadounidenses seguiremos adelante con el pueblo ucraniano porque entendemos que la libertad no es gratuita. Eso es lo que hemos hecho siempre que los enemigos de la libertad tratan de intimidar y oprimir a personas inocentes, y es lo que estamos haciendo ahora. Vladimir Putin no esperaba este grado de unidad ni la fuerza de nuestra respuesta. Se ha equivocado. Si espera que vacilemos o nos dividamos en los próximos meses, también se equivoca.

Por Joseph R. Biden Jr.

Es el presidente de Estados Unidos.

The New York Times,

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