El presidente Javier Milei mantuvo este miércoles una reunión en la Casa Rosada con el inversor tecnológico Peter Thiel, en la que emergió una inquietud central: cómo sostener en el tiempo el rumbo económico y político impulsado por el actual Gobierno.
Según relató el propio mandatario en una entrevista, el empresario —referente global del capital de riesgo y figura clave de Silicon Valley— destacó los resultados alcanzados hasta el momento, pero planteó un interrogante de fondo: “¿Cómo se sostiene esto en el tiempo?”. Milei calificó esa intervención como “la pregunta más inteligente” del encuentro.
En su respuesta, el Presidente diferenció entre los logros de gestión —como la evolución del PBI, la baja de la inflación y la reducción de la pobreza— y la necesidad de consolidar una estructura política capaz de sostener esas transformaciones. En ese sentido, subrayó la importancia de construir una base electoral sólida y remarcó el rol de su espacio político en la expansión territorial reciente.
Milei también insistió en que la clave de la continuidad del modelo radica en lo que define como “batalla cultural”, es decir, un cambio profundo en las ideas que sustentan la organización económica y social. En ese marco, el diálogo con Thiel incluyó críticas al impuesto a la riqueza y a los tributos progresivos, a los que el Presidente cuestionó por considerar que penalizan la generación de riqueza.
El encuentro forma parte de una relación que se viene consolidando desde 2024, cuando ambos coincidieron en distintos ámbitos internacionales. Durante su estadía en el país, Thiel —cofundador de PayPal— también mantuvo reuniones con funcionarios y asesores del Gobierno, además de participar en actividades públicas y privadas.
Fuentes cercanas al Ejecutivo señalaron que el interés del empresario en la Argentina está vinculado tanto a oportunidades de inversión como a una lectura más amplia del escenario global. En ese contexto, el país aparece en su radar como un posible destino estratégico ante un mundo atravesado por tensiones económicas y geopolíticas.
La pregunta que dejó planteada el magnate, sin embargo, trasciende la coyuntura: no solo apunta a los resultados actuales, sino a la capacidad de convertirlos en un proceso duradero. Un desafío que, más allá de las definiciones discursivas, pondrá a prueba la viabilidad política y económica del proyecto oficial.







