Javier Milei enfrenta un desafío clave en el Senado: la falta de votos para aprobar los pliegos de Ariel Lijo y Manuel García-Mansilla. Esta batalla no es nueva. Hace un año, cuando propuso sus candidaturas, ya había mostrado dificultades para cerrar acuerdos con la oposición. Un mes atrás, intentó avanzar por decreto, pero solo logró que Horacio Rosatti tomara juramento a García-Mansilla, quien previamente había asegurado que nunca asumiría vía DNU. Ahora, la situación no ha cambiado. A partir de las 14 horas, la oposición buscará abrir el recinto para rechazar los pliegos, y el Gobierno solo tiene una carta disponible: vaciar la sesión antes de que comience. El quórum es una incógnita hasta último momento, y mientras tanto, las estrategias se juegan en todos los frentes.
En esta puja, los principales líderes políticos han entrado en escena: Cristina Fernández de Kirchner, Mauricio Macri, Sergio Massa, Santiago Caputo y Guillermo Francos han estado haciendo llamados para medir fuerzas y negociar votos. En la Casa Rosada aseguran que están dispuestos a dar la discusión —”Que se sienten y voten”, repiten en el oficialismo—, pero, en la práctica, siguen en tratativas con senadores del peronismo y del radicalismo. La realidad es clara: no tienen los dos tercios necesarios para aprobar los pliegos, por lo que su objetivo es evitar que Unión por la Patria llegue al número mágico de 37 para el quórum.
Opciones sobre la mesa: retiro de pliegos o enfrentamiento total
Una salida elegante para el Gobierno sería retirar los pliegos, una opción que los gobernadores radicales han solicitado insistentemente. La propia vicepresidenta Victoria Villarruel sugirió este camino, prometiendo reunir los votos para que el retiro fuera aprobado por mayoría simple. Sin embargo, el Ejecutivo se ha mostrado inflexible. Prefiere arriesgarse a una derrota legislativa antes que retroceder, empujando a sus aliados a una estrategia de “matar o morir” en el recinto.
El dilema afecta particularmente a la UCR. Por un lado, no puede respaldar la designación de jueces por decreto, pero, por otro, le cuesta tomar una postura abiertamente opositora al Gobierno. Dentro del bloque radical, Pablo Blanco y Martín Lousteau han presionado para rechazar los pliegos, pero el resto de la bancada ha sido más cauteloso, especialmente los senadores que responden a los gobernadores radicales de Mendoza, Chaco y Corrientes.
Eduardo Vischi, jefe del bloque radical, se reunió con Santiago Caputo en Casa Rosada para advertirle que, si el Gobierno no retiraba los pliegos, su bloque votaría en contra. La decisión se confirmó horas después, cuando la UCR definió que daría quórum para rechazar las propuestas de Milei.
El quórum, la clave del rechazo
Con la UCR alineada con la oposición, el quórum parece estar al alcance. José Mayans, jefe de la bancada de Unión por la Patria, ha asegurado que tiene “más de 30 votos” para rechazar los pliegos. Sin embargo, reunir los 37 senadores necesarios para abrir la sesión sigue siendo un reto.
Los gobernadores peronistas han sido un obstáculo, ya que algunos mantienen vínculos con Ariel Lijo y temen represalias judiciales en Comodoro Py si votan en su contra. Esto ha generado dudas sobre si estarán dispuestos a acompañar la estrategia del rechazo o si optarán por vaciar la sesión.
Si los radicales finalmente participan, el cristinismo podría suplir las ausencias propias con sus votos. Pero persisten las sospechas dentro del peronismo: algunos recuerdan la jugada de la UCR en la comisión investigadora del caso $Libra y temen que Vischi y su bloque puedan cambiar de postura a último momento.
El PRO también juega su propio partido. En las últimas horas, varios senadores del bloque comenzaron a insinuar que podrían dar quórum. Guadalupe Tagliaferri, presidenta de la comisión de Acuerdos, firmó uno de los dictámenes de rechazo contra García-Mansilla, y Alfredo De Angeli, jefe del bloque PRO, también ha dejado abierta la posibilidad de participar en la sesión. De Angeli, que responde directamente a Mauricio Macri, se ha alineado con la postura del expresidente, quien desde hace tiempo se opone a la designación de Lijo.
Macri, además, está inmerso en una disputa por el control político de la Ciudad de Buenos Aires y parece dispuesto a jugar fuerte en el Senado para debilitar la estrategia de Milei.
Los números para el rechazo y el posible conflicto institucional
Si la sesión comienza, el rechazo a los pliegos será prácticamente un trámite. Solo se necesitan 25 votos para rechazar las designaciones, y Unión por la Patria ya cuenta con ese número. Sin embargo, el verdadero desafío es el quórum.
En el caso de Lijo, el problema radica en los senadores peronistas que responden a gobernadores y han estado negociando cargos en la Justicia Federal. Se estima que al menos una docena de ellos podría abstenerse o ausentarse para evitar confrontar con el Gobierno. Aun así, el cristinismo podría sumar apoyos del PRO y la UCR, dos partidos que nunca vieron con buenos ojos la postulación de Lijo.
El caso de García-Mansilla es más sencillo. Unión por la Patria está unificada en su rechazo y, de hecho, su pliego podría ser rechazado por una abrumadora mayoría. Esto abriría una incógnita aún mayor: el Gobierno ha advertido que García-Mansilla seguirá en su cargo hasta fin de año, incluso si el Senado lo rechaza.
Este escenario plantea una posible crisis institucional, ya que podría haber un juez de la Corte Suprema dictando fallos sin la validación del Congreso. La legitimidad de sus decisiones quedaría en entredicho y el conflicto político escalaría aún más.
El desenlace, una incógnita hasta último momento
Todo se definirá en cuestión de horas. El Gobierno ha apostado a una estrategia de presión y resistencia, pero enfrenta una realidad numérica adversa. La oposición, por su parte, tiene la oportunidad de propinarle a Milei una nueva derrota legislativa y marcarle un límite a su intento de imponer jueces por decreto.
La sesión en el Senado será el escenario de una batalla política donde cada voto cuenta. La moneda está en el aire y, hasta que suene la chicharra, todos los jugadores seguirán moviendo sus piezas.