La Casa Rosada endurece sus ataques contra el gobernador bonaerense mientras el peronismo intenta definir su estrategia electoral
La confrontación entre el gobierno de Javier Milei y el gobernador bonaerense Axel Kicillof ingresó en una nueva etapa. A poco más de un año de las elecciones presidenciales de 2027, la Casa Rosada elevó el tono de sus cuestionamientos contra el mandatario provincial y comenzó a colocarlo de manera cada vez más explícita en el centro de su discurso político.
La escalada no parece responder únicamente a una disputa discursiva. En el oficialismo reconocen que las críticas contra Kicillof se están profundizando y consideran que el gobernador representa uno de los adversarios con los que el Gobierno se siente más cómodo confrontando. La propia prensa que sigue de cerca la interna oficialista señala que en Balcarce 50 se admite que Kicillof es visto como un antagonista particularmente conveniente para plantear una elección en términos de continuidad o retorno al pasado.

Milei volvió a utilizar en los últimos días una retórica particularmente dura contra el gobernador. Durante su gira por Estados Unidos lo calificó con expresiones despectivas y, posteriormente, volvió a cuestionarlo desde la Argentina. El ministro de Economía, Luis Caputo, se sumó a la ofensiva y presentó al kirchnerismo como el modelo que el país debería evitar recuperar.
El Presidente buscó encuadrar esa disputa dentro de una definición más amplia. En sus intervenciones públicas sostuvo que los argentinos deberán elegir entre la continuidad de su programa económico y lo que denomina el “modelo del pasado”. En París, durante la Argentina Week, volvió a asociar la eventual continuidad de su proyecto con una futura reelección y defendió la perspectiva de una profundización de sus reformas.
La economía como telón de fondo
La intensificación de la pelea política coincide con un escenario económico que el Gobierno enfrenta con particular atención. La inflación continúa siendo uno de los principales argumentos oficiales para defender el rumbo económico, pero otros indicadores —como pobreza, empleo, actividad y consumo— introducen elementos de tensión en el debate público.
En paralelo, la evolución del dólar y del riesgo país se convirtió nuevamente en un factor de preocupación para los mercados. En este contexto, desde el entorno de Kicillof interpretan que el Gobierno busca trasladar el eje de la discusión desde los resultados económicos hacia una confrontación política con el kirchnerismo.

La lectura es exactamente inversa en la Casa Rosada. Allí sostienen que el contraste con Kicillof permite ordenar el escenario político alrededor de dos modelos claramente diferenciados: el programa libertario y aquello que Milei identifica con las administraciones anteriores.
La estrategia también tiene una dimensión territorial. Mientras Kicillof intenta construir una plataforma nacional sin haber formalizado públicamente una candidatura presidencial, Milei avanza en la construcción de acuerdos con gobernadores de distintas provincias.
La fotografía de París fue significativa en ese sentido. Milei reunió en el marco de la Argentina Week a gobernadores aliados y dialoguistas para exhibir respaldo político y federal a su programa económico. La Presidencia informó que participaron 13 mandatarios provinciales en el encuentro reservado con el Presidente.
Kicillof busca construir una alternativa
Kicillof, mientras tanto, mantiene una posición deliberadamente ambigua respecto de una eventual candidatura presidencial. Su estrategia consiste en ampliar su exposición nacional y construir vínculos fuera de la provincia de Buenos Aires sin realizar todavía un lanzamiento formal.
Su reciente viaje a Estados Unidos contribuyó a esa estrategia. En Nueva York mantuvo reuniones con el alcalde Zohran Mamdani y con el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y posteriormente participó de una actividad en la Universidad de Columbia. El propio gobierno bonaerense presentó esa gira como parte de una agenda vinculada con la geopolítica, las inversiones, la tecnología y el desarrollo productivo.

Ese desembarco internacional tuvo además una consecuencia política doméstica: la reacción de Milei convirtió la presencia de Kicillof en Nueva York en un nuevo capítulo de la disputa entre ambos.
El gobernador intenta, al mismo tiempo, despegarse de algunas de las posiciones más duras del kirchnerismo y presentarse como una figura capaz de construir una alternativa más amplia. Esa tarea, sin embargo, se desarrolla en medio de una fuerte tensión dentro del peronismo.
Cristina Kirchner conserva influencia sobre un sector importante del espacio, mientras Sergio Massa continúa moviendo sus piezas políticas y Kicillof intenta consolidar una estructura propia. La discusión no es solamente quién será candidato, sino qué identidad tendrá el peronismo frente al gobierno libertario.
Una polarización que todavía no está definida
En el oficialismo existe la percepción de que una eventual confrontación directa con Kicillof permitiría a Milei ordenar el debate electoral alrededor de su principal argumento político: “lo nuevo” frente al “pasado”.
La estrategia supone que el gobernador bonaerense carga con una extensa trayectoria dentro del kirchnerismo y que esa asociación permitiría al oficialismo reconstruir el escenario electoral como una disputa entre dos modelos políticos y económicos.
Pero el mapa opositor todavía está abierto. El propio oficialismo reconoce que un escenario diferente podría aparecer si surgiera una figura capaz de disputar el electorado desde una posición ideológicamente más cercana a Milei, un dirigente peronista con perfil independiente o incluso un candidato nuevo capaz de reunir a sectores diversos de la oposición.
Ese es uno de los motivos por los que la discusión sobre Kicillof trasciende su eventual candidatura. La Casa Rosada parece haber elegido el antagonismo antes de que la oposición termine de definir a su candidato.
El gobernador bonaerense tampoco parece dispuesto a rechazar esa confrontación. Su reciente actividad internacional, sus críticas al rumbo económico y la construcción de vínculos con dirigentes extranjeros contribuyen a darle una dimensión nacional a su figura. Sin embargo, todavía resta saber si esa exposición terminará transformándose en una candidatura presidencial.

Así, mientras Milei consolida alianzas territoriales y exhibe en París una fotografía de respaldo de gobernadores, Kicillof busca construir su propio espacio desde Buenos Aires y proyectarse más allá de sus fronteras. La elección de 2027 todavía está lejos y las candidaturas no están formalizadas, pero la disputa por definir quién ocupará el lugar de principal adversario del Gobierno ya comenzó.

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