Milei frente al desafío de 2027: entre la identidad libertaria y el reclamo por una vida mejor

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“Milei es así”. La frase, pronunciada sin enojo por un ministro ante un grupo de dirigentes violetas, encerraba una mezcla de aceptación y resignación. Nadie quiso interrumpir sus argumentos y mucho menos discutirle porque, en la intimidad de su despacho, estaba sintetizando una sensación extendida dentro del oficialismo: Javier Milei es un presidente diferente. No es políticamente correcto, incomoda con sus afirmaciones y razona como si no le importara el costo social de sus palabras.

Aunque ha demostrado que puede ser pragmático cuando el contexto lo exige, su pensamiento está atravesado por los principios de autores como Murray Rothbard, Ludwig von Mises y Friedrich Hayek. Por eso, aquella tarde en la Casa Rosada, la indignación de un grupo de colaboradores terminó convirtiéndose en una suerte de terapia colectiva, que derivó en una conclusión tan sencilla como evidente: “Estas son las reglas, así que hay que seguir para adelante si queremos la reelección”.

El episodio que había desatado el debate interno tenía que ver, como muchas de las discusiones que se producen puertas adentro de Balcarce 50, con la economía cotidiana y las dificultades que golpean el bolsillo. Es un reclamo que aparece con intensidad creciente en los sondeos que llegan al corazón del poder.

“Quienes se endeudan tienen responsabilidad”, había declarado el Presidente en televisión nacional antes de completar su argumento con una pregunta provocativa: “¿Les pusieron una pistola en la cabeza para hacerlo?”.

La afirmación adquiere otra dimensión frente a los datos sobre el endeudamiento de las familias. Según un informe del Banco Central, la morosidad de los créditos otorgados a los hogares alcanzó el 12,8%, el nivel más alto en dos décadas. En el caso de las billeteras virtuales, el rojo llega al 30%.

El dato más preocupante es que buena parte de esos préstamos no se destinan a inversiones ni a consumos extraordinarios, sino a cubrir gastos corrientes y llegar a fin de mes.

“Javier es un político al que no le importa la política”, explica a Infobae el mismo funcionario que había dicho a los suyos que había que aceptar a Milei tal como es, porque había ganado las elecciones precisamente por su autenticidad.

¿Puede esa actitud ayudarlo a conseguir un nuevo mandato? Allí aparecen los titubeos y los silencios prolongados.

Varios ministros recibieron estudios cualitativos que muestran un respaldo menos sólido entre quienes acompañaron a La Libertad Avanza en la segunda vuelta de 2023. En uno de los focus groups, un joven de 20 años del conurbano bonaerense pidió: “¡Que tenga más empatía!”. Un hombre de 43 años, del norte del país, reconoció: “Lo de la inflación está bárbaro, pero el tema del día a día se está complicando y no se ve una luz al final del túnel”.

Una mujer de 55 años, del centro productivo, fue todavía más contundente: “Al final se volvieron casta y no les importa la gente”.

Son personas que todavía no tienen definido cómo votarán, pero que expresan el malestar de un sector de la sociedad que comienza a sentirse desencantado.

Ante ese escenario, el Presidente delegó en Karina Milei y en su círculo más cercano la responsabilidad de organizar el operativo para repetir la victoria. El verbo “delegar” no es una metáfora. Para sorpresa de propios y extraños, Milei parece cada vez menos involucrado en la rosca electoral.

Nunca fue un fanático de esa parte de la política, pero quienes lo conocen aseguran que ahora está más “aislado” y “enfrascado” que de costumbre. Sale de la Quinta de Olivos principalmente para sus viajes al exterior, limita el intercambio de opiniones con buena parte de su entorno y rara vez interviene en asuntos cotidianos.

Vuelve a aparecer así la figura de un dirigente que rompió con los manuales tradicionales de la política hasta el punto de que, según quienes lo acompañan, ni siquiera estaría dispuesto a abandonar sus convicciones para evitar una derrota electoral.

“Yo no compito contra otros espacios, yo compito contra mí mismo haciendo cada día un gobierno mejor. Si hacemos un buen gobierno, vamos a lograr la reelección. Y si no hacemos un gobierno que merece ser reelecto, no seremos reelectos”, manifestó días atrás.

Mientras tanto, la Mesa Política hace “lo imposible para que este modelo se sostenga y fortalezca porque sus beneficios van a terminar llegando”, como suele repetir en privado uno de sus integrantes más populares.

Karina Milei, “El Jefe”, está más empoderada que nunca. Encabeza las reuniones importantes, sigue de cerca las preocupaciones del gabinete, define la estrategia electoral en los 24 distritos y participa en la elaboración de los mensajes que deben llegar al territorio.

Sin ir más lejos, fue quien decidió convocar al último encuentro de la mesa chica a Federico Sturzenegger, a quien ahora mantiene “con la correa corta”, especialmente después de que en el Congreso quedaran fuera tres de los seis capítulos originales del proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada.

“Nunca en la historia una secretaria general tuvo tanto poder”, reconocen en la Casa Rosada.

Pero semejante despliegue político tiene una condición que excede las capacidades de negociación de Karina, Diego Santilli, los primos Menem o cualquier otro integrante de la estructura libertaria.

En el corazón del Gobierno ya no separan la economía de la elección. Si la actividad, los ingresos y el empleo no comienzan a mostrar señales concretas de recuperación, el desgaste de la gestión puede profundizarse y complicar los planes oficiales.

Una definición comienza a repetirse entre consultores: una parte de la sociedad ya le “pagó” a Milei en las legislativas de 2025 por la baja de la inflación, el superávit fiscal y la reducción del Estado. Ahora quiere cobrar en especie: mejores salarios, más empleo y mayor capacidad de consumo.

Agustín Laje, uno de los intelectuales más escuchados en el universo libertario desde la dirección ejecutiva de la Fundación Faro, lo explicó esta semana con una advertencia que probablemente no entusiasme en Olivos, pero que funciona como un baño de realidad: “Si los gobiernos de derecha no logran cambiarle la vida a la gente, el péndulo se va a ir hacia la izquierda”.

Su diagnóstico incluye una salvedad: Milei conserva un núcleo duro importante, pero deberá “mejorar formas, aliviar gestos y acercar posiciones” para conquistar a quienes todavía se ubican en el centro del tablero político.

Los relevamientos que circulan por los despachos oficiales ayudan a entender la preocupación. AtlasIntel/Bloomberg volvió a ubicar la aprobación presidencial cerca de su piso: 37,1% contra 62,4% de desaprobación. Además, el 70% considera mala la situación económica argentina y el 60% tiene la misma percepción sobre la situación de su propia familia. El futuro tampoco despierta demasiado optimismo: el 56% cree que su situación empeorará durante los próximos seis meses.

QSocial llegó a una conclusión similar por otra vía. Solo el 16% califica como buena la situación actual del país y, cuando se pregunta cuánto tiempo están dispuestos los argentinos a esperar una mejora personal, la mitad responde que ya no puede esperar más.

La consultora también cruzó la tolerancia al ajuste con el respaldo electoral y encontró dos curvas que se mueven prácticamente juntas: en julio, la aceptación de la austeridad cayó al 33% y la intención de votar por Milei en 2027 se ubicó en el 31%.

“El voto puede moverse casi 13 puntos según lo que pase con la percepción económica. La economía es la variable dominante”, concluye el estudio.

Casa Tres encontró una manera todavía más contundente de representar el fenómeno: entre quienes debieron resignar consumos, la aprobación de la gestión es de apenas 23%; entre quienes no tuvieron que hacerlo, asciende al 74%.

Una grieta de bolsillo de más de cincuenta puntos.

¿Qué fue lo mejor que hizo La Libertad Avanza? La reducción de la inflación y el ordenamiento del gasto público. ¿Y lo peor? El 60% menciona consecuencias vinculadas con el ajuste: caída de ingresos y consumo, desempleo y estancamiento, dificultades para jubilados, salud, educación y discapacidad, además de corrupción, malos modos y una política exterior polémica.

La paradoja aparece con claridad: los argentinos reconocen el éxito que Milei quería conseguir, pero ahora parecen reclamarle otro.

Para Mora Jozami, titular de la consultora, el desafío consiste en lograr que el bienestar sea “más homogéneo y transversal”, de manera que más personas puedan pronunciar una frase sencilla, pero electoralmente decisiva: “Ahora a mí también me está yendo mejor”.

Todavía falta para eso.

Zentrix descubrió que el 86,6% considera necesarios dos o más empleos o fuentes de ingreso para llegar a fin de mes y que el 66% agota sus ingresos antes o, como máximo, el día 20. Entre los jóvenes, este último porcentaje asciende al 85,5%.

Otro estudio, realizado por el Centro de Investigación y Acción Social (CIAS), del sacerdote jesuita Rodrigo Zarazaga, reveló que el 57% de ese segmento tuvo que pedir dinero prestado o tomar un crédito en su hogar y que seis de cada diez redujeron sus gastos cotidianos.

Hay, de hecho, una postal que vale por diez planillas de Excel.

El sábado pasado, en la Sociedad de Fomento de Villa Astolfi, en Pilar, volvió a organizarse un Club del Trueque: familias que intercambian bienes y servicios sin utilizar dinero en pleno 2026. Sus organizadores aseguran que no será el único evento de esas características que se realizará en ciudades populosas.

Hasta sectores naturalmente cercanos al oficialismo empiezan a advertir estas tensiones sociales.

El más reciente informe de la Fundación Pensar, la usina vinculada al PRO, incluye un artículo de Hernán Lacunza que reconoce la estabilización, pero pone la lupa sobre los ganadores y perdedores del nuevo esquema.

Agro, energía y minería generan en conjunto apenas unos 250.000 empleos directos. En cambio, entre los sectores que atraviesan turbulencias, industria y construcción concentran casi cuatro millones de trabajadores y el comercio suma otros cuatro millones.

La conclusión del informe resulta incómoda para los defensores más fanáticos del programa que encabeza Luis Caputo: “La segunda fase es más difícil políticamente: convertir estabilización en bienestar”.

Lo interesante es que esas críticas aparecen justo cuando el partido que encabeza Mauricio Macri y La Libertad Avanza volvieron a hablar seriamente de convivencia.

Karina Milei telefoneó el lunes al expresidente y ambos conversaron durante cerca de media hora. Es toda una novedad que contiene dos reconocimientos: del lado del dirigente amarillo, que la interlocutora válida será la “Jefa” de esta gestión; del lado violeta, que solos no pueden ganar.

El encuentro entre Diego Santilli, Eduardo “Lule” Menem y Martín Menem con Cristian Ritondo y Fernando de Andreis fue apenas el primero de una serie de reuniones que, en principio, se repetirán cada quince días.

El “borrón y cuenta nueva” también alcanza a los gobernadores que se habían mostrado más duros, como quedó demostrado en la última sesión de la Cámara Alta.

El jefe de Gabinete retomó el método Pac-Man: conversaciones constantes, viajes, transferencias, obras, pliegos de jueces e infinitas promesas. En apenas un puñado de jornadas cedió a San Juan la gestión de distintos tramos de rutas nacionales, como ya había hecho con Santa Fe; estuvo en Misiones con los líderes del Norte Grande y viajó a Catamarca para avanzar en una obra de acueductos compartida con Santiago del Estero.

La razón excede cualquier repentino impulso federalista: el Gobierno necesita votos para el Presupuesto 2027, la reforma electoral y, sobre todo, la suspensión de las PASO, convertida en el primer gran objetivo de Karina para despejar el camino electoral.

Estos movimientos de orfebre no significan que los caciques hayan decidido entregar la lapicera. La discusión por las Zonas Frías es el ejemplo que mejor muestra dónde termina la buena onda y empieza la calculadora, ya que algunos mandatarios que acompañaron al oficialismo en Diputados quieren que Economía garantice las compensaciones eléctricas prometidas para las denominadas zonas cálidas antes de la votación en el Senado.

Del otro lado de la grieta también se activó el despertador electoral.

Axel Kicillof, Sergio Massa y Máximo Kirchner volvieron a compartir una mesa después de interminables meses de desconfianzas y reproches, acompañados por gobernadores y jefes parlamentarios.

“No estamos ni cerca de ser amigos, pero al menos hubo una primera coincidencia estratégica: defender la importancia de las primarias. No tanto por amor a ese sistema, sino por necesidad. Nos puede ayudar a evitar una fractura antes de llegar a la elección”, resumió uno de los presentes.

Así las cosas, las tribus políticas de todos los colores e ideologías comenzaron a mover las fichas de 2027 cuando todavía falta una eternidad para entrar al cuarto oscuro: 436 días para la primera vuelta.

La política ya vive en campaña y hace cuentas de cara al futuro.

En paralelo, millones de argentinos hacen una cuenta menos sofisticada y bastante más urgente: cuánto falta para llegar a fin de mes.

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