En apenas 24 horas de tensión política, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, vio cómo el capital político acumulado a lo largo de su carrera chocaba con una nueva realidad. Dos derrotas consecutivas en el Congreso dejaron al mandatario, de 80 años, en una de las posiciones más frágiles de su tercer mandato, a solo cinco meses de las elecciones presidenciales de octubre.
Lo ocurrido marcó un punto de inflexión: el gobierno perdió el control de la agenda legislativa y consolidó la percepción de debilidad política. Según el politólogo Murilo Medeiros, de la Universidad de Brasilia, el oficialismo atraviesa “una tormenta perfecta”, resultado de la caída en la popularidad, el aumento del costo de vida y una profunda desarticulación política.
El primer golpe llegó cuando el Senado rechazó la nominación de Jorge Messias para el Supremo Tribunal Federal. Con 42 votos en contra y 34 a favor, la Cámara Alta rompió una tradición de más de un siglo, en la que siempre había aprobado las designaciones presidenciales. Detrás de la maniobra se destacó el rol de Davi Alcolumbre, quien habría impulsado la derrota en medio de tensiones con el Ejecutivo.
El segundo revés fue aún más contundente: el Congreso anuló el veto presidencial a la llamada “Ley de Dosimetría”, con amplias mayorías en ambas cámaras. La norma reduce las penas para los condenados por los hechos del 8 de enero de 2023 y podría beneficiar directamente al expresidente Jair Bolsonaro, cuya condena podría verse significativamente acortada.
Para el analista Creomar de Souza, el problema del gobierno va más allá de errores tácticos: responde a una falla estructural en la estrategia política. Según explicó, el oficialismo dejó avanzar iniciativas que podría haber frenado en comisión, buscando capital político con un veto posterior que finalmente fue revertido por el propio Congreso.
Este escenario político se combina con un contexto económico complejo. El Banco Central elevó la tasa Selic al 14,5% anual ante el riesgo de una mayor inflación, mientras que el endeudamiento de las familias alcanzó niveles récord.
En paralelo, el tablero electoral se muestra cada vez más competitivo. Encuestas recientes indican un empate técnico entre Lula y el senador Flávio Bolsonaro, lo que refuerza la idea de un escenario abierto de cara a los comicios.
Frente a este panorama, el presidente intentó recuperar la iniciativa con un mensaje por el Día del Trabajador, en el que anunció medidas de alivio económico y apuntó contra las élites. Sin embargo, el desafío es mayor: un Congreso más autónomo, aliados menos disciplinados y una economía bajo presión configuran un contexto en el que la capacidad de reacción del gobierno será puesta a prueba en los próximos meses.







