Lula advierte que la captura de Maduro y los bombardeos de EE.UU. ponen en riesgo la estabilidad global

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, cuestionó con dureza las acciones unilaterales de Estados Unidos en Venezuela y sostuvo que tanto los bombardeos como la captura de Nicolás Maduro constituyen una amenaza directa a la estabilidad internacional. Según el mandatario brasileño, este tipo de intervenciones “perturban el comercio y la inversión, incrementan los flujos de refugiados y debilitan la capacidad de los Estados para enfrentar el crimen organizado y otros desafíos transnacionales”.

En su análisis, Lula advirtió que la aplicación selectiva de las normas del derecho internacional genera un escenario de anomia global que erosiona los mecanismos multilaterales construidos tras la Segunda Guerra Mundial. Ese deterioro, afirmó, tiene consecuencias directas sobre la paz y la seguridad internacionales, al sentar precedentes que habilitan el uso discrecional de la fuerza.

Si bien reconoció que existen liderazgos que han socavado la democracia en sus países, el presidente brasileño remarcó que “no es legítimo que otro Estado se arrogue el derecho de administrar justicia”. En ese sentido, defendió el principio de autodeterminación y sostuvo que el futuro de Venezuela debe ser definido exclusivamente por los venezolanos, sin imposiciones externas ni tutelajes encubiertos. Para Lula, resulta especialmente preocupante que estas prácticas se apliquen en América Latina, una región que históricamente ha buscado consolidarse como una zona de paz, basada en el rechazo al uso de la fuerza y en la igualdad soberana entre las naciones.

El mandatario también dirigió críticas a las grandes potencias, a las que acusó de erosionar la autoridad de las Naciones Unidas. A su juicio, cuando el uso de la fuerza se convierte en una regla y no en una excepción, el sistema internacional entra en una dinámica peligrosa. En ese marco, condenó la división del mundo en zonas de influencia y las incursiones de tinte neocolonial, a las que calificó de obsoletas y perjudiciales para la convivencia global. “Sin normas acordadas colectivamente, es imposible construir sociedades libres, inclusivas y democráticas”, subrayó.

Respecto de Venezuela, Lula insistió en que la única salida sostenible pasa por un proceso político inclusivo, conducido por los propios actores venezolanos y orientado a la reconstrucción democrática. A nivel regional, reafirmó su apuesta por una América Latina próspera, pacífica y plural, capaz de superar diferencias ideológicas a través de una agenda común centrada en la inversión en infraestructura, la generación de empleo de calidad, el comercio y la cooperación para combatir el hambre, la pobreza, el narcotráfico y el cambio climático.

Finalmente, el presidente brasileño destacó que su gobierno mantiene un diálogo constructivo con Estados Unidos y recordó que ambos países son las dos democracias más pobladas del continente. En ese contexto, llamó a profundizar la cooperación en materia de inversión, comercio y lucha contra el crimen organizado. No obstante, concluyó con una advertencia a los líderes globales: “Un mundo basado en la hostilidad permanente no es viable; ninguna potencia, por más fuerte que sea, puede sostenerse únicamente en el miedo y la coerción”.

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