La vida bajo tierra y entre bombardeos constantes de los civiles en la planta siderúrgica de Mariúpol

Bombardeos constantes, miedo y supervivencia bajo tierra. Para algunos de los civiles que se refugiaban en las tripas de la planta siderúrgica Azovstal en la ciudad de Mariúpol, el calvario terminó este martes, el día en el que más de 100 personas lograron llegar en un convoy de autobuses a la ciudad de Zaporiyia, controlada por Ucrania, en una operación de evacuación de cinco días que ha captado la atención del mundo.

La enorme planta levantada en la era soviética se ha convertido en el último gran reducto de combatientes ucranianos, superados en número en la devastada ciudad portuaria del sur de Ucrania, que es simbólica y estratégicamente importante para Moscú. Con una extensión de más de 11 kilómetros cuadrados, el complejo industrial es un laberinto de líneas ferroviarias, almacenes, hornos, fábricas y túneles que han permitido a los militares ucranianos resistir en Mariúpol, una ciudad en ruinas y casi en su totalidad bajo control ruso.

Su interior también ha albergado estas semanas a civiles, algunos de los cuales llegaron este martes a Zaporiyia, a unos 230 kilómetros de Mariúpol. La Coordinadora Humanitaria para Ucrania, Osnat Lubrani, confirmó que 101 civiles fueron evacuados con éxito de la planta siderúrgica de Azovstal en una operación de paso seguro coordinada por Naciones Unidas y el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).

La operación comenzó el pasado viernes y fue acordada con Rusia y Ucrania, tras los contactos con el secretario general de la ONU, António Guterres, que visitó la semana pasada Moscú y Kiev.

Decenas de mujeres, hombres, niños y ancianos pudieron “por fin salir de los búnkeres bajo la acería de Azovstal y ver la luz del día después de dos meses”, ha dicho Lubrani. Otras 58 personas se unieron al convoy en Mangush, una ciudad en las afueras de Mariúpol. Este martes acompañaron a 127 personas a Zaporiyia. Algunos evacuados decidieron no continuar hacia esta ciudad con el convoy.

Según el jefe de la oficina de la presidencia ucraniana, 156 ciudadanos que se refugiaron de los bombardeos en los sótanos de la planta de Azovstal llegaron finalmente este martes a Zaporiyia.

“En los últimos días, viajando con los evacuados, he escuchado a madres, niños y abuelos frágiles hablar sobre el trauma de vivir día tras día bajo un fuerte bombardeo incesante y el miedo a la muerte, y con la extrema falta de agua, alimentos y saneamiento”, dice Lubrani. “Hablan del infierno que han vivido desde que comenzó esta guerra, buscando refugio en la planta de Azovstal, muchos de ellos separados de sus familiares cuyo destino aún desconocen”.

Los evacuados que salieron de una caravana de autobuses blancos fueron recibidos en un centro improvisado por seres queridos emocionados y decenas de periodistas. Contaron cómo pasaron los días refugiados en la oscuridad de los búnkeres subterráneos de la planta, con poca comida y agua, mientras las bombas no paraban de caer.

Una de las evacuadas, Anna Zaitseva, dijo a la prensa que en la acería se encontraban “bajo fuego permanente, durmiendo en colchonetas improvisadas, golpeados por las ondas expansivas”. “Correr con tu hijo y que una explosión te tire al suelo… todo fue horrible”.

“Estamos muy agradecidos a todos los que nos han ayudado. Hubo un momento en que perdimos la esperanza, pensamos que todo el mundo se había olvidado de nosotros”, dijo Zaitseva, sosteniendo a su bebé de seis meses en brazos, en declaraciones recogidas por AFP.

Elina Tsybulchenko trabajaba en la planta haciendo control de calidad antes de que la guerra la dejara atrapada allí. Según informa la agencia francesa, describió días y noches de bombardeos interminables. “Bombardeaban como cada segundo… todo temblaba. Los perros ladraban y los niños gritaban (…). Pero el momento más duro fue cuando nos dijeron que nuestro búnker no sobreviviría a un impacto directo”.

Contó también que todas las noches se iba a dormir con miedo a no despertar. “No te puedes imaginar lo aterrador que es cuando te sientas en el refugio antibombas, en un sótano húmedo y mojado, y está rebotando y temblando”, dijo en declaraciones recogidas por la agencia Associated Press.

La evacuada rechazó la idea de que los mil

litares ucranianos no permiten a los civiles abandonar la planta, asegurando que les dijeron ¡que eran libres de irse, pero que arriesgarían sus vidas si lo hacían. “Entendimos claramente que bajo estas armas asesinas no sobreviviríamos, no conseguiríamos ir a ninguna parte”. “Pensamos que no saldríamos de allí”, dijo por su parte una mujer que solo dio su nombre de pila, Anna, y llegó a Zaporiyia con dos niños. 

“Estuve en Azovstal durante dos meses y medio y nos atacaron por todos lados”, dijo Olga Savina, una mujer mayor, al New York Times. Explicó que el sol le quemaba los ojos después de tantos días bajo tierra.

“Por alguna razón recuerdo el día de Pascua”, dijo también al medio estadounidense Inna Papush, que pasó 58 días bajo tierra con su hija, Dasha, de 17 años. “Pensamos que sería un día sagrado y que se tomarían un descanso”. “Pero el bombardeo se volvió aún más intenso”, continuó su hija Dasha. “Nos acostumbramos a estar muy oscuros. Tuvimos que economizar la comida. Los soldados nos traían lo que podían: agua, comida, avena”.

La acería ha sido comparada con una ciudad pequeña, con refugios antiaéreos reforzados y equipados. Los evacuados entrevistados describieron búnkeres, la mayoría con capacidad para entre 30 y 50 personas, con cocinas, baños y áreas para dormir. Los refugios estaban repartidos por los terrenos del complejo, por lo que había poco contacto entre los grupos que se escondían en diferentes lugares, según informa el medio estadounidense.

Zaitseva, que aseguró que intentó marcharse del sitio tres veces pero “la tregua se rompió”, también dijo a los periodistas que había sido difícil encontrar cosas básicas para sobrevivir en Azovstal. “Para encontrar agua teníamos que movernos entre edificios. Los hombres hicieron eso por nosotros”. Relató también las dificultades para alimentar a su hijo pequeño, cocinando entre velas. “Criar a un niño es algo difícil (…). Es aún más difícil en un búnker sin luz”.

Según el Ejército ucraniano, las fuerzas rusas continúan este miércoles lanzando ataques aéreos y disparando contra sus posiciones en la zona de Azovstal. Los rusos reanudaron los ataques contra la planta siderúrgica este 3 de mayo tras la conclusión de los esfuerzos de evacuación, según expertos militares.

El pasado 22 de abril, el presidente ruso, Vladímir Putin, ordenó a sus tropas sellar y asegurar la planta de Azovstal para que “no pueda pasar ni una mosca” en lugar de enviarlas al laberinto de túneles y búnkeres entre reiterados ultimátums a los ucranianos para que se rindan. Analistas militares occidentales creen que es probable que las fuerzas rusas traten de hacer pasar hambre a los soldados que quedan de la planta siderúrgica y que continúen lanzando ataques aéreos, de artillería y terrestres.

El portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, ha negado este miércoles que las fuerzas rusas hayan llevado a cabo un asalto contra la planta metalúrgica. “Hay indicios de que los militares ucranianos han adoptado posiciones de ataque, pero estos intentos se han suprimido rápidamente”.

No está claro el número de combatientes que se encuentran en la planta metalúrgica. En abril, Rusia cifró en no más de 2.500 los efectivos ucranianos refugiados en Azovstal. Los suministros con los que cuentan y cuánto tiempo podrán aguantar es una incógnita. Las fuerzas a cargo de la defensa de Mariúpol incluyen marines, brigadas y también al Batallón Azov, de corte ultranacionalista. 

El alcalde de la ciudad, Vadym Boichenko, ha dicho este miércoles que se ha perdido la comunicación con los soldados en Azovstal. “No hay comunicación para entender qué está pasando, si están a salvo o no. Ayer todavía había comunicación, hoy no puedo comentar nada. (…) Rezamos por nuestros heroicos muchachos. Y les damos las gracias por la hazaña que han hecho para todo nuestro país”.

La oficina de la presidencia ucraniana ha denunciado que las tropas rusas el complejo sigue siendo bombardeado mientras continúa albergando a civiles y soldados heridos que “necesitan atención médica urgente”. Boichenko ha dicho en la televisión ucraniana que en el territorio de la planta aún permanecen cientos de civiles, de los cuales más de 30 son niños.

La responsable de la ONU expresó este martes su preocupación por el hecho de que pueda haber más civiles que permanezcan atrapados y dijo que están listos para regresar a Azovstal para evacuarlos, “y para hacer lo mismo en todas las demás áreas que experimentan intensos y crecientes combates en Ucrania”. “La ONU seguirá colaborando con las partes en conflicto con este fin”. Durante la invasión rusa, Kiev ha acusado sistemáticamente a Moscú de impedir los esfuerzos de evacuación.

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