La ONU abre el juego: candidatos y tensiones en la carrera por suceder a Guterres

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La sucesión de António Guterres al frente de la Organización de las Naciones Unidas entró en una fase decisiva con la apertura de audiencias públicas, una instancia todavía poco frecuente en la historia del organismo. Por segunda vez, los aspirantes exponen sus propuestas ante los 193 Estados miembro y representantes de la sociedad civil, en un intento por dotar de mayor transparencia a un proceso tradicionalmente dominado por negociaciones reservadas.

Aunque estas presentaciones marcan un avance en términos de apertura, el mecanismo de elección mantiene su núcleo político. El secretario general es formalmente designado por la Asamblea General, pero el verdadero filtro lo ejerce el Consejo de Seguridad, donde cinco potencias —Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido y Francia— cuentan con poder de veto. En la práctica, cualquier candidatura rechazada por uno de estos actores queda automáticamente fuera de competencia.

Este entramado convierte la elección en un delicado ejercicio de equilibrio geopolítico. Las audiencias públicas permiten visibilizar perfiles y posicionamientos, pero las decisiones determinantes se siguen negociando en ámbitos cerrados entre embajadores y delegaciones permanentes.

No existen requisitos formales estrictos para postularse, aunque persiste una lógica no escrita de rotación regional. América Latina, por ejemplo, solo logró ocupar el cargo en una ocasión, con el peruano Javier Pérez de Cuéllar entre 1982 y 1991. El proceso incluye la presentación de candidaturas, la exposición pública y, finalmente, la deliberación privada del Consejo de Seguridad, cuya recomendación luego es ratificada —sin posibilidad de revertir vetos— por la Asamblea General.

Entre los nombres en carrera aparecen figuras con trayectorias diversas y peso internacional:

La ex presidenta chilena Michelle Bachelet llega con una sólida experiencia en derechos humanos y organismos multilaterales, aunque su candidatura enfrenta tensiones políticas tras la pérdida de respaldo de su propio país.

El argentino Rafael Grossi, actual titular del Organismo Internacional de Energía Atómica, se presenta como un negociador con experiencia en crisis globales sensibles, especialmente en materia nuclear.

Desde Costa Rica, Rebeca Grynspan ofrece un perfil técnico con fuerte recorrido en desarrollo y comercio internacional, y aparece como una opción de consenso en escenarios de alta fragmentación.

El ex presidente senegalés Macky Sall, único candidato africano, plantea una agenda centrada en desigualdad, pobreza y cambio climático, aunque su postulación enfrenta cuestionamientos políticos y apoyos limitados.

Tras esta etapa de exposiciones, el Consejo de Seguridad iniciará consultas privadas para acercar posiciones y descartar postulaciones inviables. El proceso puede extenderse durante semanas o meses, hasta alcanzar un consenso que luego será formalizado por la Asamblea General.

La definición, prevista hacia fin de año, marcará no solo el relevo en la conducción de la ONU, sino también el rumbo del multilateralismo en un escenario global atravesado por tensiones, conflictos y una creciente desconfianza entre potencias. El nuevo secretario general asumirá el 1 de enero de 2027, con el desafío de reconstruir consensos en un mundo cada vez más fragmentado.

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