La rivalidad con China, la guerra en Ucrania y las nuevas amenazas híbridas están redefiniendo la política exterior de Washington. En ese nuevo tablero geopolítico, España emerge como un aliado estratégico por su posición geográfica, sus bases militares y su papel dentro de la OTAN, mientras la relación histórica entre ambos países adquiere una renovada importancia.
La estrategia internacional de Estados Unidos atraviesa una de las transformaciones más profundas desde el final de la Guerra Fría. La competencia estratégica con China, la prolongación del conflicto en Ucrania, la creciente inestabilidad en África y el resurgimiento de la rivalidad entre grandes potencias están obligando a Washington a redistribuir recursos militares y redefinir el papel de sus aliados.

En ese contexto, España comienza a adquirir un valor estratégico que supera ampliamente el ámbito mediterráneo. Su ubicación geográfica, las bases militares de Rota y Morón, su condición de miembro de la OTAN y su cercanía al norte de África la convierten en un punto clave dentro de la arquitectura de seguridad occidental.
El desafío chino reorganiza las prioridades de Washington
Estados Unidos considera que el principal reto estratégico de las próximas décadas será contener la expansión de China en el Indo-Pacífico.
La modernización acelerada de las Fuerzas Armadas chinas, las tensiones en torno a Taiwán, las disputas en el mar de China Meridional y la competencia tecnológica obligan a Washington a fortalecer sus alianzas con Japón, Corea del Sur, Australia y Filipinas.

Aunque España no desempeñe un papel militar directo en Asia, su capacidad logística y su infraestructura estratégica resultan cada vez más relevantes para sostener las operaciones globales de la Alianza Atlántica.
España, pieza clave del flanco sur de la OTAN
La guerra en Ucrania reforzó el protagonismo del flanco oriental de la OTAN, pero el Mediterráneo recuperó importancia debido al terrorismo, las migraciones irregulares, el crimen organizado y la competencia geopolítica en el norte de África y Oriente Medio.
En ese escenario, España ocupa una posición privilegiada.
Las bases de Rota, utilizadas por la Armada estadounidense, y Morón de la Frontera, fundamental para operaciones aéreas y despliegues rápidos, constituyen dos de los principales activos estratégicos de Washington en Europa.

Sin embargo, desde distintos sectores de la política estadounidense persiste la expectativa de que Madrid incremente su inversión en defensa para cumplir los compromisos asumidos dentro de la OTAN.
Ian Brzezinski: «España debe asumir un papel mayor»
El exsubsecretario adjunto de Defensa de Estados Unidos, Ian Brzezinski, considera que España debería incrementar tanto su gasto militar como su participación en las operaciones de la Alianza Atlántica.
Según explicó en una entrevista con El Debate, la seguridad europea debe entenderse como un sistema integrado, donde cualquier amenaza contra un aliado repercute sobre el conjunto de la organización.

Desde esa perspectiva, la guerra en Ucrania no constituye únicamente un problema del este europeo, sino un desafío para toda la arquitectura de seguridad occidental.
Las guerras del siglo XXI ya no son solo militares
Uno de los cambios más importantes que enfrenta la OTAN es la aparición de amenazas híbridas.
Hoy los conflictos combinan operaciones militares convencionales con:
- ciberataques;
- campañas de desinformación;
- espionaje tecnológico;
- terrorismo;
- crimen organizado;
- presión migratoria;
- guerra informativa.
Brzezinski sostiene que la OTAN debe seguir siendo, ante todo, una alianza militar, aunque coordinada con herramientas diplomáticas, económicas y tecnológicas que permitan responder a este nuevo tipo de desafíos.
En ese marco, el intercambio de inteligencia aparece como uno de los principales factores de ventaja estratégica frente a adversarios estatales y no estatales.
El Indo-Pacífico también influye en Europa
Aunque Europa no participe directamente en un eventual conflicto en Asia, la creciente rivalidad entre Washington y Pekín tendrá consecuencias económicas, comerciales y tecnológicas para todo Occidente.
Por ello, Estados Unidos busca que sus aliados europeos mantengan una presencia política y diplomática coordinada, incluso sin desplegar grandes contingentes militares en la región.

La cohesión estratégica entre ambas orillas del Atlántico se considera un elemento esencial para contener la expansión de la influencia china.
Trump y la OTAN: diferencias dentro de Washington
Brzezinski distingue claramente las posiciones del presidente Donald Trump del consenso estratégico predominante en Estados Unidos.
Si bien comparte las críticas hacia el bajo gasto militar de algunos aliados europeos, considera un error reducir la presencia militar estadounidense en Europa.
A su juicio, tanto republicanos como demócratas continúan respaldando mayoritariamente la OTAN como el principal instrumento de estabilidad internacional.
Por ello, sostiene que las relaciones entre Europa y Estados Unidos deben construirse sobre una visión estratégica de largo plazo y no depender exclusivamente de los cambios políticos en la Casa Blanca.
Una alianza que también se apoya en la historia
Más allá del ámbito militar, la relación entre España y Estados Unidos posee profundas raíces históricas.
La presidenta del Queen Sofía Spanish Institute, Begoña Santos, impulsa actualmente la iniciativa American Spain 250, un proyecto destinado a difundir el papel desempeñado por España durante la independencia estadounidense.

La propuesta busca incorporar a los programas educativos norteamericanos figuras como Bernardo de Gálvez, Diego de Gardoqui, Juan de Miralles y Francisco de Saavedra, protagonistas de la ayuda española a las colonias durante la guerra contra Gran Bretaña.
Según Santos, el objetivo no consiste en reescribir la historia estadounidense, sino en completar un relato que durante décadas minimizó la influencia hispana en la construcción del país.
Un socio estratégico en un mundo multipolar
La creciente competencia entre Estados Unidos, China y Rusia está configurando un sistema internacional más complejo e imprevisible.
En ese escenario, España aparece como un aliado cuya importancia trasciende el Mediterráneo. Su infraestructura militar, su ubicación entre Europa, África y el Atlántico, su pertenencia a la OTAN y sus vínculos históricos con América convierten al país en un actor de creciente relevancia dentro de la estrategia global de Washington.

Para Estados Unidos, la fortaleza de esa relación dependerá no solo de las capacidades militares españolas, sino también de su compromiso con la seguridad colectiva, la estabilidad regional y la cooperación transatlántica frente a los desafíos del nuevo orden internacional.







