La Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) se prepara para una de las elecciones más disputadas de los últimos años. Su actual presidente, el ruso Arkadi Dvorkovich, confirmó que buscará un nuevo mandato de cuatro años con la promesa de construir una organización «más abierta, eficiente y receptiva», aunque su continuidad enfrenta crecientes cuestionamientos por la influencia que Rusia mantiene dentro del máximo organismo del ajedrez.
Dvorkovich, exviceprimer ministro ruso de 54 años, dirige la FIDE desde 2018. Pese a las sanciones deportivas impuestas a Rusia tras la invasión de Ucrania, logró ser reelegido ampliamente en 2022, consolidando un liderazgo que muchos consideran un importante triunfo diplomático para Moscú, país donde el ajedrez continúa siendo una herramienta de prestigio internacional y de proyección de poder blando.
Uno de los principales respaldos del dirigente ruso proviene del empresario de origen ruso Timur Turlov, actualmente ciudadano kazajo y uno de los patrocinadores más importantes de la FIDE. Turlov aspira ahora a ocupar una de las vicepresidencias de la entidad acompañando a Dvorkovich en la próxima gestión.
Alemania impulsa alternativas
Sin embargo, la continuidad del dirigente ruso ya no parece garantizada. En el Congreso de la FIDE, previsto para septiembre en Uzbekistán, cerca de 200 federaciones nacionales deberán elegir a las nuevas autoridades en una votación que promete ser muy competitiva.
Entre los aspirantes aparece el empresario alemán Jan Henric Buettner, exejecutivo del sector tecnológico, quien propone una profunda modernización institucional basada en la transparencia, el crecimiento sostenible y la diversificación de las fuentes de financiamiento.
Su compañero de fórmula, el dirigente británico Malcolm Pein, sostiene que el ajedrez mundial ha experimentado un fuerte crecimiento en los últimos años, pero considera que la estructura de la FIDE no ha evolucionado al mismo ritmo.

Según Pein, uno de los grandes desafíos será atraer patrocinadores internacionales que no mantengan vínculos con Rusia, reduciendo así la dependencia económica que hoy caracteriza al organismo.
La apuesta de Vadim Rosenstein
El panorama electoral se complejiza con la candidatura del empresario Vadim Rosenstein, nacido en la actual Ucrania y radicado en Alemania, quien también busca conducir la FIDE.
Desde 2022 financia importantes torneos internacionales y sostiene que su objetivo es convertir a la federación en «una de las instituciones deportivas más respetadas del mundo».
Su candidatura cuenta con el respaldo de la Federación Alemana de Ajedrez (DSB).
El presidente de la entidad, Paul Meyer-Dunker, afirmó que Rosenstein representa la mejor alternativa para impulsar las reformas que necesita el ajedrez internacional y cuestionó la postulación de Buettner, al considerar que no mantuvo vínculos previos con la dirigencia del ajedrez alemán.
Las dudas sobre Rusia
Uno de los principales ejes del debate electoral será el papel que debe ocupar Rusia dentro de la FIDE.
Malcolm Pein reclamó que Rosenstein adopte una posición más firme respecto de la participación de jugadores rusos y de las actividades de la Federación Rusa de Ajedrez en los territorios ocupados de Ucrania.
Consultado sobre el tema, Rosenstein respondió que, en un escenario ideal, todos los jugadores deberían competir bajo la bandera de su país, aunque recordó que la Federación Rusa se encuentra alcanzada por una resolución del Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS), que ordenó su suspensión temporal por organizar competencias en territorios ucranianos ocupados.
El desafío de transparentar el ajedrez mundial
Para muchos referentes del ajedrez internacional, la elección definirá mucho más que un cambio de autoridades.
El reconocido entrenador danés Peter Heine Nielsen, colaborador del excampeón mundial Magnus Carlsen, considera que Dvorkovich continúa siendo el favorito, aunque reconoce que existe un creciente deseo de renovar la conducción de la FIDE.

Nielsen resume una preocupación cada vez más extendida dentro del ambiente ajedrecístico: el deporte sigue creciendo en popularidad, pero persisten interrogantes sobre el origen de buena parte de su financiamiento.
«Jugadores, dirigentes y aficionados disfrutan de grandes torneos y eventos, pero la mayoría prefiere no preguntarse de dónde proviene el dinero», advirtió.
Las elecciones de septiembre marcarán, así, un momento clave para definir si la FIDE mantiene el modelo de conducción que la ha caracterizado durante los últimos años o inicia una etapa orientada hacia una mayor transparencia, independencia económica y equilibrio geopolítico.







