La estética dialéctica de Karel Kosik

Muertos Joseph Stalin y el stalinismo (entre las dos caídas media cierto tiempo), en los países socialistas del este europeo comenzaron a florecer trabajos de pensadores que estaban ocultos o silenciados antes. En Polonia, los de Adam Schaff y Leszek Kolakowski; en Alemania Oriental el grupo de Ernst Bloch y sus discípulos; mientras en Hungría el peso de Georg Lukács, Jozsef Revai, Béla Fogarasi reclinaron la balanza hacia artistas, poetas, narradores, gentes de teatro.

Karel Kosik es un filósofo checo cuyos trabajos se difunden con mayor repercusión en las décadas del 60 y 70, y se apoyan en los inéditos en vida de Carlos Marx, los Manuscritos de 1844 y sobre todo los célebres Grundrisse (Grundrisse der Kritik der politischen Oekonomie) (1859) y los trabajos preparatorios de El Capital, de 1862-63. En tal sentido, preconiza Kosik la continuidad esencial de preocupaciones filosóficas de los Manuscritos respecto de temas como la alienación, el hombre total, la dialéctica sujeto-objeto, la relación entre necesidad y libertad. Sin esa elaboración filosófica, sostiene Kosik, El Capital sería incomprensible.

Nacido en Praga en 1926 y fallecido en la misma ciudad en 2003, como militante del Partido Comunista de Checoslovaquia participó activamente en la lucha clandestina contra el nazismo. Después de liberado su país, realizó estudios filosóficos en Moscú y Leningrado, y estudió Filosofía y Sociología en la Universidad Carolina de Praga. Desde 1953 trabajó en el Instituto Filosófico de la Academia de Ciencias checa. En 1956 se dio a conocer con un artículo crítico sobre Hegel, en una discusión sobre la filosofía marxista y suscitó, a su vez, agudas objeciones. En 1958 publicó un volumen de carácter histórico: La democracia radical checa. Más tarde participó en el Coloquio Internacional de Royaumont sobre la dialéctica, con una intervención que hoy constituye el primer capítulo de su libro más conocido, Dialéctica de lo concreto, y que fue publicada originariamente en la revista italiana Aut, en 1961. En 1963 asistió al XIII Congreso Internacional de Filosofía, celebrado en México, donde presentó una importante comunicación: “¿Wer ist der Mensch?” (“¿Quién es el ser humano?”), provocando un enorme interés y acalorados comentarios no sólo entre los filósofos checos, sino en los medios intelectuales más diversos. Posteriormente, en 1964, participa en un coloquio del Instituto Gramsci, de Roma, sobre Moral y Sociedad (junto a Jean Paul Sartre, Roger Garaudy, Galvano Della Volpe, Cesare Luporini), donde da a conocer una brillante ponencia titulada “Dialéctica de la moral y moral de la dialéctica”, y pronuncia una conferencia sobre “La razón y la historia” en la Universidad de Milán.

Kosik participó activamente en la Primavera de Praga; de allí en adelante, perdió sus cargos como docente y no apareció más públicamente hasta 1989, aunque siguió escribiendo en privado. El 25 de abril de 1975 había sido allanada su casa y la policía política incautado manuscritos inéditos suyos, entre los cuales estaban las obras De la práctica y De la verdad. No fue sino hacia 1990 que volvió a la universidad, donde dictó conferencias hasta 1992. Cuando su visita a México, joven todavía, destacó Adolfo Sánchez Vázquez: “Estábamos, efectivamente, ante una de las obras más ricas en pensamiento, más sugerentes y atractivas que conocíamos en la literatura marxista”.

Ya en trabajos no exactamente dedicados al arte sino en el Encuentro en el Instituto Gramsci, inicia su intervención diciendo: “Bien conocido es, por ejemplo, que la teoría de Plejánov sobre el arte nunca alcanzó el análisis propiamente dicho del arte ni la determinación de la esencia de una obra de arte, sino que se agotó en una descripción prolija de sus condiciones sociales /…/ En realidad, nunca superó el estadio preparatorio, y ello, no por haber carecido de tiempo, sino por el hecho de que su punto de partida filosófico no le permitía penetrar en los problemas mismos del arte. Sus fatigosas investigaciones de las condiciones sociales y de un equivalente económico señalaban, no un comienzo que permitiese ir más lejos y más hondo, sino una limitación interior que el estudio nunca podía superar”.

Kosik penetra, siempre con mirada crítica, en cuestiones capitales del marxismo y, en primer lugar, en la cuestión del verdadero papel de la economía. Contribuye a poner las cosas en claro partiendo de la distinción marxista esencial entre estructura económica y factor económico, distinción que corresponde a la que otros subrayan entre papel determinante y papel principal de lo económico. Él aclara que la estructura económica, y no un supuesto “factor económico” (“concepto sociológico vulgar, extraño al marxismo”), constituye la clave de la concepción materialista de la historia. La distinción citada le sirve, a su vez, tanto para rechazar todo reduccionismo (del arte, por ejemplo) a lo económico, como para fundamentar el primado de la economía.

En su libro Dialéctica de lo concreto, Kosik se ocupa en dos ocasiones del arte. Una vez, lo hace al rechazar la reducción, de origen plejanoviano, del arte a las condiciones sociales (búsqueda de su “equivalente social”), y otra, al abordar, en un terreno distinto del gnoseológico en el que lo abordó Lenin, la dialéctica de lo absoluto y lo relati

o. Ante una concepción historicista de las relaciones entre obra de arte y situación dada, enfrenta la conocida cuestión de cómo y por qué sobrevive aquélla a su época. En esta vital cuestión, que Marx planteó dejando en suspenso la solución, Kosik nos ofrece respuestas esclarecedoras. También al examinar el problema de las relaciones entre lo genéricamente humano y la realidad humana históricamente dada.

Específicamente, del trabajo artístico sostiene el carácter dialéctico de la praxis artística: “En la sociedad capitalista moderna el elemento subjetivo de la realidad social ha sido separado del objetivo, y los dos se alzan el uno contra el otro, como dos sustancias independientes: cual subjetividad vacía de un lado y como objetividad cosificada de otro. Aquí tienen su origen estas mistificaciones: por una parte el automatismo de la situación dada; por otro la psicologización y la pasividad del sujeto. Pero la realidad social es infinitamente más rica y concreta que la situación dada y las circunstancias históricas, porque incluye la praxis humana objetiva, la cual crea tanto la situación como las circunstancias”. /…/ “Un templo griego, una ca­tedral medieval, o un palacio renacentista, expresan la realidad, pero a la vez crean esa realidad. Pero no crean solamente la reali­dad antigua, medieval o renacentista; no sólo son elementos constructivos de la reali­dad correspondiente, sino que crean como perfectas obras artísticas una realidad que so­brevive al mundo histórico de la Antigüedad, del Medioevo y del Renacimiento. En esa supervivencia se revela el carácter específico de su realidad”.

Mario Goloboff es escritor y docente universitario.

Fuente Paguina 12, Argentina

Por Mario Goloboff

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