La economía entra en una zona de tensión y el Gobierno apuesta a que el último trimestre cambie el escenario

Pobreza, actividad económica, confianza en el Gobierno y riesgo país muestran señales de deterioro. En la Casa Rosada admiten la preocupación, aunque sostienen que septiembre y octubre podrían mostrar un repunte. Mientras tanto, el oficialismo busca preservar el rumbo económico y ordenar su estrategia política de cara a 2027.

Los últimos datos económicos configuraron un escenario incómodo para el Gobierno de Javier Milei. La administración libertaria sostiene que el programa económico mantiene sus fundamentos y que algunos indicadores adelantados permiten esperar una recuperación durante los próximos meses, pero las cifras conocidas recientemente exhibieron una combinación difícil de ignorar: aumento de la pobreza, retroceso de la actividad, caída de la confianza y una fuerte tensión en los mercados financieros.

La pobreza alcanzó el 32,3% durante el primer semestre de 2026, 4,1 puntos porcentuales por encima del período anterior, mientras que la indigencia trepó al 7,5%. El dato interrumpió la mejora que se había registrado después del pico alcanzado durante el primer semestre de 2024.

A esa situación se sumó el comportamiento de la actividad económica. El dato de julio mostró una contracción interanual del 1,4%, con retrocesos importantes en sectores como comercio e industria, aunque otras actividades, entre ellas minería, continuaron creciendo.

En paralelo, el Índice de Confianza en el Gobierno elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella cayó 5,9% en septiembre, hasta 1,94 puntos, una de las mediciones más bajas de la administración Milei.

El mercado también aportó una señal de tensión. El riesgo país llegó a superar los 600 puntos durante varias jornadas consecutivas antes de registrar una mejora, en un contexto de presión sobre los bonos argentinos.

La apuesta oficial: esperar el rebote

Dentro del Gobierno existe, sin embargo, una lectura diferente sobre lo que puede ocurrir durante el último trimestre del año. Algunos economistas cercanos a la Casa Rosada consideran que los datos actuales todavía no reflejan completamente el comportamiento de septiembre y que determinados indicadores adelantados permitirían esperar una recuperación.

La hipótesis oficial es que el consumo durable, el crédito hipotecario y los préstamos prendarios podrían convertirse en algunos de los motores de ese eventual repunte. En esa interpretación, agosto habría mostrado una recuperación parcial de la actividad y septiembre podría profundizarla.

El Palacio de Hacienda rechaza, además, la posibilidad de que las cifras actuales permitan hablar automáticamente de una recesión. Desde Economía sostienen que la medición técnica de dos trimestres consecutivos de caída no alcanza para describir toda la dinámica de una economía y destacan la existencia de indicadores que podrían anticipar una recuperación.

El Gobierno insiste así en una idea central: el programa económico no será modificado en su orientación general. No existe, al menos por ahora, una decisión de abandonar el esquema de equilibrio fiscal, disciplina monetaria y desregulación que constituye el núcleo de la política económica de Milei.

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El problema no es solamente económico

La dificultad para el Gobierno no está exclusivamente en los números. También aparece una cuestión política y comunicacional: cómo administrar un escenario de indicadores contradictorios y, al mismo tiempo, sostener una narrativa coherente sobre la evolución de la economía.

La Casa Rosada considera que algunos datos macroeconómicos pueden mejorar durante los próximos meses, pero reconoce que el desafío será lograr que esa eventual recuperación se traduzca en expectativas sociales y políticas.

En ese punto aparece uno de los principales problemas internos del oficialismo: las diferencias entre distintos sectores de la administración.

Las tensiones entre funcionarios vinculados con los Caputo y los Menem, por ejemplo, quedaron expuestas durante las discusiones alrededor del proyecto de emergencia en discapacidad y su impacto fiscal. Más allá de ese episodio específico, las diferencias entre dirigentes con capacidad de decisión complican la elaboración de una estrategia política y comunicacional unificada.

El Gobierno enfrenta así una doble tarea: administrar la economía y, simultáneamente, construir un relato político capaz de explicar por qué los indicadores negativos actuales no deberían interpretarse como un fracaso del programa.

El Gobierno mantiene el rumbo

En Hacienda sostienen que la economía argentina también está recibiendo el impacto de factores externos, especialmente el comportamiento de los precios internacionales de la energía y de las tasas de interés.

La interpretación oficial es que Argentina tiene una posición relativamente favorable frente a esos shocks debido a su capacidad creciente como productor de energía y alimentos. Pero incluso dentro del Gobierno admiten que los cambios en el escenario internacional tienen costos y que parte de esos efectos terminan trasladándose a la economía doméstica.

La cuestión central será determinar si la expansión de sectores como energía, minería y exportaciones puede compensar la debilidad de actividades más directamente vinculadas con el consumo interno.

Ese interrogante se vuelve particularmente importante porque el programa económico apuesta a que el crecimiento termine consolidándose sin recurrir a un esquema de estímulo fiscal tradicional.

El riesgo político entra en la ecuación

Luis Caputo también colocó el escenario político entre los factores que pueden condicionar las decisiones de inversión. En distintas intervenciones públicas, el ministro destacó la importancia del orden macroeconómico y señaló que la incertidumbre vinculada con el escenario electoral de 2027 puede generar cautela entre los inversores.

En ese marco, el Gobierno profundizó durante los últimos días su confrontación discursiva con Axel Kicillof.

La estrategia es explícita: presentar al gobernador bonaerense como el principal representante de un modelo económico alternativo al de Milei. Se trata de una construcción política que busca trasladar al debate electoral la discusión sobre qué modelo económico debería prevalecer en Argentina.

Las afirmaciones oficiales sobre el denominado “riesgo Kicillof” deben entenderse, sin embargo, como parte de la estrategia discursiva del Gobierno y no como una explicación única de la evolución de los mercados. El riesgo país ya venía registrando una tendencia ascendente antes de las últimas intervenciones públicas del gobernador bonaerense.

París: economía y política en una misma agenda

La llegada de Milei a París agrega otra dimensión al escenario. El Presidente participa de la Argentina Week acompañado por una delegación de 13 gobernadores, en un encuentro cuyo objetivo principal es promover inversiones y proyectos argentinos ante empresarios europeos.

Pero la visita tiene también una dimensión política doméstica.

Según distintas fuentes, Milei y el jefe de Gabinete, Diego Santilli, aprovecharán el encuentro con los gobernadores para avanzar en conversaciones sobre el Presupuesto 2027 y la reforma electoral, particularmente alrededor del futuro de las PASO.

Los gobernadores que participan son Jorge Macri, Rolando Figueroa, Ignacio Torres, Alberto Weretilneck, Claudio Vidal, Alfredo Cornejo, Rogelio Frigerio, Gustavo Sáenz, Juan Pablo Valdés, Leandro Zdero, Carlos Sadir, Marcelo Orrego y Raúl Jalil. Llegarán a Francia por separado y se encontrarán allí con la delegación presidencial.

El objetivo político es relevante porque esos mandatarios tienen influencia sobre legisladores del Senado. De acuerdo con las fuentes consultadas por medios argentinos, el oficialismo busca construir acuerdos que le permitan avanzar con sus proyectos legislativos, aunque todavía existen diferencias entre los propios gobernadores sobre el destino de las primarias.

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Un trimestre decisivo

El Gobierno llega al último tramo del año con una apuesta definida: sostener el programa económico, esperar una mejora de la actividad y evitar que los indicadores adversos se transformen en una crisis de expectativas.

La dificultad está en que las señales son contradictorias. Mientras las exportaciones, la energía y algunos sectores estratégicos ofrecen perspectivas favorables, el consumo, la actividad de determinados sectores y los indicadores sociales muestran una realidad más compleja.

La propia Casa Rosada reconoce que los próximos meses serán políticamente exigentes. La eventual recuperación económica deberá producirse en un contexto de elevada sensibilidad de los mercados, discusiones internas dentro del oficialismo y creciente anticipación del escenario electoral de 2027.

En ese escenario, París será mucho más que una escala diplomática. Milei buscará allí inversiones, pero también una fotografía política con gobernadores de distintos espacios y un mensaje de previsibilidad hacia los mercados internacionales. La Argentina Week aparece como una oportunidad para mostrar recursos, proyectos y respaldo territorial al programa económico.

El resultado de esa estrategia dependerá menos de los discursos que de los números que comiencen a aparecer durante octubre y noviembre. Si la actividad efectivamente rebota, el Gobierno tendrá argumentos para defender su diagnóstico. Si los indicadores continúan deteriorándose, la discusión sobre el rumbo económico ocupará un lugar cada vez más difícil de administrar políticamente.

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