En los círculos empresarios ya no se habla del presente, sino del futuro inmediato. Las elecciones de 2027 se instalaron con fuerza en la agenda, aun cuando falte más de un año y medio. Cada movimiento político empieza a leerse en clave electoral, y quienes aspiran a competir comenzaron, sin disimulo, su proceso de seducción. Porque en política, más temprano que tarde, toda ambición necesita financiamiento.
En ese tablero en formación, el ex titular de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, intenta construir una alternativa dentro del peronismo. Su estrategia incluye acercar posiciones con el banquero Jorge Brito y promover una interna que lo mida con el gobernador bonaerense, Axel Kicillof.
En paralelo, el exgobernador de San Juan, Sergio Uñac, también comenzó a mover sus fichas. Con señales iniciales de respaldo del kirchnerismo, aprovechó su paso por Buenos Aires para tejer vínculos con actores clave del sector privado. Son, por ahora, ensayos preliminares, tanteos en un escenario todavía abierto pero en aceleración constante.
Mientras tanto, el oficialismo busca recuperar la iniciativa política en medio de tensiones y desgaste. A pesar de las dificultades, el presidente Javier Milei sigue siendo, hoy, un candidato competitivo para la reelección. Sin embargo, incluso dentro del Gobierno reconocen que la dinámica política y económica es menos previsible de lo que sugerían los resultados electorales recientes.
La administración enfrenta, además, frentes abiertos que condicionan su agenda. El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, reapareció públicamente tras semanas de bajo perfil, en medio de cuestionamientos judiciales y políticos. Su reactivación coincide con la necesidad del oficialismo de mostrar cohesión interna y sostener la iniciativa legislativa.
En el plano económico, las señales son mixtas. La inflación mayorista volvió a acelerarse en marzo, mientras el Ministerio de Economía, encabezado por Luis Caputo, negocia financiamiento externo para afrontar compromisos de deuda en los próximos meses. Al mismo tiempo, el Gobierno avanza con medidas de desregulación y ajuste, como la reducción de servicios del INTI, en línea con su programa de reforma del Estado.
Todo ocurre bajo una lógica que ya se impone: el tiempo político se adelantó. Empresarios, dirigentes y operadores actúan como si 2027 estuviera a la vuelta de la esquina. En ese clima, las alianzas empiezan a definirse no tanto por afinidad ideológica, sino por viabilidad electoral y capacidad de financiamiento.
La campaña, aunque no declarada, ya empezó. Y como suele ocurrir, se juega primero en los márgenes del poder antes de hacerse visible en la superficie.







