La apreciación del peso reabre el debate sobre competitividad, importaciones y el futuro del ancla cambiaria

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La combinación entre una inflación que continúa elevada y una baja sostenida del tipo de cambio oficial generó en las últimas semanas una marcada apreciación del peso. El fenómeno, que impacta de lleno en la competitividad externa, reavivó el debate entre economistas sobre sus efectos en el comercio exterior, la actividad y la sostenibilidad del esquema cambiario vigente.

En lo que va del año, el dólar mayorista retrocedió $56, lo que representa una caída cercana al 3,8% respecto del valor registrado el 31 de diciembre. En paralelo, la inflación de enero fue del 2,9%, según el INDEC, y las estimaciones privadas para febrero ubicaron la suba de precios entre 2,5% y 3%. Esta dinámica, con un tipo de cambio nominal descendente y precios internos en alza, derivó en un fortalecimiento real de la moneda local.

Distintos análisis privados muestran que el tipo de cambio real bilateral frente a Estados Unidos, la Eurozona y Brasil se ubica en niveles bajos en comparación con las últimas dos décadas. Con un dólar en torno a $1.380, el valor actual queda muy por debajo de los picos registrados entre 2018 y 2020 y también del salto observado en 2023. A valores constantes, el billete estadounidense llegó a tocar los $1.545 en septiembre de 2025, tras un período de atraso cambiario en los primeros meses de la administración de Javier Milei.

En términos multilaterales, el índice que mide la competitividad frente a los principales socios comerciales alcanzó mínimos no vistos desde mediados del año pasado. Frente al euro, el tipo de cambio real se ubica en una zona media-baja del rango histórico, mientras que respecto del real brasileño se aproxima a los valores más reducidos de la serie, marcando una apreciación significativa frente al principal socio del Mercosur.

Este escenario tiene implicancias directas. Un peso más fuerte abarata las importaciones y encarece los costos internos medidos en dólares, lo que puede desalentar exportaciones, especialmente en sectores con mayor valor agregado. Además, impacta en la recaudación vinculada a derechos de exportación y modifica los incentivos productivos.

Algunos analistas señalan que el contexto internacional también influye. En lo que va del año, Brasil y México registraron apreciaciones de sus monedas en torno al 4%, mientras que en Argentina la mejora del peso fue cercana al 7%. Sin embargo, advierten que, en términos históricos desde 2002, el nivel actual del tipo de cambio real reflejaría un atraso significativo.

Desde una perspectiva macroeconómica, un peso apreciado podría contribuir a moderar la inflación a través del abaratamiento de bienes importados, aunque al mismo tiempo presiona sobre la producción local y el empleo industrial. También podría favorecer a socios comerciales que buscan colocar productos en el mercado argentino en un contexto de menores barreras de costos.

No obstante, hay un factor que atenúa el efecto expansivo sobre las importaciones: la desaceleración de la actividad. A pesar de la apreciación cambiaria, las compras externas de bienes muestran una tendencia descendente desde octubre, en paralelo con la caída del nivel de actividad, particularmente en la industria. La menor demanda interna y el freno en inversiones actúan como contrapeso.

En enero, Argentina registró un superávit comercial cercano a los 2.000 millones de dólares. El resultado respondió tanto al impulso de exportaciones de trigo y manufacturas industriales como a una nueva caída mensual en importaciones, concentrada en bienes de capital y de consumo, afectados por un elevado stock acumulado tras el ciclo de compras previo a las elecciones legislativas.

En el frente exportador, el impacto de la apreciación no es homogéneo. En sectores primarios como la soja y sus derivados, o en energía, el precio internacional del commodity suele tener mayor incidencia que el tipo de cambio local. En el caso del petróleo, por ejemplo, la recuperación del precio internacional alivió parte de la presión que había generado su caída por debajo de los 60 dólares el barril.

Distinta es la situación para industrias que producen bienes con mayor valor agregado y compiten directamente con importaciones, especialmente en el comercio con Brasil y China. Allí, la combinación de costos internos elevados y productos importados relativamente más baratos puede profundizar las dificultades para sostener márgenes y participación de mercado.

De cara a los próximos meses, el interrogante central gira en torno al ancla cambiaria, uno de los pilares del programa económico oficial. Mientras el Gobierno apuesta a sostener el esquema como herramienta para contener la inflación, los economistas advierten que el equilibrio entre estabilidad de precios, competitividad externa y recuperación de la actividad será clave para determinar si la apreciación actual se consolida o si se abre paso a una corrección cambiaria más adelante.

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