Dejó una obra innovadora, repleta de imaginación y reflexión, además de pensamientos sobre la lectura que conservan hoy una sorprendente vigencia
Pocas frases condensan tan bien el poder de la literatura como la que dejó escrita Julio Cortázar en una breve nota que acompañaba su novela Los premios: “Los libros van siendo el único lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo”.
Nacido en Bruselas en 1914 y criado en Argentina, Cortázar es una de las figuras más influyentes de la literatura en español del siglo XX. Su nombre está asociado a títulos imprescindibles como Rayuela, Bestiario o Todos los fuegos el fuego, obras que transformaron la manera de entender la narrativa y ampliaron los límites de lo que podía contar una historia.
Su literatura se caracterizó por mezclar lo cotidiano con lo extraordinario. Para Cortázar, lo fantástico no era una ruptura con la realidad, sino una parte más de ella. Consideraba que la vida escondía posibilidades inesperadas capaces de aparecer en cualquier momento, una visión que trasladó a muchos de sus relatos y que terminó convirtiéndose en una de sus señas de identidad más reconocibles.
Esa forma de mirar el mundo también explica el valor que otorgaba a los libros. La lectura representaba para él un espacio de libertad, reflexión y descubrimiento. Su célebre frase sobre los libros como refugio no alude únicamente a la tranquilidad física, sino también a la capacidad de la literatura para abrir nuevas perspectivas cuando la realidad parece limitarse a lo inmediato.
Historia de las letras universales
La publicación de Rayuela en 1963 marcó un punto de inflexión en la literatura hispanoamericana. La novela rompió con las estructuras tradicionales al permitir diferentes recorridos de lectura y convertir al lector en un participante activo de la obra. A través de personajes como Horacio Oliveira y la Maga, Cortázar exploró cuestiones como la búsqueda de sentido, el amor, la libertad y el conflicto entre la razón y la intuición.
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Aunque es recordado principalmente por sus novelas y cuentos, también cultivó la poesía, el ensayo y la crítica literaria. Defendía una escritura libre de rigideces y desconfiaba de las etiquetas excesivamente solemnes. Para él, la literatura debía conservar la capacidad de sorprender, emocionar y conectar con la experiencia cotidiana de las personas.
Su compromiso con la realidad social también ocupó un lugar importante en su trayectoria. Durante buena parte de su vida apoyó distintas causas políticas y de derechos humanos, convencido de que la literatura podía dialogar con los grandes debates de su tiempo sin perder su valor artístico. Ese equilibrio entre creación y compromiso fue una preocupación constante en sus últimos años.
Más de cuatro décadas después de su muerte en París, en 1984, la obra de Julio Cortázar continúa siendo objeto de estudio, lectura y admiración. Sus libros siguen encontrando nuevos lectores y muchas de sus reflexiones mantienen una sorprendente actualidad. Entre todas ellas, aquella que convierte a los libros en un refugio dentro del hogar conserva una fuerza especial: una invitación a detenerse, abrir una página y descubrir que la literatura sigue siendo uno de los mejores lugares para habitar.







