Jean-Paul Sartre, el máximo exponente de la filosofía existencialista

La polifacética figura de Jean-Paul Sartre ha pasado a la historia como el máximo exponente del humanismo marxista y del existencialismo ateo. Este filósofo, dramaturgo, activista, periodista político y escritor, nacido en París el 21 de junio de 1905, condensó su pensamiento en una obra en la que sus ideas sobre el Yo y la sociedad fueron claves para el devenir de la psicología. Sartre fue toda su vida un hombre coherente con su pensamiento y sus principios ideológicos, tanto que incluso llegó a rechazar el premio Nobel de Literatura y tomó las armas para luchar por la liberación de Argelia.

l pensamiento filosófico de Sartre sentó las bases de una nueva corriente: la humanista-existencial, y su postura, basada en la responsabilidad del ser humano por encima de sus actos, el autoconocimiento y su famosa idea de “pienso luego soy”, marcarían un antes y un después en la literatura existencialista mundial.

Simone de Beauvoir y Sartre, una relación fundamental

El pequeño Jean-Paul perdió muy pronto a su padre, Jean-Baptiste Sartre, que era oficial naval, a causa de unas fiebres. El niño recibiría a partir de entonces una educación poco acorde para su edad. Su abuelo le enseñó matemáticas, su madre lo introdujo en la literatura clásica, mientras que Albert Schweitzer, un primo hermano de su madre y premio Nobel de la Paz, lo inició en la filosofía, disciplina que lo atrajo definitivamente cuando leyó Essai sur les données immédiates de la conscience (Ensayo sobre los datos inmediatos de la consciencia), de Henri Bergson. Jean-Paul Sartre estudiaría en la elitista École Normale Supérieure de París, donde se doctoró en Filosofía. En esa época conoció a Simone de Beauvoir, con la que entablaría una gran amistad, hasta el punto de que acabó convirtiéndose en su compañera de vida y una aliada intelectual indispensable.

Estudió en la elitista École Normale Supérieure de París, época en la que conoció a Simone de Beauvoir.

Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre en Beijing el 1 de octubre de 1955.

Foto: PD

Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), Sartre sirvió en ejército francés como meteorólogo y fue capturado por los alemanes en Padoux, pasando nueve meses como prisionero en Nancy y posteriormente en un campo de prisioneros de Tréveris. En aquella época escribía a diario y descubrió la obra de Martin Heidegger, un filosofo que se convertiría en una gran influencia para él. Finalmente, a causa de su mala salud y de su exotropía divergente (estrabismo), una patología que afectaba a su equilibrio, Sartre fue liberado; otras fuentes, sin embargo, afirman que en realidad escapó tras una visita al oftalmólogo.

Sea como fuere, de nuevo en París Sartre participó en la fundación de un grupo clandestino llamado Socialisme et Liberté (“Socialismo y Libertad”) junto con Simone de Beauvoir, Maurice Merleau-Ponty, Jean-Toussaint Desanti y algunos estudiantes de la École Normale. Durante la primavera de 1941, Desanti sugirió que el grupo fuese un paso más allá y acabase con la vida de destacados colaboradores de la guerra como Marcel Déat, pero Beauvoir rechazó enérgicamente aquella propuesta argumentado que “ninguno de nosotros se sentía capacitado para fabricar bombas o lanzar granadas”.

Sartre y la defensa de la Unión Soviética

En los años posteriores a la guerra, Sartre escribió algunas de sus obras más famosas. En 1943, publicó El ser y la nada, y en su obra de 1948 Les mains sales (Manos sucias), Sartre exploró el problema de ser un intelectual políticamente “comprometido”. De hecho, abrazó el marxismo, aunque nunca se afilió al Partido Comunista Francés. Asimismo, a finales de la década de 1940, Sartre definió al nacionalismo francés de “provinciano” y en un ensayo publicado en 1949 reclamó unos “Estados Unidos de Europa”. En este sentido, aquel mismo año escribía para la revista Politique étrangère: “Si queremos que la civilización francesa sobreviva, debe encajar en el marco de una gran civilización europea. ¿Por qué? He dicho que la civilización es la reflexión sobre una situación compartida. En Italia, en Francia, en el Benelux, en Suecia, en Noruega, en Alemania, en Grecia, en Austria, en todas partes encontramos los mismos problemas y los mismos peligros […] una política que defiende la autonomía cultural de Europa frente a América y la Unión Soviética, pero también su autonomía política y económica, con el objetivo de hacer de Europa una fuerza única entre los bloques, no un tercer bloque, sino una fuerza autónoma que se negará a dejarse destrozar entre el optimismo americano y el cientificismo ruso”.

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A finales de la década de 1940, Sartre definió al nacionalismo francés de ‘provinciano’ y en un ensayo publicado en 1949, reclamó unos Estados Unidos de Europa.

Fotografia de Jean Paul Sartre tomada en el año 1962. Foto: Cordon Press

Por otro lado, Sartre sostenía que la Unión Soviética era un estado “revolucionario” que trabajaba para el progreso de la humanidad y que la única crítica que podía recibir era la de no estar a la altura de sus propios objetivos. También afirmaba que sus críticos debían entender que el Estado soviético necesitaba defenderse de un mundo hostil y justificaba la superioridad moral del bloque del Este, que consideraba necesaria “para mantener la esperanza”. El filósofo francés, Maurice Merleau-Ponty calificó a Sartre de “ultrabolchevique” por su negativa a aceptar ninguna crítica que tuviese como blanco a la Unión Soviética.

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Las ideas “libertarias” de Sartre

En 1954, tras la muerte de Stalin, Sartre viajó a la Unión Soviética, donde afirmó encontrar una “completa libertad de crítica”, al tiempo que condenaba a Estados Unidos por hundirse cada vez más en el “prefascismo”. El filósofo también escribió sobre todos aquellos autores soviéticos que habían sido expulsados de la Unión de Escritores Soviéticos argumentando con ironía que “todavía tenían la oportunidad de rehabilitarse escribiendo mejores libros”. Pero a veces las ideas de Sartre podían ser contradictorias, como por ejemplo cuando en 1956 criticó la invasión soviética de Hungría.

Sartre también escribió sobre todos aquellos autores soviéticos que habían sido expulsados de la Unión de Escritores Soviéticos.

Sartre en una protesta en favor de los argelinos que fueron arrestados y expulsados tras la manifestación contra el toque de queda en París el 17 de octubre de 1961. Foto: Cordon Press

Sartre destacaría también por ser un anticolonialista declarado. De hecho, desempeñó un papel destacado en la lucha contra el dominio francés en Argelia, criticando con firmeza el uso de la tortura y la construcción de campos de prisioneros que Francia habían levantado en el país norteafricano. Sartre se convirtió en partidario del FLN (Frente de Liberación Nacional) durante la guerra de Argelia y fue uno de los firmantes del Manifiesto de los 121, un texto que influiría profundamente en la evolución de la izquierda y de la extrema izquierda en Francia. En unas polémicas declaraciones realizadas en el año 1959, Sartre llegó a afirmar que “cada francés era responsable de los crímenes colectivos durante la Guerra de Independencia de Argelia”.

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Su rechazo al Premio Nobel

En 1960, Sartre publicó la que tal vez fuera su obra más importante, Crítica de la razón dialéctica, en la que el filósofo intentó unir existencialismo y marxismo. Ese mismo año, acompañado de Simone de Beauvoir, viajó a Cuba donde conoció a Fidel Castro y a Ernesto Che Guevara. Pocos años después, en 1964, Sartre anunció que renunciaba a la literatura en un relato ingenioso en el que narraba los diez primeros años de su vida, Les Mots (Las palabras). El libro es un irónico contraataque al novelista y crítico francés Marcel Proust, cuya reputación había eclipsado a la de André Gide (creador del modelo de littérature engagée en la que se basó la generación de Sartre). En octubre de mismo año, Sartre recibió el Premio Nobel de Literatura, pero lo rechazó voluntariamente argumentado que aceptarlo significaría acercarse más a uno de los dos bloques de la Guerra Fría, cuando su ambición, según declaró, era el entendimiento entre ambos.

En 1960, acompañado de Simone de Beauvior, Sartre viajó a Cuba donde conoció a Fidel Castro y a Ernesto Che Guevara.

Jean-Paul Sarte y Simone de Beavouir en un encuentro con Fidel Castro en La Habana. Foto: Cordon Press

En sus últimos años, Sartre perdió la visión del ojo izquierdo, algo que lo dejó ciego (la visión del derecho la había perdido a los cuatro años), tras sufrir una trombosis venosa a consecuencia de la hipertensión, y a los excesos con el alcohol y las drogas. Jean-Paul Sartre fallecería el 15 de abril de 1980, a los 74 años de edad, en el hospital de Broussais a consecuencia de un edema pulmonar. Fue enterrado cinco días después, rodeado de una inmensa multitud. Más de 20.000 personas acompañaron al ferétro del escritor en su último viaje hasta su lugar de descanso final, el cementerio de Montparnasse, en París, donde en 1986 se le uniría su amada Simone de Beauvoir.

Para saber más

Ensayo

La Náusea

Jean-Paul Sartre

Alianza Editorial, 2011

J. M. Sadurní

J. M. Sadurní

Fuente: Historia.

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