Gasoducto y competencia: la licitación que expuso la pérdida de competitividad de Techint

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La licitación para la provisión de caños del gasoducto de 480 kilómetros destinado a la exportación de gas natural licuado (GNL) dejó al descubierto algo más profundo que una derrota comercial para Techint, el holding industrial que conduce Paolo Rocca. La brecha de precios, la dinámica del proceso y la estructura real de costos del sector expusieron una pérdida de competitividad difícil de explicar únicamente bajo el argumento del dumping o la competencia desleal.

El proceso, que culminó con la adjudicación a la empresa india Welspun, fue presentado por algunos sectores como una amenaza a la industria nacional. Sin embargo, un análisis detallado de la licitación y de la cadena de producción de los caños revela un escenario distinto: el de una compañía local históricamente dominante que no logró ofrecer precios competitivos, aun controlando buena parte de su proceso productivo.

A esto se suma un dato clave que Tenaris, la filial de Techint que compitió en la licitación, evitó poner en el centro del debate: hay aspectos estructurales de su esquema productivo que debilitan sus principales argumentos frente a la competencia internacional.

La verdad incómoda sobre el origen de los caños

Uno de los ejes del reclamo de Techint fue el supuesto uso de insumos chinos por parte del proveedor ganador. Pero ese planteo omite un dato central: la chapa para la fabricación de caños de gasoductos no se produce en la Argentina.

Según pudo reconstruir este medio, la chapa que utiliza Tenaris para fabricar caños en el país es importada en su totalidad desde Brasil. El agregado de valor local, por lo tanto, es limitado: el proceso productivo en la Argentina se concentra en el plegado y la costura del caño, sin producción integral del insumo crítico.

Más aún, Tenaris adquiere esa chapa a Usinas Siderúrgicas de Minas Gerais (Usiminas), una empresa controlada por Ternium, la siderúrgica del propio grupo Techint. En términos económicos, el grupo se vende el insumo a sí mismo. Aun así, no logró ofrecer un precio competitivo frente a proveedores internacionales.

La propia estrategia global de Techint vuelve aún más endeble el argumento del dumping. En sus operaciones en Medio Oriente, Tenaris compra chapa en China sin que eso haya sido considerado un problema estratégico ni un caso de competencia desleal. La integración de cadenas globales es una práctica habitual incluso entre los grandes conglomerados industriales.

Welspun, por su parte, producirá los caños en la India y ejerció su derecho a adquirir la chapa en el mercado que resultara más competitivo para el proyecto, un criterio estándar en licitaciones internacionales de infraestructura.

Si el mero origen del insumo fuera prueba de dumping, buena parte de los productos industriales que ingresan o se fabrican en la Argentina quedarían bajo sospecha, desde autos hasta electrodomésticos. La discusión, en rigor, no pasa por la procedencia de los insumos, sino por el precio final, la calidad técnica y las condiciones comerciales.

Un proceso con amplia competencia internacional

Lejos de ser una licitación cerrada, el proceso evidenció un fuerte interés internacional por participar en proyectos energéticos vinculados a Vaca Muerta. En total, se recibieron ofertas de 15 proveedores de países como Argentina, España, China, India, Colombia, México, Japón, Grecia y Turquía.

Tras la evaluación técnica y la homologación bajo estándares internacionales, seis empresas avanzaron a la etapa final, entre ellas firmas argentinas, chinas e indias. Welspun, con presencia en 50 países y más de 30.000 empleados, presentó la oferta económicamente más competitiva entre todos los proveedores técnicamente habilitados.

No solo ofreció el menor precio, sino también mayor flexibilidad en las condiciones de pago y en las garantías, un factor decisivo en un proyecto de gran escala y estructura financiera ajustada.

Techint siempre corrió de atrás

La propuesta de Welspun rondó los u$s203 millones. La de Tenaris fue aproximadamente un 45% más cara, con una diferencia superior a los u$s90 millones. Incluso tras una mejora posterior, la empresa del grupo Techint apenas redujo su precio en un 5%, quedando todavía unos u$s80 millones por encima del proveedor ganador.

Las ofertas chinas, en tanto, también resultaron más caras que la india, pero se ubicaron por debajo de la de Tenaris: fueron alrededor de un 15% superiores a la que finalmente se adjudicó el contrato.

Los números son elocuentes. Aun con décadas de experiencia y controlando la provisión de la chapa, Techint no logró acercarse al mejor precio del mercado.

La adjudicación se definió el 23 de diciembre de 2025, tras la evaluación técnica, económica y financiera, y fue aprobada por unanimidad de los accionistas de Southern Energy. Recién al día siguiente, con la licitación ya cerrada, Tenaris presentó una nueva oferta fuera de plazo, que fue analizada pero considerada no competitiva: seguía siendo casi un 25% más cara.

El 6 de enero de 2026, más de dos semanas después de firmado el contrato, la empresa volvió a presentar otra propuesta, esta vez intentando igualar las condiciones comerciales de Welspun. La respuesta fue categórica: aceptar una oferta fuera de término hubiera sido incompatible con la integridad del proceso y con la igualdad de trato entre los oferentes.

Un argumento que pierde fuerza

El mensaje que deja la licitación es incómodo para Techint. El planteo de dumping aparece más como una reacción defensiva que como un argumento técnico sólido. Fuentes del sector explican que cuando una empresa controla buena parte de la cadena de valor, importa sus propios insumos y aun así queda fuera de competencia, el problema difícilmente sea externo.

En medio de la polémica, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, publicó un mensaje contundente en su cuenta de X. Allí advirtió que otorgar privilegios o derechos de preferencia tras una licitación desalienta la competencia futura y eleva los costos, además de dañar la credibilidad del país ante proveedores internacionales.

Sturzenegger sostuvo que respetar los contratos y las reglas de juego es clave para que Vaca Muerta despliegue su potencial y genere inversión, empleo y riqueza a largo plazo. El planteo, en el fondo, resume el dilema que expuso esta licitación: proteger posiciones históricas o construir una industria energética competitiva y abierta al mundo.

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