La decimoséptima edición del Filba culmina con una jornada cargada de propuestas que invitan a la participación activa y celebran la literatura en diálogo con otras artes. Desde la tarde del domingo 28 de septiembre, Buenos Aires se convierte en escenario de lecturas, talleres, caminatas y performances que reafirman al festival como un espacio de encuentro y creación colectiva.
La programación despliega actividades en varias sedes. A las 15:00, la Casa de la Cultura abre su patio con una biblioteca de intercambio de libros, mientras Florencia Gattari conduce en paralelo el taller de escritura “Tengo hasta ahí”, inspirado en el zuihitsu japonés. En el Salón Dorado se anuncia a los finalistas del concurso “Buenos Aires en 100 Palabras”, con la musicalización de El Príncipe Idiota y la conducción de Maru Drozd.
Luego, a las 16:00, habrá micrófono abierto para participantes y público, y también la caminata guiada “La invención de una literatura: el centro de Buenos Aires en el siglo XIX”, a cargo de Catalina Lascano y Santiago Llach. En simultáneo, Iosi Havilio propone una experiencia sensorial con “Meditación sónica + escritura empírica”.
Arthaus suma proyecciones, paneles y lecturas: desde “when when when” de lucia seles hasta “Contar una vida”, con Ricardo Strafacce, Gabrielle Boulianne-Tremblay y Santiago Craig. Más tarde, el panel “El otro, el monstruo”, con Mónica Ojeda y Luciana De Luca, indagará en lo monstruoso como metáfora de los miedos sociales. Carmen Cáceres, en tanto, ofrecerá un taller de collage como herramienta narrativa.
Entre los momentos destacados figuran las “Lecturas 1 a 1” de Daiana Henderson; el diálogo íntimo entre Adriana Lestido y Josefina Licitra; la lectura colectiva “Bitácoras del Filba” con autores internacionales; y la performance “El pueblo puede cambiar de nombre”, con Dani Zelko, Paula Trama, Daiana Henderson y María Alché.
El cierre, a las 20:00 en la terraza de Arthaus, llega con “Alrededor del fuego”: una fusión de literatura y música a cargo de Mäcä Monä Mu y Juan Solá, que propone celebrar lo comunitario, sembrando —como anuncia la consigna— “una semilla de ternura que nadie pueda negarse a regar”.







