Estados Unidos redefine su pirámide nutricional y reaviva el debate global sobre alimentación saludable

El secretario de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, Robert F. Kennedy Jr., junto con la secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, presentó la semana pasada una nueva guía alimentaria que redefine de manera sustancial el esquema tradicional de la pirámide nutricional y reabre el debate sobre qué significa comer saludable en el siglo XXI.

“El camino para que Estados Unidos vuelva a ser un país sano es priorizar alimentos integrales, densos en nutrientes, y reducir drásticamente los ultraprocesados”, afirmó Kennedy durante el lanzamiento. El funcionario, conocido por sus posturas controvertidas en materia de salud pública, colocó el concepto de “comida real” en el centro de la nueva estrategia nutricional.

La iniciativa tuvo eco en Argentina. El ministro de Salud, Mario Lugones, celebró la medida en redes sociales y destacó la coincidencia con la necesidad de promover hábitos alimentarios más saludables y de revisar de manera integral los ingredientes presentes en los productos ultraprocesados.

Si bien la nueva pirámide estadounidense no tiene impacto normativo directo en la Argentina, Marianela Aguirre Ackerman, vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN), explicó que puede influir tanto en el marketing de la industria alimentaria como en los patrones culturales de consumo, dada la gravitación simbólica de las guías estadounidenses a nivel global.

Una pirámide invertida y el foco en la “comida real”

La nueva propuesta organiza la alimentación en una pirámide invertida basada en tres grandes grupos:

  • Proteínas: ocupan el eje central de cada comida. Se priorizan fuentes de alta calidad nutricional, tanto animales como vegetales, acompañadas de grasas consideradas saludables.
  • Verduras y frutas: se recomienda una amplia variedad, en su forma original y con mínimo procesamiento. La guía sugiere tres porciones diarias de verduras y dos de frutas.
  • Granos integrales: se promueve el consumo de granos ricos en fibra y se desalienta de forma explícita la ingesta de carbohidratos refinados y altamente procesados.

Para Rocío Hernández, nutricionista y directora del posgrado en Nutrición Basada en Plantas de la Universidad Nacional de Rosario, el principal acierto de la guía es su claridad al señalar a los alimentos naturales como eje, en un contexto en el que la mayor parte de las calorías consumidas en Estados Unidos provienen de productos ultraprocesados.

Qué cambia respecto de las guías anteriores

La pirámide alimenticia clásica, implementada en 1992, organizaba cinco grupos de alimentos con los cereales en la base. En 2011, ese modelo fue reemplazado por MyPlate, que proponía un plato equilibrado con predominio vegetal. La nueva pirámide invertida rompe con ese esquema: las proteínas, los lácteos enteros y las grasas pasan a ocupar el centro visual.

Entre los principales cambios se destacan:

  • La proteína como eje de la dieta, con una recomendación de entre 1,2 y 1,6 gramos por kilo de peso corporal diario, muy por encima de las pautas previas.
  • La promoción del consumo de lácteos enteros.
  • La ausencia de una recomendación explícita de azúcares agregados, aunque se mantiene un umbral operativo menor al 10% de las calorías diarias.
  • Un énfasis mucho más marcado en evitar ultraprocesados, con menciones directas a colorantes, conservantes, edulcorantes y sabores artificiales.
  • La inclusión de manteca y grasa animal junto al aceite de oliva, en contradicción con décadas de recomendaciones para limitar las grasas de origen animal.

El debate sobre las proteínas y las grasas

Aguirre Ackerman advirtió una tensión entre el diseño gráfico de la pirámide —que jerarquiza alimentos de origen animal— y el texto explicativo, que mantiene el consenso de limitar las grasas saturadas a menos del 10% de las calorías diarias. La Escuela de Salud Pública de Harvard también señaló que el gráfico agrupa de manera confusa carnes y lácteos enteros con alimentos vegetales ricos en grasas saludables, sin aclarar frecuencias ni prioridades de consumo.

La Asociación Americana del Corazón expresó su preocupación por el riesgo de que las nuevas recomendaciones lleven a un consumo excesivo de sodio y grasas saturadas, factores clave en el desarrollo de enfermedades cardiovasculares.

En el mismo sentido, el cardiólogo Ariel Kraselnik recordó que la evidencia científica muestra de forma consistente mejores resultados en salud cardiometabólica y longevidad cuando se priorizan proteínas de origen vegetal frente a las animales.

El contraste con la política alimentaria argentina

En Argentina rige la Ley de Promoción de la Alimentación Saludable, orientada a identificar y desalentar el consumo de productos ultraprocesados mediante el sistema de etiquetado frontal. Para Ana Cáceres, presidenta de la Federación Argentina de Graduados en Nutrición, la norma está conceptualmente alineada con el énfasis de la nueva guía estadounidense.

Sin embargo, advirtió que los cambios introducidos en diciembre de 2024 en la interpretación del perfil de nutrientes permitieron que muchos productos dejaran de llevar sellos sin modificar su composición. “Hay una adhesión discursiva al mensaje de Estados Unidos, pero no una corrección efectiva de esas disposiciones”, señaló.

La nueva pirámide nutricional estadounidense, lejos de cerrar el debate, vuelve a poner sobre la mesa las tensiones entre ciencia, política, industria alimentaria y salud pública, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo.

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