Orígenes del Wokismo y su significado original
El término “woke”, que significa literalmente “despierto” en inglés, tiene sus raíces en la cultura afroamericana de las décadas de 1930 y 1940. En su uso original, se refería a la conciencia de las injusticias sociales, particularmente aquellas relacionadas con el racismo y la desigualdad. En ese contexto, estar “woke” significaba estar alerta frente a las estructuras de poder que perpetuaban la opresión.
En la segunda década del siglo XXI, el concepto evolucionó y se expandió para abarcar una mayor variedad de causas progresistas, desde el feminismo hasta la lucha contra la discriminación por orientación sexual, pasando por el cambio climático y los derechos de las comunidades indígenas. Se convirtió en un estandarte de justicia social y una respuesta a las desigualdades estructurales.
Sin embargo, este movimiento, que comenzó con principios nobles y una visión de igualdad, ha comenzado a enfrentar un fuerte rechazo. Este fenómeno ha sido particularmente evidente en Estados Unidos, donde se gestó el auge del wokismo, pero también en países como Argentina, donde sus principios han generado polémica y divisiones sociales.
El auge del Wokismo en Estados Unidos
En los Estados Unidos, el wokismo tuvo su apogeo durante los años 2010, especialmente con el crecimiento de movimientos como Black Lives Matter (BLM) y el #MeToo. Estos movimientos lograron avances significativos en el reconocimiento de los derechos civiles y laborales, generando debates nacionales sobre el racismo sistémico, el acoso sexual y otras formas de desigualdad.
Sin embargo, a medida que estas causas ganaban visibilidad, también comenzaron a surgir críticas hacia algunos sectores del movimiento. El concepto de “cultura de la cancelación” (“cancel culture”) se asoció con el wokismo, refiriéndose a la práctica de boicotear a figuras públicas o instituciones por opiniones o acciones consideradas ofensivas. Esto dio lugar a acusaciones de intolerancia hacia posturas disidentes y de promover una especie de “orden moral” inflexible.
En su intento por corregir las injusticias, algunos sectores del movimiento cayeron en excesos. Desde la eliminación de clásicos literarios por considerarlos ofensivos hasta la revisión de programas educativos, muchos ciudadanos percibieron que el wokismo había dejado de ser un movimiento de concienciación para convertirse en un instrumento dogmático que imponía una visión única de la realidad.
El wokismo en Argentina: importación y adaptación
En Argentina, el wokismo se adoptó en el contexto de debates sobre el feminismo, los derechos LGBTQ+ y la lucha contra el racismo. Movimientos como Ni Una Menos y las manifestaciones a favor del aborto legal reflejaron una toma de conciencia social sobre temas de género y derechos humanos.
No obstante, la implementación de las ideas asociadas al wokismo también generó tensiones. En algunos sectores, se percibió como una importación cultural ajena a las prioridades nacionales. Las críticas se intensificaron cuando discursos sobre “lenguaje inclusivo”, “deconstrucción” y “privilegios” comenzaron a dominar debates públicos, a menudo dejando de lado problemas estructurales como la pobreza o la inflación.
En particular, el lenguaje inclusivo fue uno de los puntos más controvertidos. Mientras algunos lo consideraron una herramienta necesaria para visibilizar a las minorías, otros lo vieron como un obstáculo para la comunicación efectiva y un ejemplo de las prioridades desfasadas de ciertos sectores progresistas.
La saturación y el rechazo
El rechazo al wokismo, tanto en Estados Unidos como en Argentina, puede explicarse por varios factores. En primer lugar, la percepción de que el movimiento ha adoptado una postura dogmática y polarizadora ha alienado a muchos que inicialmente simpatizaban con sus principios. Las acusaciones de “cancelación”, el tono moralista de algunos discursos y la tendencia a etiquetar cualquier crítica como “reaccionaria” han contribuido a esta alienación.
En segundo lugar, el wokismo parece haber llegado a un punto de saturación cultural. En su intento por abordar múltiples causas simultáneamente, el movimiento ha diluido su mensaje y ha generado la impresión de estar desconectado de las preocupaciones cotidianas de la mayoría de las personas. Esto es particularmente evidente en contextos como el argentino, donde los problemas económicos y sociales son apremiantes.
Finalmente, el wokismo también ha enfrentado críticas por desvirtuar sus principios originales. Lo que comenzó como un llamado a la igualdad y la justicia se ha transformado, para algunos, en una herramienta de imposición ideológica. En lugar de fomentar el diálogo, ciertos sectores han optado por la confrontación, lo que ha generado divisiones profundas en la sociedad.
Un futuro incierto
El wokismo enfrenta hoy el desafío de redefinirse y recuperar su esencia original. Para lograrlo, deberá encontrar un equilibrio entre la lucha contra las injusticias y el respeto por la pluralidad de opiniones. Asimismo, deberá enfocarse en prioridades claras y conectadas con las necesidades reales de las comunidades que busca representar.
Si bien es innegable que el wokismo ha generado avances significativos en la última década, también es evidente que su futuro dependerá de su capacidad para adaptarse, aprender de sus excesos y volver a ser un movimiento inclusivo en el sentido más amplio de la palabra. Solo así podrá superar la etapa de rechazo actual y reafirmarse como una fuerza de cambio positivo en las sociedades contemporáneas.