En la última década, el término “woke” ha pasado de ser un llamado a la concienciación sobre problemas sociales a convertirse en un concepto altamente polarizador que ha generado intensos debates en el ámbito político y cultural. A medida que la “política de cancelación” se ha extendido en algunos países, también ha provocado una fuerte reacción que ha impulsado el ascenso de partidos de derecha en diversas partes del mundo. Este artículo explora el significado original del movimiento woke, su implementación en políticas públicas y culturales, y cómo la reacción contra él ha redefinido el mapa político global.
El Origen del Movimiento Woke
El término “woke” surge en la comunidad afroamericana de Estados Unidos como un llamado a “despertar” frente a las injusticias raciales y sociales. Su uso inicial se vinculó con el movimiento por los derechos civiles y, posteriormente, con el activismo contra la violencia policial. Sin embargo, con el auge de las redes sociales y la creciente influencia de movimientos progresistas, el término se amplió para englobar un espectro más amplio de causas, como el feminismo, la diversidad de género, la equidad económica y la justicia climática.
El movimiento woke se consolidó como una postura que buscaba evidenciar y combatir las estructuras de opresión en la sociedad. No obstante, su rápida expansión y la radicalización de algunos de sus exponentes generaron tensiones con sectores que percibieron estas ideas como una amenaza a las libertades individuales y a la cultura tradicional.
La Política de Cancelación y su Implementación
La “política de cancelación” se refiere a la práctica de marginar, censurar o boicotear a personas o instituciones que expresan opiniones consideradas ofensivas o contrarias a los principios woke. Si bien inicialmente se aplicaba a figuras con antecedentes de racismo, sexismo o discriminación, con el tiempo su alcance se amplió, afectando a académicos, escritores, artistas y hasta políticos que cuestionaban determinados dogmas progresistas.
En países como Estados Unidos, Reino Unido y Canadá, la cultura de la cancelación se institucionalizó en universidades, medios de comunicación y el mundo corporativo. Empresas despidieron a empleados por publicaciones antiguas en redes sociales, profesores fueron sancionados por debatir temas sensibles y figuras públicas vieron su reputación destruida por simples desacuerdos ideológicos. Además, las plataformas digitales se convirtieron en un campo de batalla donde los linchamientos virtuales y las “campañas de cancelación” dejaron poco espacio para el debate.
El Efecto Boomerang: La Reacción Contra el Wokeismo
Lejos de consolidarse como un consenso social, la política de cancelación generó una fuerte resistencia que se tradujo en el ascenso de partidos de derecha y movimientos conservadores en todo el mundo. En Estados Unidos, el expresidente Donald Trump hizo de la lucha contra la “cultura woke” un pilar de su discurso político, lo que le permitió conectar con sectores que se sentían atacados por las nuevas normas culturales. En Europa, figuras como Giorgia Meloni en Italia y Marine Le Pen en Francia han capitalizado el descontento con lo que denominan “imposiciones ideológicas de la izquierda progresista”.
En países como Brasil y Argentina, la reacción contra el progresismo ha impulsado el ascenso de líderes que denuncian la “dictadura de lo políticamente correcto” y defienden valores tradicionales. Javier Milei, por ejemplo, ha construido gran parte de su discurso en contra del “marxismo cultural” y la “ideologización” de la educación y la política pública.
La resistencia al movimiento woke también se ha reflejado en cambios legislativos. En Estados Unidos, varios estados gobernados por republicanos han aprobado leyes que restringen la enseñanza de teorías racialistas en las escuelas y protegen la “libertad de expresión” en universidades. En el Reino Unido, el gobierno de Rishi Sunak ha criticado abiertamente las políticas de inclusión radicales y ha promovido una agenda enfocada en la “libertad de pensamiento”.
¿Un Fenómeno en Retroceso?
A medida que las críticas al movimiento woke se multiplican, algunos sectores progresistas han comenzado a replantear sus estrategias. Incluso figuras emblemáticas de la izquierda han alertado sobre los excesos de la cultura de la cancelación, argumentando que podría socavar la diversidad de pensamiento y fortalecer a sus opositores.
El debate en torno al wokeismo y la cancelación está lejos de resolverse. Mientras algunos lo ven como una necesaria corrección a injusticias históricas, otros lo perciben como una amenaza a la libertad individual. Lo que es innegable es que su impacto ha sido profundo, dando forma a una nueva dinámica política global donde la reacción contra él ha impulsado el ascenso de la derecha en numerosos países. La pregunta que queda es si el movimiento woke seguirá siendo una fuerza dominante o si su contragolpe político marcará su declive definitivo.