El error histórico forzado que repite Cristina Kirchner sobre la Revolución Francesa

Cristina Fernández de Kirchner insistió hoy en su conferencia magistral al recibir el doctorado Honoris Causa en la Universidad del Chaco Austral con reivindicar el antecedente directo  fundacional de la Revolución Francesa como base del sistema de división de poderes argentino, el que reivindica aunque en medio de críticas a la Justicia. No es la primera vez que la vicepresidente hace esa referencia a ese antecedente histórico como fundacional.

En rigor de verdad el ejemplo que los constitucionalistas argentinos tomaron, junto con la elaboración doctrinaria de Juan Bautista Alberdi (de quien Cristina hoy se confesó admiradora), podemos encontrarlo en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de 1776 y su posterior Constitución, que plasmó definitivamente la división de poderes, y no directamente en la Revolución Francesa de 1789 como le gusta citar al kirchnerismo. 

Es cierto que Montesquieu ya había dejado su huella, pero la diferencia esencial entre ambos momentos históricos fue que la revolución americana tuvo como objetivo directo el establecimiento de la libertad como modo de vida con un sistema de gobierno con división de poderes y controles y los franceses avanzaron con esos principios pero despues de un periodo de convulsión y terror. 

En lugar de  citar a Thomas Jefferson, expresidente de EEU,UU, padre fundador y redactor de la Declaración de Independencia de ese país, el kirchnerismo elige el antecedente francés que, si bien fijó parámetros de división de poderes e imperio de la voluntad  sobre la base de la libertad, igualdad y fraternidad, lo hizo en un primer tiempo en base a la aplicación del terror y los tribunales sumarios. Ademas, esta claro, nuestra tradición constitucional se enraiza primariamente con la estadounidense.

Quizás quede clara la diferencia cuando se la lee explicada directamente por Jefferson: «El primer principio de un buen gobierno es, ciertamente, una distribución de poderes en ejecutivo, judicial y legislativo, y una subdivisión de éste último en dos o tres ramas y agregaba: No luchamos por un despotismo electivo, sino por un tipo de gobierno que pueda estar cimentado sobre los principios de libertad, en el que los poderes del gobierno se dividan y equilibren… de tal manera que ninguno pudiera trascender sus límites legales sin que fuera efectivamente controlado y refrenado por los otros poderes», escribió el estadounidense. La diferencia, entonces, queda más que evidente.

Fuente: MDZ, Argentina.

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