A tres meses del estallido del conflicto en Medio Oriente —desencadenado el 28 de febrero tras una ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán— la guerra atraviesa una nueva fase de escalada militar, con enfrentamientos simultáneos en territorio iraní, tensiones crecientes en el estrecho de Ormuz y una intensificación de los bombardeos israelíes en el sur del Líbano.
La tensión aumentó este miércoles por la noche cuando fuerzas estadounidenses llevaron a cabo un nuevo ataque contra una instalación militar en el sur de Irán y, además, derribaron cuatro drones de ataque iraníes que, según Washington, habían sido lanzados contra embarcaciones militares norteamericanas en la región.
Se trató del segundo operativo militar estadounidense en apenas una semana, en una señal de que el conflicto lejos de moderarse comienza a expandirse sobre nuevos frentes estratégicos.
Medios estatales iraníes informaron que al menos tres explosiones se registraron al este de Bandar Abbas, una ciudad portuaria clave ubicada cerca del estrecho de Ormuz, uno de los corredores marítimos más sensibles del mundo para el comercio energético global.
Desde Washington, el Pentágono calificó la operación como un acto de “defensa propia”, argumentando que la ofensiva buscó neutralizar amenazas inmediatas contra personal y activos militares estadounidenses desplegados en la región.
La respuesta iraní y la tensión en el estrecho de Ormuz
La reacción de Teherán no tardó en llegar.
La Guardia Revolucionaria iraní aseguró haber atacado una base aérea estadounidense a las 4:50 de la madrugada, hora local (1:20 GMT), en represalia por la ofensiva norteamericana cerca del aeropuerto de Bandar Abbas.
Según un comunicado difundido por la agencia iraní Tasnim, el ataque respondió directamente a los bombardeos estadounidenses efectuados horas antes con proyectiles aéreos sobre instalaciones cercanas al puerto estratégico del sur iraní.
Aunque Irán evitó precisar la ubicación exacta de la base militar alcanzada, las autoridades iraníes informaron además haber bloqueado el paso de cuatro embarcaciones estadounidenses que intentaban atravesar el estrecho de Ormuz “sin autorización”.
El incidente profundiza la preocupación internacional sobre el futuro de este paso marítimo, por donde transita aproximadamente una quinta parte del petróleo comercializado a nivel mundial.
Israel intensifica los ataques en el Líbano
En paralelo, el conflicto regional volvió a recrudecer en la frontera norte de Israel.
Este jueves, bombardeos israelíes sobre el sur del Líbano dejaron decenas de víctimas, en medio de una ofensiva aérea lanzada durante la noche y coincidiendo con la festividad musulmana de Aíd al Adha.
La Agencia Nacional de Noticias del Líbano (ANN) informó que al menos seis integrantes de una misma familia —incluidos niños— murieron en un ataque con dron israelí sobre la localidad de Nabi Sari, entre Adloun y Sidón, cuando intentaban abandonar zonas bajo amenaza militar.
Los bombardeos también alcanzaron áreas urbanas en los distritos de Nabatieh y Tiro. En Nabatieh, aviones israelíes impactaron distintos puntos de la ciudad, incluidos sectores residenciales y una escuela.
El Ejército israelí sostuvo haber atacado cerca de 550 objetivos vinculados a Hizbulá durante la última semana, pese a que formalmente continúa vigente un acuerdo de alto el fuego entre ambas partes.
La escalada ya había sido anticipada por el primer ministro Benjamin Netanyahu, quien días atrás anunció una ampliación de las operaciones militares y la toma de nuevas “zonas estratégicas” para reforzar la seguridad israelí.
Las Fuerzas de Defensa de Israel confirmaron además la muerte de una soldado de 20 años durante un operativo en el norte del país.
Diplomacia bajo presión y temor en los mercados
Pese al agravamiento militar, los contactos diplomáticos no se han interrumpido.
Estados Unidos e Irán mantienen conversaciones indirectas para intentar poner fin al conflicto y negociar una eventual reapertura plena del estrecho de Ormuz, clave para la estabilidad energética global.
Este jueves se desarrolla en Washington una reunión entre el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, y el canciller pakistaní Ishaq Dar, quien cumple un rol de mediador entre ambas partes.
Al mismo tiempo, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció nuevas sanciones contra la Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico, acusándola de obtener beneficios económicos irregulares sobre el tránsito marítimo en la región.
El impacto de la incertidumbre ya comenzó a sentirse en los mercados internacionales: las principales bolsas asiáticas registraron pérdidas mientras el precio del petróleo volvió a subir ante el temor de una prolongación del conflicto y el retraso de un eventual acuerdo de paz.
Con múltiples frentes abiertos y señales de represalias cruzadas, el conflicto iniciado hace tres meses amenaza con consolidarse como una crisis regional de largo alcance, con consecuencias militares, energéticas y económicas cada vez más profundas.







