En Corea del Norte, aunque el divorcio está permitido, sigue siendo socialmente rechazado y ahora se enfrenta a medidas represivas extremas. El líder norcoreano, Kim Jong-un, ha vinculado el aumento de los divorcios con la baja natalidad, una situación que considera una amenaza al poder nacional. En un contexto donde las familias son proclamadas como “las células de la sociedad”, se ha implementado una nueva y más dura política: enviar a los excónyuges a campos de trabajo forzado tras separarse.
Penalización extrema por divorciarse
Según medios como Radio Free Asia y Daily North Korea, a partir de diciembre, todas las parejas que se divorcien serán enviadas a campos de reeducación laboral para “expiar sus crímenes”. Esto representa un endurecimiento de las políticas previas, en las que solo quien solicitaba el divorcio primero enfrentaba este castigo.
Un residente local afirmó que, recientemente, varias personas fueron trasladadas directamente desde un Tribunal Popular a un campo de trabajo tras oficializar su separación. Estas medidas se justifican como parte de una campaña para “erradicar el fenómeno del divorcio”, promovida por el régimen con lemas como: “Construyamos una familia armoniosa, la célula de la sociedad”.
Divorcio, pandemia y presiones sociales
La tasa de divorcios aumentó significativamente tras la pandemia de COVID-19 debido a las dificultades económicas, que exacerbaron conflictos familiares y casos de violencia doméstica. En respuesta, el régimen ha intensificado su control, castigando a funcionarios divorciados con la expulsión del Partido de los Trabajadores, lo que implica perder privilegios clave como vivienda, empleo y educación.
Además, testimonios recogidos por Radio Free Asia señalan un trato desigual entre géneros en los campos de trabajo. Una mujer denunció haber cumplido tres meses de condena junto a otras 80 internas, mientras que solo había 40 hombres en el mismo recinto, con sentencias más cortas para ellos.
Matrimonio y natalidad como pilares del régimen
En Corea del Norte, la presión para mantener la cohesión familiar se mezcla con el sistema político y los valores confucianistas, donde la baja natalidad es vista como una amenaza directa al régimen. Kim Jong-un ha pedido específicamente a las mujeres que contrarresten “la tendencia antisocialista” de no tener hijos, vinculando esta decisión a las separaciones matrimoniales.
Aunque es difícil obtener datos oficiales sobre los divorcios, una encuesta del Ministerio de Unificación de Corea del Sur entre desertores norcoreanos reveló que el 28,7% de las mujeres y el 15,2% de los hombres habían estado divorciados.
El futuro de los jóvenes y el matrimonio
Según una mujer entrevistada por Radio Free Asia, la política represiva podría tener efectos contraproducentes: “Si las autoridades continúan encarcelando a los divorciados en lugar de abordar los problemas económicos de fondo, cada vez más jóvenes renunciarán al matrimonio”.
El régimen, en su intento de mantener la cohesión social y aumentar la natalidad, parece estar fomentando un entorno de mayor control y represión, alejando a las nuevas generaciones de un modelo tradicional de vida familiar.