¿De dónde viene el síndrome de Estocolmo? Netflix te lo cuenta en la serie ‘Clark’

“Trastorno psicólogico temporal que aparece en la persona que ha sido secuestrada y que consiste en mostrarse comprensivo y benevolente con la conducta de los secuestradores e identificarse progresivamente con sus ideas, ya sea durante el secuestro o tras ser liberada”

Nos quitamos rápidamente la descripción del síndrome de Estocolmo porque la conocerás perfectamente. De hecho, es un termino propio de la psicología que se utiliza metafóricamente en muchos otros contextos, como cuando te ves atrapado en una relación tóxica personal o profesional con alguien embaucador. La pregunta que venimos a responder es… ¿de dónde viene esa expresión? ¿Por qué Estocolmo? Y lo vamos a argumentar a pachas con Netflix, que estrena una serie sobre este tema el 5 de mayo.

La serie se titula Clark. ¿Por qué? Pues ya lo respondemos todo de golpe: ese Clark es de Clark Olofsson, uno de los criminales que participó en uno de los robos más famosos de la historia: el acaecido en agosto de 1973 en el banco de Norrmalmstorg, que es una plaza de Estocolmo. Empezamos a atacar cabos. Y sus rehenes fueron los que desarrollaron ese apego hacia su secuestrador, hasta el punto de ponerse en contra de la policía y las autoridades por defender a quien les retenía.

¿Y qué pasó para que los cuatro rehenes de ese robo aparentemente violento se pusieran del lado de sus secuestradores? Para explicar eso, tal y como hace la serie de Netflix, hay que echar la vista atrás. Clark Olofsson era un delincuente habitual –y un ligón empedernido– que desde niño había tenido problemas con la policía por robos y delitos cada vez más gordos. Toda una vida de reformatorios y entradas y salidas de la cárcel (con varias fugas sonadas incluidas) mezcladas con periodos de hedonismo salvaje y conquistas amorosas. En la serie es retratado de primeras como un loco irresistible, como un tipo que reta al sistema desde la diversión y el placer, y que engaña a las mujeres desde la complicidad y la adrenalina: estar a su lado es una fiesta constante. Peligro y emoción a partes iguales. Robos, embarazos, narcotráfico, explosión hippie… Puros años 60 y 70 en el norte de Europa.

Durante una de esas estancias en prisión, ya convertido en una especie de celebridad del crimen –algo así como nuestro Dioni, pero en guaperas–, el primer ministro sueco reclama que se utilice a Olofsson para negociar con el atracador de Norrmalmstorg. Es Janne Olsson, un delincuente medio amigo, medio socio del propio Olofsson. Con su capacidad para engatusar y manipular, Olofsson consigue que lo dejen entrar en el banco para negociar desde dentro… Y lo que hace es unirse al robo.

clark, la serie de netflix sobre el síndrome de estocolmo

Bill Skarsgård y Eric Broms como Clark Olofsson y Janne Olsson en la serie de Netflix. Netflix

Durante seis días que paralizaron Suecia y medio mundo, Olofsson sedujo a los rehenes como tantísimas veces había hecho con otras personas a lo largo de su vida. ¿Cómo? Se preocupó por ellos desde el principio, se encargó de que tuvieran comida, música y diversión, desató la chispa sexual con una de las secuestradas… Y lo más importante: desde su posición de poder, les hizo ver que solo él podía ayudarlos y protegerlos para que no les pasara nada. Que el peligro no era él sino la policía. Hasta el punto de que una de las rehenes verbalizó a las autoridades que deseaba salir de allí con el botín y los secuestradores.

Esas son justo las claves que describen el síndrome de Estocolmo. La serie de Netflix aporta un matiz a tener en cuenta: digamos que Clark pudo hacer de ‘poli bueno’ de primeras porque quien los había retenido realmente era Janne Olsson, el ‘poli malo’, así que de alguna manera no era directamente el secuestrador. Es verdad que, una vez dentro, su objetivo sí era hacerse con el dinero y huir de allí con Olsson y dos de las rehenes , las más entregadas.

¿Lo consiguió? Si lo consideras spoiler no sigas leyendo…

clark, la serie de netflix sobre el síndrome de estocolmo

Netflix

Pues no. Después de esos 6 días de acoso policial y de intimidad entre atracadores y rehenes, la policía logró sacarlos usando gases lacrimógenos y aprovechando el bajón moral de todos los encerrados. Olofsson salió de ahí con un aura de héroe nacional (al fin y al cabo había cumplido su cometido, que el asalto acabara sin víctimas) y unas penas de cárcel muy asumibles. Después volvió a las andadas una y otra vez: más delitos, más hijos, más cárcel, más necesidad de fama.

De hecho, y aquí nos ponemos más en modo de crítica de series que de psicólogos aficionados, lo que busca la serie de Netflix es hacer un espejo entre el síndrome de Estocolmo, la personalidad de Olofsson y el espectador. Clark arranca con un ritmo endiablado y multicolor, con un tono canalla y cachondo como al estilo de Guy Ritchie. Sumando a la interpretación asalvajada pero bien matizada de Bill Skarsgård, consigue (o al menos intenta) que el espectador sienta una empatía instantánea ante un tío que sí, se pasa la ley por el forro, pero lo hace todo desde una libertad kamikaze contagiosa, más infantil que maligna, de alguna manera justificada por el desastre familiar que le tocó vivir de niño. No es hasta el final de la serie cuando despoja al personaje por un momento de todas esas capas de seducción y muestra la realidad desnuda: la de un manipulador incapaz de pensar en nada ni nadie que no fuera su placer y su fama.

Y de ahí se puede pasar a una lección curiosa: cuando se habla de síndrome de Estocolmo, no el sentido estricto de los rehenes sino en ese otro metafórico que mencionábamos al principio, siempre se pone el foco en la víctima que desarrolla ese apego hacia su verdugo, a menudo con una mirada prejuiciosa. Como si la víctima fuera la que se enamora porque en su interior late una especie de parafilia morbosa hacia quien peor la trata. Cuando en realidad lo que sí suele haber es un verdugo narcisista en extremo y con otros rasgos psicopáticos que ha desarrollado la capacidad para obtener lo que quiere de los demás a través de la manipulación y la seducción.

Y eso pasa en Estocolmo, en Pernambuco y en Teruel. This content is imported from YouTube. You may be able to find the same content in another format, or you may be able to find more information, at their web site. https://www.youtube.com/embed/JCC07E6ILVk?v=JCC07E6ILVk&start=0&enablejsapi=1&origin=https://www.esquire.com This content is created and maintained by a third party, and imported onto this page to help users provide their email addresses. You may be able to find more information about this and similar content at piano.io

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