Consumo en Argentina: entre los récords oficiales y el malestar de los bolsillos

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La discusión sobre el estado real del consumo en Argentina se ha convertido en uno de los principales puntos de disputa entre el Gobierno y la oposición. Mientras el presidente Javier Milei sostiene que la economía atraviesa una etapa de fuerte recuperación y que el consumo alcanzó niveles récord, distintos estudios privados muestran una realidad más compleja, marcada por salarios todavía deteriorados, una caída persistente de las ventas en supermercados y un creciente peso de los servicios sobre los ingresos familiares.

La polémica se intensificó esta semana tras la publicación de un informe de la consultora PxQ, dirigida por el economista Emmanuel Álvarez Agis, que advierte sobre una aparente contradicción entre las estadísticas oficiales y algunos indicadores concretos del mercado interno.

El presidente Milei ha defendido en reiteradas oportunidades la fortaleza del consumo. Incluso compartió en redes sociales imágenes de centros comerciales, restaurantes y tradicionales pizzerías porteñas colmadas de clientes para refutar las advertencias sobre una supuesta recesión. Según los datos oficiales, el consumo privado creció un 7,9% interanual durante 2025 y alcanzó su nivel más alto desde que existen registros comparables.

Sin embargo, detrás de ese dato aparecen elementos que relativizan el optimismo oficial. La consultora Scentia señala que el consumo masivo acumuló una caída promedio del 3,3% durante el primer cuatrimestre del año. Paralelamente, PxQ destaca que la masa salarial real continúa ubicándose un 11% por debajo del máximo registrado en 2015. Las ventas en supermercados, por su parte, permanecen un 9% por debajo de los niveles de 2023 y muestran una contracción cercana al 27% respecto de una década atrás.

Para los analistas, estas diferencias revelan que el crecimiento del consumo agregado no necesariamente implica una mejora equivalente en el bienestar de los hogares.

La explicación se encuentra en la propia metodología de medición. Desde el punto de vista económico, todo ingreso que no se destina al ahorro es considerado consumo. En consecuencia, cuando una familia debe destinar una proporción mayor de sus recursos al pago de servicios públicos, alquileres, educación o salud, el consumo total puede aumentar estadísticamente aunque su capacidad para adquirir bienes y mejorar su calidad de vida permanezca estancada o incluso retroceda.

A partir de esta observación, PxQ elaboró una medición alternativa que excluye algunos componentes que inflaron el consumo durante el último año, como los servicios públicos, el turismo en el exterior y las compras de bienes importados. Bajo esa óptica, el denominado «consumo del mercado interno» habría crecido apenas 1,4% durante 2025, muy lejos del 7,9% informado por las estadísticas generales.

La diferencia no es menor. Mientras el indicador oficial muestra una expansión vigorosa, la versión ajustada refleja una recuperación mucho más moderada y compatible con el clima de cautela que registran diversas encuestas de opinión pública.

La comparación con años anteriores también resulta reveladora. Desde 2017, las ventas en supermercados retrocedieron 16,7%, mientras que las importaciones de bienes finales crecieron 13%. Al mismo tiempo, el consumo de energía eléctrica aumentó 18,7%, un fenómeno que refleja tanto el encarecimiento tarifario como cambios en los patrones de gasto de los hogares.

En este escenario, la evolución de los salarios aparece como una variable clave para determinar si la recuperación económica podrá consolidarse. Según la consultora Synopsis, las paritarias de los principales gremios registraron durante el último mes una mejora promedio del 2,5%. De confirmarse las estimaciones privadas de inflación para mayo, ubicadas entre 2,1% y 2,5%, sería la primera vez desde mediados de 2025 que los salarios logran empatar o superar la suba de precios.

No obstante, el panorama continúa siendo desigual. En los últimos doce meses los acuerdos salariales acumularon un incremento cercano al 28%, pero todavía reflejan una pérdida de poder adquisitivo de aproximadamente 4%. Además, algunos de los sindicatos más numerosos del país acordaron aumentos inferiores a la inflación proyectada, como Empleados de Comercio y Camioneros.

A ello se suma otro factor que preocupa a los especialistas: el creciente peso de los servicios esenciales en el presupuesto familiar. Según estimaciones de Ecolatina, los gastos vinculados a tarifas, educación y salud representaban el 22% de los ingresos de los hogares a fines de 2023. En marzo de 2026 esa participación ya alcanzaba el 29,3%.

En otras palabras, una porción cada vez mayor de los ingresos se destina a gastos ineludibles, reduciendo el margen disponible para el consumo de bienes no esenciales y limitando la capacidad de recuperación del mercado interno.

Las perspectivas hacia adelante son moderadamente optimistas. La desaceleración de la inflación, una eventual mejora del salario real y la expansión del crédito podrían impulsar gradualmente el consumo durante los próximos meses. Sin embargo, los analistas coinciden en que la recuperación será lenta y heterogénea.

La economía muestra señales de reactivación, pero la discusión de fondo continúa abierta: ¿el consumo está realmente en niveles récord o las estadísticas esconden una transformación profunda en la forma en que los argentinos gastan sus ingresos? La respuesta dependerá de qué indicador se observe y, sobre todo, de lo que ocurra en los bolsillos de millones de familias que todavía no perciben con claridad los beneficios de la recuperación económica.

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