Debate y Convergencia

Competencia de Monedas y Dolarización: El Enfrentamiento entre el Gobierno de Milei y el FMI en la Antesala de Nuevas Negociaciones

En un contexto de alta volatilidad económica y de cara a nuevas negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el presidente Javier Milei y su ministro de Economía, Luis Caputo, han propuesto una transición hacia la dolarización mediante la competencia de monedas. Esta propuesta ha abierto una grieta significativa con el FMI, que ha expresado su descontento con la posible eliminación del Banco Central de Argentina, promoviendo en cambio un régimen bimonetario similar al de Perú y Uruguay.

El concepto de “competencia de monedas” ha sido utilizado tanto por el gobierno argentino como por el FMI, aunque con interpretaciones distintas. Para el FMI, la competencia de monedas implica la coexistencia de diferentes monedas, incluido el dólar estadounidense, en un sistema donde el Banco Central mantiene su independencia y se fortalece la moneda doméstica mediante políticas monetarias rigurosas y control de la inflación. En contraste, Milei y Caputo ven este concepto como un paso hacia la reducción del peso argentino y una eventual dolarización de la economía.

FILE PHOTO: A participant stands near a logo of IMF at the International Monetary Fund – World Bank Annual Meeting 2018 in Nusa Dua, Bali, Indonesia, October 12, 2018. REUTERS/Johannes P. Christo/File Photo

Las tensiones se intensificaron cuando el FMI, a través de su vocera Julie Kozack, subrayó la importancia de mantener un régimen bimonetario donde la moneda local pueda coexistir y fortalecerse junto con el dólar. Kozack señaló ejemplos exitosos en la región, como Perú y Uruguay, que han implementado sistemas bimonetarios que permitieron a sus bancos centrales manejar la inflación y promover el uso de la moneda doméstica. Este enfoque contrasta fuertemente con la visión de Milei, quien ha argumentado ante empresarios y financistas que la falta de emisión monetaria por parte del Banco Central llevará inevitablemente a una mayor preeminencia del dólar.

Caputo, navegando entre ambas posiciones, ha enfatizado que la remonetización de la economía argentina se dará a través de una mayor afluencia de dólares, con el peso convirtiéndose en un bien escaso. Según Caputo, esto se logrará eliminando la emisión de dinero para financiar el déficit y remunerar pasivos, lo cual, en su opinión, conducirá naturalmente a una economía más dolarizada.

Expertos y analistas, como Fausto Spotorno y Martín Rapetti, han señalado que el FMI busca orientar a Argentina hacia un esquema bimonetario que preserve la independencia del Banco Central y permita una política monetaria más efectiva. Esta posición es vista como una manera de evitar los problemas asociados con una dolarización unilateral, que podría limitar severamente las herramientas de política macroeconómica disponibles y dejar al país sin un prestamista de última instancia.

La experiencia de Perú, que logró salir de una hiperinflación en los años 90 mediante la implementación de un régimen bimonetario, es citada como un modelo a seguir. Sin embargo, este modelo también presenta desafíos, como la necesidad de garantizar la libre convertibilidad de la moneda, algo que podría ser complicado de implementar en el contexto actual de Argentina. Las medidas que Perú adoptó para desdolarizar su economía, como aumentar los encajes a los depósitos en dólares, son ejemplos de políticas que podrían no ser directamente transferibles a la realidad argentina.

Dentro del círculo cercano de Milei, hay quienes defienden la dolarización como un objetivo a largo plazo, argumentando que las metas fiscales y monetarias ya cumplidas por el gobierno argentino le otorgan la legitimidad para buscar un esquema alternativo al propuesto por el FMI. Aldo Abram, director ejecutivo de Libertad y Progreso, sostiene que una un

ificación cambiaria y la eliminación de las restricciones actuales permitirán a la economía argentina transitar hacia un esquema bimonetario, en el que el uso del dólar se incrementará naturalmente debido a la alta demanda de moneda dura.

A pesar de estas divergencias, el gobierno de Milei continúa abogando por su visión de competencia de monedas como un primer paso hacia la dolarización. En declaraciones recientes, Milei ha reiterado su convicción de que, al eliminar la emisión de pesos, el dólar ganará terreno, posicionando a Argentina en un camino hacia una mayor estabilidad económica. Sin embargo, esta perspectiva no es compartida por todos, incluso dentro del mismo equipo económico, lo que refleja las tensiones y debates internos sobre la dirección más adecuada para la política monetaria del país.

El FMI, por su parte, mantiene su postura de promover un régimen bimonetario como una solución más sostenible y menos riesgosa que la dolarización completa. Argumenta que mantener un Banco Central fuerte e independiente, con políticas monetarias efectivas, es crucial para controlar la inflación y fomentar la estabilidad económica a largo plazo. Esta visión es respaldada por numerosos economistas y analistas que ven en el ejemplo de Perú una hoja de ruta viable para Argentina, aunque reconocen las particularidades y desafíos únicos del contexto argentino.

En resumen, el debate sobre la competencia de monedas y la eventual dolarización de la economía argentina refleja una profunda división entre el gobierno de Milei y el FMI. Mientras el presidente y su ministro de Economía persiguen una visión que podría transformar radicalmente el sistema monetario del país, el FMI insiste en un enfoque más gradual y cauteloso, basado en la experiencia de otros países de la región. Esta disputa no solo influirá en las próximas negociaciones con el organismo internacional, sino que también tendrá implicaciones significativas para el futuro económico de Argentina y su estabilidad financiera.

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