Un informe elaborado por investigadores de la Universidad de Buenos Aires (UBA) encendió una señal de alerta sobre la realidad que atraviesan los jóvenes argentinos. El estudio concluye que el 48,9% de las personas de entre 18 y 29 años vive en condiciones de vulnerabilidad social, una situación caracterizada por la precariedad económica, la inestabilidad laboral, la exclusión educativa y un creciente deterioro de las expectativas de futuro.
La investigación, titulada «Jóvenes vulnerables en la Argentina: condiciones de vida, creencias y expectativas sobre el futuro», fue desarrollada en el marco del Proyecto de Investigación y Desarrollo en Áreas Estratégicas (PIDAE-UBA) y advierte sobre la consolidación de un núcleo cada vez más amplio de jóvenes que permanece al margen de los principales mecanismos de integración social: la educación y el empleo.
Crece el grupo de jóvenes que ya no estudia, no trabaja y tampoco busca empleo
Uno de los datos más preocupantes del informe es la evolución del fenómeno conocido como «NI-NI».
Si bien dos de cada diez jóvenes vulnerables no estudian ni trabajan, los investigadores identificaron un agravamiento de esa realidad: uno de cada tres integrantes de ese grupo dejó incluso de buscar trabajo, reflejando un fuerte proceso de desánimo y pérdida de expectativas.
Según explicó Juan Cruz Esquivel, director de la investigación, esta situación representa mucho más que una dificultad económica.
«Esta desconexión refleja una ruptura de las expectativas de progreso, donde el mercado laboral dejó de ser percibido como un espacio real de inclusión», sostuvo.
El relevamiento fue realizado entre diciembre de 2025 y enero de 2026 mediante 1.002 entrevistas presenciales a jóvenes de entre 18 y 29 años residentes en los principales centros urbanos del país.
La búsqueda laboral también se debilita
Entre quienes declararon encontrarse desempleados, que representan el 30,6% del universo analizado, solamente cuatro de cada diez habían buscado trabajo recientemente.
Para los investigadores, este dato evidencia que la exclusión ya no responde únicamente a la falta de oportunidades, sino también a una creciente sensación de que el esfuerzo por conseguir empleo resulta inútil.
Empleo precario e informal
Quienes logran insertarse en el mercado laboral tampoco encuentran condiciones favorables.
El informe muestra que la mayoría trabaja en actividades de baja calificación, principalmente en:
- comercio;
- construcción;
- tareas de cuidado;
- trabajos ocasionales o por cuenta propia.
Solo el 18,9% posee un empleo registrado —o parcialmente registrado— mientras que el 75,9% desarrolla actividades informales, realiza changas, vende productos por internet o trabaja sin ningún tipo de cobertura laboral.

Otro 5% desempeña tareas bajo el régimen de monotributo.
Según Felipe Vega Terra, director del Ciclo Básico Común de la UBA y codirector del estudio, la precariedad trasciende la formalidad laboral.
«Para el 57% de estos jóvenes los ingresos familiares no alcanzan para llegar a fin de mes», explicó.
Sin cobertura médica
La fragilidad económica también impacta sobre el acceso a la salud.
El estudio revela que el 78% de los jóvenes vulnerables carece de obra social o medicina prepaga, dependiendo exclusivamente del sistema público para recibir atención médica.
Ansiedad, depresión y consumo problemático
La investigación también advierte sobre un fuerte deterioro de la salud mental.
Entre los jóvenes encuestados:
- más del 70% manifestó sufrir nerviosismo o ansiedad de manera frecuente;
- uno de cada dos reconoció experimentar desánimo o síntomas compatibles con cuadros depresivos;
- el 30% admitió tener dificultades para controlar el consumo de alcohol, tabaco u otras sustancias.
Los especialistas observaron que estas problemáticas aparecen con mayor intensidad entre quienes poseen menores niveles educativos y mayores dificultades económicas.

La educación sigue siendo una esperanza
A pesar del contexto adverso, la investigación identifica un dato alentador.
El 85,7% de los jóvenes considera que estudiar continúa siendo la principal herramienta para mejorar su calidad de vida y acceder a mejores oportunidades.
Sin embargo, los investigadores advierten que las limitaciones económicas, la necesidad de generar ingresos y la escasez de oportunidades concretas dificultan que esa aspiración pueda transformarse en una realidad.
Una problemática estructural
El informe concluye que la vulnerabilidad juvenil ya no puede interpretarse como un fenómeno aislado o circunstancial, sino como una condición estructural que combina desigualdades materiales, exclusión laboral, dificultades educativas y problemas de salud mental.
Los investigadores sostienen que revertir esta situación requerirá políticas públicas integrales que articulen educación, empleo, salud y protección social, con el objetivo de reconstruir las expectativas de una generación que enfrenta crecientes obstáculos para desarrollar un proyecto de vida estable.

Según la UBA, el principal desafío consiste en evitar que la exclusión económica se transforme también en una pérdida definitiva de confianza en el futuro, un proceso que amenaza con profundizar las desigualdades sociales durante los próximos años.







