Las encuestas predicen pérdidas para el Partido Laborista del primer ministro Keir Starmer, mientras Reform UK, un partido antiinmigración, gana terreno y se perfila una nueva era multipartidista.
Dumbarton, una pintoresca ciudad costera junto al río Clyde, cerca de Glasgow, está representada en el Parlamento escocés por Jackie Baillie, política del Partido Laborista, desde 1999.
Los habitantes creen que esta podría ser la semana en la que eso cambie.
“He perdido totalmente la fe en todos los políticos”, dijo Willie Henderson, de 98 años, un día reciente mientras estaba sentado en una cafetería de uno de los parques de Dumbarton. “Todos llegan con buenas intenciones y luego solo se llenan los bolsillos. Viven del cuento”.
El jueves, los votantes de Escocia y Gales elegirán a los miembros de sus parlamentos nacionales, mientras que los residentes de muchas partes de Inglaterra elegirán a los miembros de los consejos locales. Henderson, quien trabajó durante 30 años en la destilería de whisky local, dijo que probablemente votaría por un candidato independiente, a pesar de que su padre era laborista de toda la vida.
“Mientras tenga cielo azul y sol, me da igual lo que hagan los políticos”, dijo.
Ese sentimiento de desafección y frustración, sobre todo hacia los políticos en ejercicio, es generalizado en el Reino Unido, según sugieren los sondeos de opinión, y probablemente alimentará un desastre electoral para el Partido Laborista del primer ministro Keir Starmer.
Para cuando se cuenten todas las papeletas el sábado, Starmer podría estar presidiendo un partido que ha caído a un lejano tercer puesto —o inferior— en miles de contiendas locales.

“Es el hundimiento total del bipartidismo tradicional”, dijo Luke Tryl, director ejecutivo de la empresa de sondeos More in Common. “Es la gente diciendo: ‘No estoy feliz con el statu quo’”.
Starmer no figura en la papeleta electoral y las elecciones generales no tendrán lugar hasta 2029. Pero como las encuestas lo sitúan como uno de los primeros ministros menos populares de la historia británica, la votación del jueves se considera un referéndum sobre su liderazgo.
En lugar de los laboristas y de su oponente tradicional, los conservadores, muchos votantes acogen a otros partidos en lo que, según los expertos, representa la mayor transformación de la política británica en una generación. Los dos mayores beneficiarios son Reform UK, el partido populista de derecha liderado por Nigel Farage, partidario de Donald Trump, y —en el otro lado del espectro político— el Partido Verde, de izquierda y favorable al medioambiente.
Los sondeos sugieren que el Partido Conservador, conocido como los Tories, seguirá perdiendo escaños tras haber caído en picada en las elecciones locales y nacionales de los últimos dos años. En algunas partes del Reino Unido, el partido dirigido en su día por la “Dama de Hierro” de la política británica, Margaret Thatcher, podría quedar cuarto o quinto, con un apoyo de un solo dígito.
“Es un rechazo fundamental a los dos partidos principales, pero no ha surgido de la nada”, dijo Jane Green, politóloga de la Universidad de Oxford. “Una pregunta es: ¿Estamos presenciando algo más profundo que un voto de protesta contra los dos partidos principales? ¿Ha pasado la gente el punto de no retorno?”.

Farage predice un aumento histórico del apoyo a su partido antiinmigración, que lidera las encuestas de opinión desde hace más de un año. Zack Polanski, un antiguo hipnoterapeuta que se convirtió en líder de los Verdes en septiembre, proclama su partido como un verdadero hogar para los liberales laboristas descontentos. Otros partidos de Escocia, Gales e Inglaterra están fragmentando aún más el electorado. (Esta semana no hay votaciones en Irlanda del Norte).
Los pronósticos son tan sombríos para Starmer que algunos rivales dentro del laborismo llevan meses tramando posibles desafíos a su liderazgo.
Tony Travers, profesor de política de la London School of Economics, dijo recientemente que dudaba de que los legisladores laboristas “llegaran a tal grado de disensión que desencadenaran una elección de liderazgo”.
Pero afirmó que si los resultados de las elecciones del jueves fueran “muy muy malos, podría desencadenar que alguien decidiera que ya no hay nada que perder”.
En Gales, ‘la gente no está contenta con los laboristas’
En Tredegar, una ciudad galesa al norte de Cardiff, un mural de uno de los héroes del Partido Laborista —Aneurin Bevan, arquitecto del NHS, el sistema de salud gratuito creado tras la Segunda Guerra Mundial— mira desde una pared no lejos de la calle donde nació.
Antes, “podías poner un burro, ponerle una escarapela roja y votarían por el burro”, dijo Melvyn Williams, obrero siderúrgico jubilado y simpatizante laborista, en referencia a los colores del Partido Laborista y a la tradicional lealtad de los votantes de esta antigua ciudad minera y siderúrgica.
Los sondeos de opinión sugieren que los votantes de Gales están dispuestos a negar a los laboristas el control del Parlamento galés, conocido como Senedd, por primera vez desde que Gales obtuvo su propia asamblea política. El partido de izquierda Plaid Cymru (pronunciado pleid kum-rii), partidario de la independencia de Gales, se disputa el primer puesto con los reformistas.
“Es una zona laborista, pero la gente no está contenta con los laboristas en este momento”, dijo Claire Markey, de 53 años, quien dirige una peluquería en Tredegar desde hace más de 18 años.
Sentado en la silla de la peluquera, mientras le cortaban el pelo, David Jones, minero jubilado de 83 años, dijo que había votado por los laboristas toda su vida. Pero esta vez apoya a Reform UK. Los candidatos laboristas, como otros políticos, “prometen el mundo y no cumplen nada”, dijo.
En su oficina de campaña en Caerphilly, Llyr Powell, principal candidato reformista de la zona, dijo: “Esta es la oportunidad de derrotar ahora al Partido Laborista y dejar nuestra impronta”. Aunque la zona tiene una población relativamente baja de nacidos en el extranjero, citó la inmigración como tema central. “La gente lo siente y lo ve de primera mano”, dijo.
Pero los dirigentes del Plaid Cymru predicen que los votantes galeses rechazarán a Reform UK.

Rhun ap Iorwerth, líder del partido, dijo que había una “profunda desilusión con el liderazgo de Keir Starmer”, pero también el reconocimiento de que el populismo de Reform UK es “una amenaza para Gales”. Delyth Jewell, candidata del Plaid Cymru, dijo que muchos votantes consideraban al partido de Farage arraigado en el sistema político inglés, no en el galés.
“Les horroriza la perspectiva de Reform UK”, dijo.
Un auge de Reform UK en Inglaterra
Los ayuntamientos ingleses son la columna vertebral del gobierno local del país: organizan la recogida de basura, gestionan las bibliotecas, rellenan baches y mucho más. Para pagar todo eso, los ayuntamientos reciben parte del dinero del gobierno central y recaudan un impuesto sobre bienes inmuebles de los residentes y las empresas.
El jueves, los votantes elegirán a los concejales de las ciudades, las parroquias rurales y los distritos de las grandes ciudades. De los 5000 escaños a elegir, 2196 están actualmente en manos de los laboristas. Las encuestas sugieren que el partido podría perder tres cuartas partes de ellos o más.
Los problemas que impulsan esas pérdidas previstas varían ampliamente.
En algunas ciudades pequeñas alejadas de Londres, la preocupación por la inmigración parece ayudar al partido de Farage.
Pero en otros lugares, incluidas zonas del centro de Londres, parece probable que el Partido Verde de Polanski se abra paso entre los votantes progresistas. Muchos están frustrados con Starmer por las políticas económicas centristas de su gobierno, su duro enfoque hacia la migración y su percibida falta de apoyo firme a los derechos de los palestinos.

Otros consejos podrían decidirse por preocupaciones sobre la policía y la seguridad. Tryl, el encuestador, afirmó que los candidatos de Reform UK hacían una intensa campaña en algunos lugares avivando el miedo a la delincuencia, aunque los datos oficiales muestran que la mayoría de las formas de delincuencia han disminuido en la última década, y la tasa de homicidios de Londres está en su nivel más bajo desde que se tienen registros.
En Escocia, el declive laborista ayuda a un partido nacionalista
Si Baillie, la parlamentaria escocesa desde hace muchos años, pierde en Dumbarton tras representar a la zona durante más de un cuarto de siglo, se pondría de manifiesto el declive de los laboristas en Escocia.
James Curry, de 60 años, trabajador social de Dumbarton, ha apoyado en el pasado al Partido Nacional Escocés, que milita por la independencia del Reino Unido y ha dirigido el Parlamento escocés durante casi 20 años. Dijo que le costaba decidir por quién votar.
“Simplemente, creo que ya han pasado su tiempo en el poder, y no sé si han cumplido sus promesas”, dijo, citando preocupaciones sobre el Servicio Nacional de Salud y la educación de Escocia.

Una cosa sí sabe: no votará por Reform UK.
“No me lo trago”, dijo Curry, en referencia a la postura antiinmigración del grupo y a los informes sobre un chiste homófobo hecho por el líder del partido en Escocia. “Creo que ellos vienen con demasiada carga”.
En Edimburgo, Lorna Jane Slater se presenta por el Partido Verde en una zona liberal de la ciudad. Cerca de la cafetería en la que se sentó para una entrevista a principios de mes había panfletos propalestinos y mensajes ecologistas.
“Suelen ser jóvenes, gente con estudios, gente que alquila, gente que no tiene carro”, dijo, al describir la zona donde vive. “Quieren un transporte público mejor. Quieren mejores carriles para bicicletas”.
El SNP ha introducido políticas populares como proporcionar a cada futura madre una “caja para bebés” con ropa y otros artículos de primera necesidad. Los estudiantes de las universidades escocesas tienen matrícula gratuita y viajan gratis en autobús.
Pero Slater dijo que el aumento del costo de la vida y el declive de la educación y la asistencia médica señalaban la necesidad de un nuevo enfoque. Y confía en que los votantes no se acerquen a los laboristas.
“El discurso de los laboristas cuando los conservadores estaban en el poder era: ‘Espera a que lleguen los laboristas y todo irá superbién’”, dijo. “Y no está superbién”.
Fuente: NYT






