Un debate inquietante empieza a tomar forma en el ámbito académico: por primera vez en décadas, una generación podría estar retrocediendo en sus capacidades cognitivas. Así lo sostiene el neurocientífico australiano Jared Cooney Horvath, quien señala a la Generación Z como la primera cohorte moderna con un desempeño inferior al de sus predecesores en pruebas estandarizadas.
El fenómeno, lejos de ser aislado, cuestiona una tendencia histórica conocida como el “efecto Flynn”, que durante el siglo XX evidenció un aumento sostenido del coeficiente intelectual entre generaciones. Según Horvath, ese ciclo habría llegado a su fin.
Durante una exposición ante el Senado de Estados Unidos, el especialista fue categórico: los jóvenes nacidos entre finales de los años noventa y principios de los 2000 no solo obtienen peores resultados académicos que sus padres, sino que además tienden a sobreestimar sus propias capacidades.
El impacto de la hiperconectividad
Uno de los factores centrales detrás de este retroceso sería la relación intensiva con la tecnología. La exposición constante a pantallas estaría afectando funciones clave como la atención, la memoria, la comprensión lectora y la capacidad de resolución de problemas.
El diagnóstico es claro: gran parte del tiempo de vigilia de los adolescentes transcurre frente a dispositivos digitales, lo que favorece un consumo superficial de información en detrimento del aprendizaje profundo.
Horvath advierte que el cerebro humano está diseñado para aprender a través de la interacción social y la concentración sostenida, no mediante la fragmentación constante de estímulos que proponen las plataformas digitales.
Escritura a mano y comprensión: habilidades en retroceso
Otro síntoma del cambio es la pérdida de habilidades vinculadas a la escritura manual. Un porcentaje significativo de jóvenes presenta dificultades para escribir con fluidez, algo que trasciende lo estético.
Diversos estudios muestran que escribir a mano activa áreas del cerebro asociadas a la memoria y la comprensión, promoviendo un aprendizaje más sólido. La sustitución por teclados y pantallas estaría debilitando ese proceso.
Ante este escenario, algunos países comenzaron a revisar sus políticas educativas. En sistemas avanzados como el de Suecia, por ejemplo, se está limitando el uso de computadoras en las aulas para recuperar métodos tradicionales de enseñanza.
Un desafío para la educación del futuro
La advertencia no implica demonizar la tecnología, sino repensar su uso. El desafío pasa por encontrar un equilibrio entre las herramientas digitales y los procesos cognitivos fundamentales.
La Generación Z, criada en un entorno hiperconectado, presenta fortalezas en adaptación tecnológica y acceso a la información, pero enfrenta riesgos en áreas esenciales del desarrollo intelectual.
El diagnóstico abre un interrogante de fondo: cómo educar a una generación que, pese a tener más información que nunca, podría estar perdiendo la capacidad de procesarla en profundidad.







