Un grupo de entidades financieras comenzó a contactar a clientes con más de 90 días de atraso en sus pagos para ofrecerles la renegociación de sus créditos, en un intento por contener el fuerte deterioro en la cadena de cobros.
La iniciativa, aún manejada con bajo perfil, apunta principalmente a préstamos personales de corto plazo, especialmente aquellos destinados al consumo. En muchos casos, los deudores dejaron de cumplir con sus obligaciones poco tiempo después de haber tomado el crédito, ya sea por caída de ingresos o pérdida de empleo.
Desde el sector reconocen que el objetivo es alcanzar acuerdos viables que permitan recomponer los pagos. Las propuestas incluyen extensión de plazos y, en algunos casos, una reducción del costo financiero, en función de la capacidad de cada cliente.
El trasfondo es un problema que ya se volvió sistémico. La morosidad en los créditos a familias alcanzó el 11,2% en febrero, el nivel más alto en dos décadas y con 16 meses consecutivos de suba. El fenómeno atraviesa a casi todo el sistema financiero y también impacta con mayor fuerza en entidades no bancarias, donde el incumplimiento roza el 30%.
El escenario se agrava por el elevado costo del financiamiento. Las tasas de los préstamos personales se mantienen en niveles cercanos al 70% nominal anual, con costos efectivos que pueden superar ampliamente el 100% e incluso el 250% en algunos casos. Esta dinámica genera un círculo vicioso: a mayor mora, mayor riesgo, y por lo tanto, tasas más altas.
En los bancos señalan que la normalización llevará tiempo y dependerá de una mayor estabilidad macroeconómica, en particular de la política monetaria del Banco Central de la República Argentina y de la evolución de la actividad económica.
En paralelo, el Congreso comienza a debatir alternativas. Un proyecto impulsado por el diputado Roberto Santiago propone un régimen extraordinario para reestructurar deudas familiares, con mecanismos de refinanciación y posibles quitas parciales.
Con ingresos reales deteriorados y crédito caro, los hogares enfrentan una presión creciente. La renegociación aparece, por ahora, como una salida transitoria en un sistema que busca evitar un deterioro aún mayor.







