En medio de la devastación que dejó la guerra en la Franja de Gaza, una de las pocas voces que puede relatar lo que ocurre dentro del enclave es la del sacerdote argentino Gabriel Romanelli, párroco de la Iglesia de la Sagrada Familia, el único templo católico del territorio palestino.
Desde allí, donde durante los momentos más intensos del conflicto se refugiaron más de quinientas personas, Romanelli describe un panorama humanitario crítico y marcado por la incertidumbre. El religioso advierte que, aunque la intensidad de los bombardeos se redujo tras una tregua alcanzada meses atrás, la situación en la franja continúa siendo dramática.
“La Franja de Gaza está triturada y hace falta absolutamente de todo”, señaló el sacerdote en diálogo telefónico desde el enclave. El religioso también expresó su preocupación por la posibilidad de que el conflicto vuelva a escalar, especialmente en un contexto regional cada vez más tenso.
El temor está vinculado a los enfrentamientos y tensiones en Medio Oriente, que incluyen la confrontación entre Israel y Irán, así como la situación en Líbano. Según Romanelli, un nuevo episodio de violencia podría reactivar el conflicto en la ya devastada Franja de Gaza.
Una población que intenta sobrevivir
El sacerdote explica que la población, estimada en más de 2,3 millones de personas, se vio obligada a adaptarse a una vida marcada por la guerra. “Aunque es difícil acostumbrarse, la gente termina habituándose a convivir con el conflicto”, señala.
Desde el ataque de Hamas contra Israel el 7 de octubre de 2023 y la posterior ofensiva militar israelí, gran parte de la infraestructura del enclave quedó destruida. Romanelli explica que el sistema eléctrico dejó de funcionar desde el inicio del conflicto y que la electricidad se genera de manera improvisada.
En muchos casos, los habitantes producen energía utilizando pequeños generadores alimentados con diésel, combustible reciclado o incluso mezclas elaboradas con aceite usado de cocina o materiales plásticos.
El sistema de agua también colapsó. Aunque en algunos barrios llega un suministro limitado desde la red municipal, el agua no es potable. Como consecuencia, miles de personas deben hacer largas filas durante horas para llenar bidones con agua segura para el consumo.
Emergencia sanitaria
La crisis sanitaria es otro de los problemas más graves. Según el sacerdote, miles de heridos y enfermos necesitan tratamientos médicos que no pueden recibir dentro de Gaza.
Muchos de ellos esperan la posibilidad de cruzar la frontera hacia Egipto a través del paso de Rafah para recibir atención médica especializada. Sin embargo, los movimientos de pacientes han sido limitados y dependen de condiciones políticas y de seguridad que cambian constantemente.
De acuerdo con datos de Naciones Unidas, unas 18.500 personas requieren atención médica urgente que no está disponible en el territorio. Además, los monitoreos nutricionales indican que miles de niños presentan cuadros de malnutrición moderada o severa.
La situación se agravó recientemente cuando el conflicto regional provocó el cierre temporal del paso de Karem Shalom, una de las principales vías de ingreso de ayuda humanitaria.
Un refugio que intenta recuperar la esperanza
En la parroquia de la Iglesia de la Sagrada Familia, donde aún viven alrededor de cien personas refugiadas, el sacerdote intenta mantener algunos espacios de contención para la comunidad.
El complejo comenzó a funcionar también como escuela, abierta tanto a niños cristianos como musulmanes. La iniciativa busca ofrecer cierta normalidad en un territorio donde muchas escuelas quedaron destruidas, cerradas o convertidas en refugios para desplazados.
Romanelli explica que, además de la asistencia material, uno de los principales desafíos es la recuperación emocional de la población, especialmente de los niños y jóvenes.
“Las heridas de la guerra van a tardar años en sanar”, afirma. Por eso, en la parroquia organizan actividades de apoyo psicológico y comunitario para ayudar a las familias a enfrentar las consecuencias del conflicto.
Esperanza en medio de la devastación
A pesar del contexto extremadamente difícil, el sacerdote insiste en que es necesario mantener gestos de esperanza y humanidad en medio de la crisis.
“Tratamos de dar a las familias al menos un momento de normalidad, sobre todo a los jóvenes y a los niños, para que puedan empezar a sanar”, sostiene.
Mientras la región atraviesa nuevas tensiones, Romanelli concluye con un deseo que comparte buena parte de la población de Gaza: que la guerra llegue a su fin y que se abran caminos reales hacia la paz, la justicia y la reconciliación entre palestinos e israelíes.







