Cuba sin turistas: la crisis que vacía las calles y asfixia a la economía cotidiana

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La crisis del turismo en Cuba dejó de ser una estadística para convertirse en una escena cotidiana que se repite a lo largo de la isla. Calles antes colmadas de visitantes hoy muestran un movimiento escaso, restaurantes con mesas vacías y trabajadores que esperan, sin éxito, la llegada de clientes que ya no llegan. En los últimos años, el desplome del principal motor económico del país profundizó una situación social ya frágil y expuso, una vez más, las debilidades estructurales del modelo cubano.

Las cifras reflejan con claridad la magnitud del retroceso. Entre enero y noviembre de 2025 arribaron a Cuba 2,3 millones de turistas, muy lejos de los 4,8 millones registrados en 2018 y de los 4,2 millones de 2019, antes del impacto de la pandemia. La caída no responde a una sola causa: al golpe inicial del COVID-19 se sumaron los apagones recurrentes, el deterioro de los servicios básicos y el endurecimiento de las sanciones económicas de Estados Unidos.

Del auge a la parálisis

Durante casi dos décadas, el turismo fue el principal sostén financiero de la isla. Generaba hasta 3.000 millones de dólares anuales, impulsaba el empleo y mantenía con vida a miles de pequeños emprendimientos privados. Restaurantes llenos, paseos costeros animados y una actividad constante en hoteles y transportes turísticos formaban parte del paisaje habitual de La Habana y otros polos turísticos.

Hoy, ese escenario parece pertenecer a otro tiempo. El malecón habanero luce desierto durante buena parte del día y los restaurantes frente al mar apenas reciben algunos comensales aislados. Los empleados esperan sentados, observando cómo los manteles de mesas vacías se mueven con el viento, en una imagen que resume el estado actual del sector.

La crisis vista desde abajo

Para quienes viven del turismo informal, la caída de visitantes se traduce en una lucha diaria por la subsistencia. Rosbel Figueredo Ricardo, de 30 años, vende chiviricos —una fritura típica— en las calles. Antes solía colocar unas 150 bolsas por día; ahora carga apenas 50 y muchas veces vuelve a su casa sin vender ninguna. Padre de tres hijos y con otro en camino, resume la situación con crudeza: “Esto es el diario, esto se vive para comer”.

El impacto también se siente en el transporte turístico. Gaspar Biart, conductor de autobuses panorámicos de dos pisos, recuerda que hasta hace poco ocho unidades recorrían la ciudad tres veces al día. Hoy apenas circulan cuatro, y la mayoría lo hace casi vacía. “El cambio es inmenso”, asegura. Atribuye parte del derrumbe a las medidas adoptadas por Estados Unidos durante la presidencia de Donald Trump, como la prohibición de los cruceros en 2019, que privó a la isla de una importante fuente de visitantes.

Para Biart, no hay dudas: el turismo es el motor de la economía cubana y cuando se detiene, el impacto se extiende a todos los sectores, desde el transporte hasta la gastronomía y el comercio informal.

Competencia feroz y tarifas a la baja

La escasez de turistas intensificó la competencia entre los conductores de autos clásicos, uno de los símbolos del turismo cubano. Aldama, chofer en el centro de La Habana, cuenta que antes trabajaba hasta las nueve de la noche. Hoy, con suerte, transporta a uno o dos turistas por día.

La necesidad lo obligó a reducir drásticamente sus tarifas: de los 50 dólares que cobraba por un recorrido pasó a pedir 25, e incluso 20 si el cliente insiste. “Es eso o nada”, explica, reflejando una lógica que se repite en todo el sector.

Sanciones, energía y aislamiento

El derrumbe del turismo golpea con mayor fuerza debido al contexto internacional adverso. Según datos oficiales, las sanciones estadounidenses privaron a Cuba de casi 8.000 millones de dólares en ingresos entre marzo de 2024 y febrero de 2025, una pérdida cercana al 50% más que en el período anterior.

A esto se suma la interrupción del suministro de petróleo desde Venezuela, tras las recientes tensiones políticas y la detención del dictador Nicolás Maduro, un factor que agravó los apagones y la crisis energética en la isla. En este escenario, el futuro económico se vuelve aún más incierto y crecen las preguntas sobre un posible apoyo de aliados como China o Rusia, aunque por ahora no hay señales concretas de un auxilio capaz de revertir la situación.

La mirada de los visitantes

Entre los pocos turistas que aún llegan, las percepciones son variadas. Vincent Seigi, visitante ruso, describió un ambiente caótico, con una economía estancada y problemas básicos como la falta de conectividad móvil. Observó además la desesperación de muchos cubanos por vender productos o servicios a cualquier visitante extranjero. Sobre la posibilidad de ayuda desde su país, fue escéptico: “Rusia solo puede ofrecer apoyo retórico”, señaló.

En contraste, la brasileña Gloraci Passos de Carvalho, maestra, expresó curiosidad por el sistema político y educativo cubano y destacó la resiliencia de la población. “Es una lección para la gente, sobrevivir con menos”, afirmó, resaltando la capacidad de adaptación de los cubanos frente a la escasez.

Un futuro abierto

Mientras tanto, la vida diaria en Cuba continúa marcada por la incertidumbre. El turismo, que durante años funcionó como válvula de escape económico, ya no alcanza para sostener a una población golpeada por la inflación, los apagones y la falta de oportunidades.

La pregunta que sobrevuela la isla es si esta crisis representa un bache coyuntural o el síntoma de un deterioro más profundo. Por ahora, las calles vacías y los trabajadores que esperan sin clientes ofrecen una respuesta inquietante: el motor turístico de Cuba se está apagando, y con él, una de las pocas fuentes de alivio económico que le quedaban al país.

(Con información de AP)

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